Yucatán hacia el bicentenario de la Independencia


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1. Decalogo de propuestas.

2. El separatismo de Yucatán.

3. Gonzalo Guerrero, padre del mestizaje de México.

4. Revolución Mexicana en Yucatán, repercusiones.

5. Historia de Yucatán de 1840 a 1846

6. Mérida hacia el bicentenario

7. Zachary Taylor: segundo conquistador de México

 

Decálogo de propuestas para el Bicentenario del inicio de la

Independencia de los Estados Unidos mexicanos.

 

1.-Cambiar el nombre de la republica, en lugar de “Estados Unidos Mexicanos” seria Republica de América del Norte y Mesoamérica o Republica del Anáhuac.

La palabra México, se deriva de la etnia dominante a la llegada de los españoles, las etnias son numerosas cabe mencionar a los mixtecas, zapotecas, mayas, totonacas, yaquis por mencionar a alguna de ellas.

 

Principales grupos indígenas de México

Grupo

Población

Náhuatl

2.445.969

Maya

1.475.575

Zapoteco

777.253

Mixteco

726.601

Otomí

646.875

Totonaca

411.266

Tzotzil

406.962

Tzeltal

384.074

Mazahua

326.660

Mazateco

305.836

 

 

2.-Celebrar la Independencia el 27 de septiembre de acuerdo a la Entrada a la ciudad de México por el ejercito Trigarante.

3.-Reconocer a José de Iturbide como su primer Presidente o en su defecto a Guadalupe Victoria primer presidente constitucional de México.

4.-Cambiar el día festivo del 15 de septiembre al 27 del mismo mes.

5.-Poner a media asta los días 13 de agosto y 13 de septiembre, La primera toma de la ciudad de México y como la segunda.

6.-Que el nombre de México se prununcie correctamente o sea Mescico, en náhuatl la letra x suena como la letra J . Ya que en debates de la Real Academia Española, los representantes de México, no aceptan la versión hispánica de escribir México con J.

7.-Que se actualice la ley del escudo, bandera e himno nacional en el artículo 2°.del escudo nacional.

8.-Que sean retiradas las coronas en los escudos de estados y municipio que aun la porten.

Por que la corona es símbolo de las monarquías.

9.-Que el sistema de educación sea de 10 meses de1° septiembre a 30 de junio y el mes de julio sea dedicado a cursos de ecología, obligatorio.

10.-Para la mejoría económica, que la Suprema Corte de Justicia suprima del sistema del actual en el cuerpo legislativo, con la supresión de los diputados, senadores llamados , por ser un pleonasmo jurídico y ser anticonstitucional, ya que dichos cargos (diputados y senadores) son representantes del pueblo y los plurinominales son otorgados a los partidos tanto ganadores como a perdedores y en los Estados a los diputados también plurinominales, NO la de los regidores, por ser el Ayuntamiento la célula o el núcleo democrático. . Asi como la unificación del Sector Salud.

 


 

 

El separatismo de Yucatán

 

EL SEPARATISMO DE YUCATÁN

 

El contenido de este artículo, producto de una entrevista, trata a fondo el tan debatido “separatismo yucateco”, que ha dado lugar a conceptos como el de “la hermana República”, y explica la realidad de este infundio. También aclara el conocido calificativo “la blanca Mérida”, y nos descubre su verdadero origen.

 

El concepto de separatismo es un concepto peyorativo impropio, históricamente hablando, con relación a Yucatán. Separatismo es que se hubiera separado a la mala y creado su propia República, pero no fue así. En realidad se trata de un soberanismo porque esta entidad lo que hacía, cuando se separaba de la República Mexicana , era ejercer la soberanía que le otorgaba tanto la Constitución Federal como la propia del estado, en defensa de este mismo federalismo.

 

1821

Al independizarse México de España, Yucatán era una provincia que políticamente dependía del virreinato de la Nueva España. Pero por las distancias y las malas comunicaciones, en los casi 300 años de la colonia a los gobernadores de Yucatán les había sido más fácil comunicarse con España, vía Cuba, que con el Virrey en México. Esto creó una cultura y un statu quo muy propios y Yucatán no se sentía parte del virreinato. Por eso la independencia aquí se palpó diferente. Y se dio en toda la América española, porque era la moda, las ideas de la ilustración, la Revolución Francesa...

En Sudamérica fue elitista, los criollos manejaron todo sin el pueblo. Bolívar, San Martín, Sucre eran criollos, hijos de españoles nacidos en América, y sólo manejaron conceptos criollos.

En Yucatán el movimiento fue más similar al de Sudamérica que al de México, porque también lo manejaron criollos: los Sanjuanistas y todos los demás. No hubo violencia, no hubo guerra, no hubo nada.

Pero los criollos mexicanos sí involucraron al pueblo y éste intentó una guerra de castas muy violenta contra los españoles. Es el caso de Hidalgo y de Morelos, que fracasaron, y a final de cuentas tuvieron que retomar el camino general, una independencia de criollos, por criollos, para criollos: el movimiento de Agustín de Iturbide.

Con la independencia, Iturbide invita a las provincias lejanas a adherirse al Plan de Iguala, basado en la unión, la religión y la independencia. Promete un nuevo Gran Imperio Mexicano, en menos de 20 años.

El último gobernante de Yucatán, José María Echeverri, recibe esta invitación y convoca a las fuerzas vivas de Mérida, porque sólo ésta ciudad contaba en Yucatán en donde se dio un centralismo a ultranza. El 15 de septiembre de 1821 el Cabildo se adhiere al Plan de Iguala y Yucatán voluntaria y pacíficamente se incorpore al Imperio Mexicano, rompe con España y empieza nuestra independencia.


Estado sólo hay uno

Pero el imperio de Iturbide duró menos de un año. Al caer se establece un nuevo sistema no imperial: la República Federal y se crea una Constitución Federal que al referirse a las “provincias” les da categoría de “entidades federativas o estados. Y en esto hay una confusión básica que tiene que ver con el mal llamado separatismo de Yucatán”. Porque esta Constitución llama “estados” a las entidades federativas y ya no “provincias”. Y según la Teoría General del Estado, a nivel universal, el único “Estado” debe ser el “Estado Nacional”.

La Constitución de 1824 cae en el error de referirse a “Estados de la República Mexicana , libres y soberanos…”.

O sea, a las entidades federativas les da la misma jerarquía que al Estado Nacional. Un error que sigue hasta hoy. Y al ser soberanos, los estados podían hacer tratos con otros países y no depender de un presidente de la República.

Así se firmó la Constitución de 1824 y se pidió a los estados hicieran la propia antes de 5 años. Yucatán redacta la suya en 1925 ( 1 ), copia de la Federal del 24 porque, además, en el estado no habían abogados.


Enfoque histórico-político

De 1824 a 1876 México vivió una inestabilidad política espantosa. José Vasconcelos en 1922 escribió que fue “un milagro que México haya subsistido como nación” porque vivió una anarquía tremenda durante esos años, invasiones de Francia y de Estados Unidos, guerras intestinas por todos lados, amenazas de separaciones de Jalisco, de Chiapas y de
Zacatecas, y las de Texas ( 2) y de Yucatán.

O sea, México estuvo a punto de desbaratarse y desaparecer en más de una ocasión porque nadie entendía nada y todo era guerra, guerra, guerra y más guerra.

 

El separatismo yucateco

Yucatán siempre había tenido una economía fuerte, en un clima de paz. Los españoles habían logrado hacer producir “hasta a las rocas” y fomentado un buen comercio con Cuba. Y nunca había vivido una inestabilidad política tan grande. Se da cuenta de que estaba mejor con España.

Entonces, haciendo uso de la soberanía que le otorgaba la Constitución Federal de 1824 y la local de 1825, Yucatán decide por primera vez retirarse del Pacto Federal. Simplemente dijo “no me gusta, tengo la soberanía de decidir y me voy”, con la ley en la mano.

El presidente Vicente Guerrero para arreglar la situación envió a su Secretario de Hacienda, el yucateco Lorenzo de Zavala. ( 3 ) Pero la inestabilidad política en el viaje cae Guerrero y Zavala se queda sin representar a nadie, por lo que lo desdeñan, y al quedarse sin chamba se va a vivir a Europa.

El nuevo presidente, Anastasio Bustamante, promete, promete y promete y ante estas promesas Yucatán vuelve a unirse. Pero la inestabilidad política continuaba y esto hacía que Yucatán, con mucha frecuencia, se separara en uso de su “soberanía constitucional”,
por lo tanto no era de hecho o por capricho sino en ejercicio de un derecho.

Es en los períodos de Antonio López de Santa Anna cuando Yucatán más ejerce este derecho soberano y es que el general coqueteaba con el federalismo y con el centralismo. Santa Anna iba y venía de un lado a otro y Yucatán no quería nada con el centralismo porque no quería que México lo fiscalizara. Así cuando el gobierno federal giraba al centralismo, Yucatán se separaba, y cuando volvía el federalismo, se reintegraba. ¿Y cada cuando era esto? Cada vez que se le ocurría al general Santa Anna: un día sí y otro no.

Así estuvo Yucatán hasta fines de la década de los 30, del siglo XIX. Para 1839 las cosas ya estaban terribles en México. Se había perdido Texas, la invasión francesa había originado la famosa Guerra de los Pasteles y, obviamente, López de Santa Anna para cubrir los gastos empezó a subir impuestos por todos lados, entre ellos a Yucatán que era en ese entonces uno de los estados más ricos.


La República Yucateca

Desde que Yucatán logró su independencia
de España en 1821, todos sus gobernantes fueron campechanos, excepto Segundo
Carvajal que era del centro de la República. Eran políticos muy importantes: Santiago
Méndez, Justo Sierra O' Reilly, Miguel Barbachano, Joaquín Baranda y otros más. Fue así porque Yucatán abarcaba toda la península.

El primer gobernante nacido en Mérida fue Pantaleón Barrera, quien en 1857 venció en las elecciones al abogado campechano Pablo García. Este no aceptó su derrota, armó un relajo en la Ciudad de Campeche y es cuando se erigieron la ciudad y el Estado de Campeche. ( 4 )

En 1839-1840 el gobernador era Santiago Méndez, por cierto suegro de Justo Sierra O'Reilly. El monumento de éste está en el Paseo de Montejo ( 5 ) y está allá por razones muy interesantes.

Entonces los políticos yucatecos deciden que ya no se podía seguir más con México, había que tomar una decisión definitiva, total, completa. Hasta entonces Yucatán sólo se separaba de hecho, de palabra, pero nunca en cuanto a derecho, y no había mayores consecuencias.

Santiago Méndez, personaje muy inteligente, Barbachano y sobre todo Justo Sierra, personaje con ideas jurídicas avanzadas, y además con la colaboración de Manuel Crecensio Rejón, otro yucateco-campechano, deciden definitivamente crear un documento en donde fundamentan la soberanía de Yucatán.

Así, crean la República Yucateca y levantan toda un acta en donde Yucatán se erige, con base en la “Constitución de 1824, traicionada por el gobierno mexicano, y en la yucateca de 1825” , en un Estado Nacional, soberano, libre e independiente, con el nombre de República Independiente de Yucatán, con una bandera con 5 estrellas que simbolizaban a Mérida, Campeche, Valladolid, Ticul y las islas de Cozumel e Isla Mujeres, sin ocupar, pero pertenecientes a la Península. El 6 de marzo de 1841 se iza en el Palacio Municipal, porque el Palacio de Gobierno era de un solo piso y en esa época la importancia recaía en la autoridad municipal.

Para muchos autores y por los testimonios que se conocen, al parecer fue el único día que se izó. ( 6 )

Al día siguiente Santa Anna toma cartas en el asunto. Trata de llevar las cosas por las buenas, sin pelearse. Envía a un representante. Algo así como lo que hoy sería un Secretario de Relaciones Exteriores para hablar aquí con su similar. Dicen que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo, y Santa Anna decide mandar a un viejo yucateco que era su secretario, Andrés Quintana Roo, quien viene sólo a hacer un papelazo terrible.

Andrés Quintana Roo es un personaje que la historia nacional ha alabado mucho, pero en la local no es bien recordado. Su papel fue penoso. En palabras actuales era el típico yuca-huach.( 7 ) Desde los 12 ó 13 años su papá, don José Matías Quintana un antiguo sanjuanista, lo mandó a México a estudiar al Colegio de Jurisprudencia. De yucateco sólo tenía su fe de bautizo. Ya era un hombre grande, más bien viejo, burócrata toda su vida y ya semi retirado, viudo de Leona Vicario vivía con sus dos hijas.

 

Respuesta militar

Santa Anna lo manda para que trate con Yucatán. El asunto era “no vamos a pelearnos, somos hermanos”. Santiago Méndez nombra, para llegar a un arreglo, a su yerno Justo Sierra O'Reilly. La entrevista es en el antiguo y abandonado edificio jesuita, ahora edificio central de la UADY. Corría el año de 1842.

Una semana de pláticas y Quintana Roo se va con las propuestas yucatecas. Había algunas que no se podían cumplir: Yucatán quería sus propios ejército y comercio, no pagaría alcabalas, etc. “Yucatán era muy feliz como República independiente” y nada quería con México.

A Santa Anna, como era de esperarse, no le parece, ve y nota la prepotencia de los yucatecos. Y dice: “No me va a pasar lo que me pasó en Texas, si Yucatán quiere guerra, guerra tendrá”. Nombra al militar López de Llergo para invadir militarmente a la Península , tomar Mérida, fusilar a Santiago Méndez y compañía y anexar por la fuerza a Yucatán a la República Mexicana. Santa Anna arma un ejército de 5,000 ó 6,000 efectivos, algunos hablan hasta de 10,000. Se embarcan en Veracruz para desembarcar en Campeche y Sisal, y copar Mérida.

Cuando se sabe la noticia, Santiago Méndez promueve y fomenta el fanatismo, el patrioterismo, entre la multitud sobre todo entre las clases acomodadas y jóvenes, que en ese entonces su único estímulo real y efectivo era la guerra. Hay respuesta inmediata, las personas se alistan voluntariamente. A nadie forzaron, como falsamente apuntan algunos libros de Historia de México. Se formó el ejército yucateco para defenderse de la “artera invasión extranjera mexicana para quitarnos nuestra independencia tan penosamente lograda...” y se armó con las pocas y antiguas armas dejadas por los españoles.


La batalla

El general Santiago Imán, ilustre yucateco, es nombrado para defender a Yucatán. La estrategia era esperar a los invasores en las garitas de la ciudad (ver
plano),
al noreste de Mérida, un lugar ahora en ruinas entre el noreste de Pacabtún y el Periférico. Optaron por ese lugar porque el ejército yucateco era muy pequeño y esperarían a que las tropas federales llegaran cansadas y desgastadas para atacarlas.

Como era de esperarse, el ejército mexicano mejor preparado y acostumbrado a la guerra comenzó a dominar. Imán inmediatamente envió comunicados a Mérida. En la Plaza Grande se reunió la población asustada, pendiente de las noticias y de los chismes. En Mérida siempre a habido mucho chismoso, de toda la vida. Y entre chismes y noticias se decía que el ejército yucateco perdía y que, de seguir así, en menos de una semana los mexicanos tomarían Mérida.


La “blanca Mérida”

Durante los 300 años de la colonia, sin contar con el movimiento de Hidalgo, sólo hubo 3 levantamientos indígenas. Demasiado pocos, porque una de dos: o los indios, dentro de lo que cabe, vivían bien paternalistamente tratados o, de plano, estaban aterrorizados, lo cual parece lo más probable.

En cualquiera de los casos, en Yucatán se dio uno de los tres: el de Jacinto de los Santos Canek en 1761. ( 8 ) De toda la Nueva España , en Yucatán fue donde más mal se les trató.

Después de este levantamiento los españoles cerraron filas, y los indios comenzaron a ser tratados con mayor dureza. Por eso a Mérida no podían entrar los indios mayas. Y de este hecho le viene lo de “la blanca Mérida”. Nada de que porque estaba muy limpia o pintada de blanco, no, Mérida era “la ciudad blanca” porque en ella sólo podían vivir los blancos, era una “ciudad de blancos”, no podían entrar los indios. Estos vivían en la periferia, fuera de los límites de “la ciudad blanca”.

El barrio de Santiago, específicamente, era el de los indios mayas. El de San Cristóbal, el de los aztecas, descendientes de los que Hernán Cortés le dio a Montejo para ayudarlo en la conquista. Todos vivían relegados. Pero a pesar de todo y ante esta situación, el gobernador Santiago Méndez decide pedir la ayuda de los indios mayas.

Había que llamarlos para la defensa de la ciudad, porque, además, eran muchos, eran los únicos que conocían perfectamente el terreno, se habían distinguido en las dos batallas históricas que la mente yucateca recordaba, la conquista y el levantamiento de Canek, habían demostrado una crueldad gruesísima y manejaban el machete a la perfección como hasta hoy.

La blanca Mérida”
A principios de la era independiente a Mérida le comenzaron a decir la “blanca Mérida” o ciudad blanca”. Pero no por limpia o por estar pintada de blanco, no, sino porque era una ciudad de blancos”, los indios no podían entrar a ella.

 

Entonces, el gobernador los llama y les promete lo que no tenían: libertad.

El indio maya era esclavo y lo fue hasta principios del siglo pasado. La esclavitud formal se acabó en Yucatán con el general Salvador Alvarado, en 1915. Jurídicamente hablando, no había un documento que hablara de la condición y de la esclavitud de los indios, pero la independencia de México ( 9 ) no los benefició porque no les dieron la libertad, de hecho, hasta 100 años después.
Entonces Méndez se las promete y el indio maya, bueno de corazón, lo cree. Les venden la idea de que los mexicanos los esclavizarían. Pero los mexicanos no venían en ese plan.

 

La voltereta

Hace unos 3 meses leí unos documentos en el Archivo General de la Nación. Uno de ellos era una carta del general López de Llergo a Santa Anna. Le informaba que ya avistaba las torres de la Catedral de Mérida. El ejército mexicano arrollaba al yucateco y ya estaban en terrenos de lo que ahora es la Facultad de Derecho de la UADY. Por lo tanto, agregaba a Santa Anna, “mi siguiente carta se la voy a escribir cenando en el Palacio de Gobierno de Mérida”. Pero llegaron los mayas, por todos lados, en apoyo de Imán y su ejército y le dieron la voltereta a la situación. Le dieron una paliza al ejército mexicano, una palizota tremenda que obligó al general López de Llergo a “tocar a retirada'

A Santa Anna no le quedó más remedio que reconocer los hechos. Además empezaba ya la bronca con los Estados Unidos, en 1842-1843. Ya demasiado desgastado, no le quedó más remedio que aceptar la independencia de Yucatán.

Uno de esos documentos en el Archivo General de la Nación relata que, después del triunfo, Santiago Méndez permitió a los mayas entrar a la ciudad de Mérida. Muy contentos entraron en desfile, la gente los aplaudió y les dieron medallas, ( 10 ) eran los héroes. En los periódicos de la época salieron sus nombres. No sabían leer, pero bastaba que alguien les dijera “éste es tu nombre” para que se sintieran muy orgullosos. Les dieron de recuerdo los rifles y nadie se imaginó que los utilizarían poco después en Guerra de Castas. ( 11) Les dieron el clásico “atole con el dedo”. Y de la libertad y de las promesas..., pues bien, gracias...

Después de varios días en Mérida, como turistas recibiendo souvenir, los mayas volvieron a sus pueblitos tan esclavos como siempre.

 

La Guerra de Castas

Los indios se sintieron engañados “una vez más” y en 1847
decidieron acabar con los dzules, los blancos, y “desaparecer a
Mérida”. Y estalló la Guerra de Castas. ( 12)

Esto dio al traste con las ideas independentistas-soberanistas. Al no poder con los indios y al agotarse sus recursos económicos y físicos, a Yucatán no le quedó más remedio que venderse al mejor postor para defender del extermino a la “raza blanca”.

Entonces envían a Justo Sierra O'Reilly al extranjero. Por eso pasa mal a la historia. Ofreció Yucatán a España y ésta no aceptó. Y es cuando viaja a Washington, su famoso viaje a Estados Unidos.

Lo malo es que hay un documento que relata las circunstancias: cuando llega, Estados Unidos estaba invadiendo México y declara el “apoyo incondicional de Yucatán a Estados Unidos, contra México”.

Esta declaración le costó mucho a Sierra O'Reilly, tanto que por eso su estatua esta aquí “desterrada” en el Paseo de Montejo, en la glorieta donde entronca la Av. Pérez Ponce.

Su estatua la mandó construir Porfirio Díaz cuando decidió poner en el Paseo de la Reforma , de la Ciudad de México, estatuas de los personajes ilustres de cada estado. Pero cuado se estudia a fondo cada caso, surge lo de la declaratoria en Washington. Pero Díaz era muy amigo de Justo Sierra Méndez. hijo de Justo Sierra O'Reilly, y se sintió comprometido.
Lo que hizo don Porfirio, un tipo con un colmillote que arrastraba, fue llamar a Sierra Méndez y decirle que la estatua de su padre iba a pasar inadvertida entre esa “selva de bronce que iba a ponerse en Reforma y que “mejor la inaugurare en la mejor avenida de Mérida”. No sabemos si Justo Sierra hijo lo creyó o no lo creyó, el caso es que la estatua vino a Mérida y la inauguró en 1905. Por eso “está donde está” (fotos abajo).

 

 

 

La época de quemas

Nadie apoyó a Yucatán en su enfrentamiento con los indios mayas ya que habían hecho un cordón que rodeaba Mérida y estaban listos para atacarla y destruirla, desaparecerla, en
1848. Pero llegó marzo y con él la “época de quemas'. Sus líderes Jacinto Pat y Cecilio Chi querían la acción inmediata, o en definitiva decidieron respetar el ciclo agrícola y pospusieron la toma de la ciudad para junio y julio.

Este respiro permitió al gobernador Miguel Barbachano (ante la guerra contra los indios, Méndez no supo que hacer y renunció), camaronero campechano, pedir a sus gobernados olvidar orgullos y rencores porque “o nos ayuda México o estamos perdidos”. El entonces presidente de México José Joaquín Herrera, hombre bueno, decidió ayudar a Yucatán.

Mientras los mayas preparaban sus tierras con las quemas, el ejército mexicano tomó posiciones y cuando aquellos volvieron se toparon con una nueva realidad. No lograron aplastarlos, no pudieron, pero los arrinconaron en la selva del sureste de la Península.

También influyó el pleito interno entre Pat y Chí. Pat llegó a tener entrevistas secretas con Santiago Méndez para acabar la guerra y esto no le gustó a los radicales encabezados por Chí.

Yucatán, en agradecimiento, voluntariamente se anexa otra vez a la República Mexicana en 1849.


La Guerra de Castas comenzó, pero ¿y el tratado de paz?

Es algo latente. En 1961, hace 47 años, el historiador inglés John Ridges fue a Belice. Cuenta que de pronto de la selva salió un nutrido grupo de indígenas mayas vestidos con batones blancos, como los mayas originales. Lo vieron güerito y en inglés le preguntaron: “¿trajiste las armas?”. Él contestó “¿qué armas?”. “Las que nos manda tu gobierno desde hace muchos años para combatir a los blancos de Yucatán. Y les volvió a contestar “no sé nada”. Y al comprobarlo, se internaron de nuevo en la selva.

Él concluye: “estos descendientes de los descendientes mayas, siguen mentalmente en guerra contra los blancos. Hay todavía un ambiente de revancha en ellos”.

 

¿Hubo un ofrecimiento en este sentido a Inglaterra?

Sí, a través de Belice. Pero les dijo que no, porque ayudaba a los indios.


¿Cuanto duró el tiempo de separación?

El periodo más largo fue de 1841 a 1848 cuando se creó la República Independiente de Yucatán con bandera y constitución propias, ésta estructurada por Manuel Crecencio Rejón en la
que por primera vez en el mundo se legisló sobre el Derecho de Amparo.

Las otras separaciones eran idas y vueltas. Cuando el gobierno federal se convertía en centralista, Yucatán en defensa precisamente del federalismo y por la soberanía que le otorgaban las constituciones federal y estatal, se separaba. Luego al corregir gobierno federal, volvía a incorporarse.


En eL S. XX

El último intento separatista fue en 1915, en tiempos de a Revolución. Fue sólo una aventura separatista-soberanista encabezada por el coronel Ortiz Argumedo y hacendados. Duró menos de 2 meses. El presidente Venustiano Carranza mandó al general Salvador Alvarado a aplastar la rebelión. Vino y a sangre y fuego la acabó, feamente. Fusiló a mucha gente, en Halachó y en la Hacienda Blanca Flor. Los colgó a todos. Luego entró a Mérida, colgó a muchos más, sembró el terror. Así terminó la última separación. (13)

Pero en todas ellas se trató de actos soberanos de Yucatán, con base en las constituciones tanto federal como local.

 

 

 

Comentarios del Dr. Rafael Yates Sosa .

En primer lugar este pequeño pero interesante articulo publicado en la Revista Empresa Global en el número 46, año 7, Paginas 16-21 la firma José Luis Vargas Aguilar, director de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), la revista la dirige el Lic. Atilano González Villa; amigo de años y destacado periodista que me dio la oportunidad de hacer mis primeros escritos periodísticos igual que ese maestro de periodismo Luis Ramírez Aznar +.

Este articulo para el Colegio de Heráldica Latino Americano, Heralatin, nos aclara muchos conceptos históricos que sido ocultados por generaciones.

* El concepto de que los aztecas eran un imperio, ha sido nefasto para la posterior política a lo largo de la historia política de México, recordar los 2 Imperios que padeció México con Iturbide y Maximiliano; de hecho Santa Anna fue un emperador y todos los presidentes hasta en momento se comportan como tales a tal grado que en el centro de la Republica les llaman “tlatoani” palabra nahua que significa el poder omnímodo o central. Contrariamente a que el modelo sea tomado de los españoles, el centralismo y comportamiento imperialista fueron tomados por los aztecas que después se cambiaron el nombre de mexicas. . El primer sospechoso para trasformar a Nueva España en un reino Independiente fue Hernán Cortés por eso no lo nombraron Virrey y le otorgaron un de los pocos títulos nobiliarios de Marques, el Marques del Valle de Oaxaca, fueron únicamente dos.

1 ) Es súper importante señalar que la primera Constitución de Yucatán fue enviada y aprobada por el H. Congreso Yucateco. Por el Gobernador interino Antonio Lopez de Santa Anna, gobernador impuesto por el régimen central año de 1825.

2) Lorenzo de Zavala y Sáenz (1788-1836) Antes de ser Ministro de Hacienda, Fue nombrado en 1824 fue Presidente del Congreso Constituyente, senador por Yucatán, fue uno de los firmantes de la Constitución , Fungió como gobernador del Estado de México en 1827, de hecho fue el primer gobernador. Ministro de Hacienda 1829 en 1833 fue electo por sexta vez como diputado al Congreso Nacional. En 1635 fue diputado en la Convención de Austin, Texas, con la separación de Texas del territorio mexicano, Zavala pierde su nacionalidad en 1835 fue nombrado vicepresidente de la Republica de Texas, murió 1836 y sus restos descansan en Zavala Point's Texas.

Hay que recalcar que una de las banderas de la Republica de Texas fue diseñada por Zavala, se dice que fue la que diseño la de Yucatán.

Cabe mencionar que el y Santa Anna fueron acérrimos enemigos, se dice que Santa Anna pidió licencia para ir a la expedición a Texas para capturar a Zavala personalmente.

Hay rumores que Zavala quería formar una republica conjunta de Texas y Yucatán.

 

3) En la separación de Campeche, nuevamente aparecen los campechanos que ya habían tomado a la península como su patrimonio personal y se motivo por el pleito de dos campechanos, por que Pantaleón Barrera no era meridano, por tanto los yucatecos han sido calumniados por su separatismo cuando en realidad es un separatismo campechano.

¿Solo una pregunta por que los campechanos “fundadores” del Estado se decían muy liberales y Juaristas y portan hasta ahora una corona real cerrada, símbolo de un reino o no se han dado cuenta que México es independiente? El escudo de Campeche fue otorgado a la ciudad y no al estado, que ya debería contar con un escudo representativo.

 

 

Pablo García y Montilla

Abogado y político. Nació en la ciudad de Campeche el 27 de enero de 1824, en la casa correspondiente al número 61 de la calle 61, hijo del modesto peluquero Sebastián García y de la señora María Francisca Montilla (modista) natural de Nueva Orleans. 

Realizó sus primeros estudios en la escuela pública del padre Barahona, ingresando después al celebre colegio de San Miguel de Estrada. En 1850 se gradúo en la Universidad de Yucatán. Siendo estudiante en Campeche, fue profesor de filosofía, aprendió francés y tradujo algunos textos importantes como el Compendio de Filosofía; antes de revolucionario y gobernador, fue síndico del ayuntamiento, juez de primera instancia de lo criminal, juez de distrito, secretario del jefe de operaciones en 1848 contra los indios sublevados. En 1857 diputado local y encabezó la división política que hizo posible, finalmente, la escisión del distrito de Campeche y su elevación a entidad federal. Todas las medidas políticas que puso en práctica, hicieron posible presentar ante el gobierno del presidente Juárez un acontecimiento tan fuerte de hecho que, cuando el país recuperó el orden constitucional, no se tuvo otra alternativa más que reconocer a Campeche como un nuevo estado federal y a García su gobernador. 

Convenios territoriales y hasta una Constitución local, fueron algunos de los documentos presentados por García al Congreso Federal, que finalmente sancionó la creación del estado por decreto definitivo en 1863. García respondió con lealtad y patriotismo al reconocimiento de su obra política, y así defendió a la República cuando los franceses se presentaron en el Carmen y sin poder hacer otra cosa, capituló ante los invasores en enero de 1864; pero al poco tiempo volvió del destierro y apoyándose en el gobernador tabasqueño Gregorio Méndez, volvió a la lucha y recuperó Campeche en junio de 1867 y su sillón de gobernador. 

Fue electo nuevamente para el periodo de fines de 1867 a septiembre de 1871, pero aparecieron nuevamente sus diferencias con influyentes políticos ante el gobierno de la República ; de esta manera lo acusaron primero ante la Cámara de Diputados y después en la Suprema Corte de Justicia, de violaciones constitucionales, logrando que fuera declarado culpable y suspendido del poder en 1870. 

Pablo García se refugió en Mérida quien lo acogió sin rencores por más de un cuarto de siglo y ahí se desempeñó como miembro del Tribunal Superior de Justicia. Fue profesor en la Escuela de Jurisprudencia, y participó en labores educativas oficiales, escribió artículos para publicaciones locales y nacionales. En octubre de 1882, la legislatura de Campeche, lo declaró Benemérito del estado, según refiere Pérez Galas. 

Don Pablo García y Montilla, falleció en Mérida, Yucatán, el 31 de julio de 1895 con la nostalgia de su tierra y con la pena de haber perdido a dos de sus hijos. Le sobrevivieron, su esposa doña Josefa Mezquita, una hija y sus hijos, licenciados Luis y Sebastián. 

 

El creador del estado de Campeche, el hombre que separó el distrito más importante del estado de Yucatán, se vio en la paradoja de ser defendido en la Cámara por la diputación yucateca y en la Corte por un renombrado jurista de Yucatán. El 12 de junio de 1870 dejó la gobernatura y al día siguiente el vicegobernador Aznar Barbachano se hizo cargo del Ejecutivo. García se refugió en Mérida hasta el día de su muerte.

En 1870 la Cámara se distinguía por el juicio y la razón política en sus debates, y así como se había declarado culpable a los gobernadores Gómez Cuervo y Cervantes, le tocó su hora a Pablo García, señalado como el hombre que había pronunciado el nefando «Yo lo quiero", apotegma de la tiranía. Los cargos que se le hicieron fueron principalmente cuatro:

1) Por haber condenado a algunos prisioneros de guerra a dos años de obras públicas, sin formalidad alguna de juicio, invadiendo las atribuciones del Poder Judicial e infringiendo, en consecuencia, el artículo 50 de la Constitución ;

2) por haber atentado contra la legislatura del estado, electa por el pueblo, y contra el Tribunal Superior del mismo, atacando en su base el sistema representativo popular que están obligados a adoptar los estados según el artículo 109 de la Constitución ;

3) por haber violado las garantías individuales, reduciendo a prisión a varios ciudadanos sin cumplir los requisitos legales, infringiendo así los artículos 16, 19, 20, 21 y 29 de la Constitución ; y

4) Por haber desobedecido con insistencia los mandamientos de amparo de la justicia federal, con notoria infracción de la Constitución y de la ley orgánica del artículo 102 de la misma, promulgada el 20 de enero de 1869.

Don Pantaleón Barrera

Nació en Hopelchén el 28 de enero de 1816. Fue un individuo inteligente, valeroso y de convicciones firmes. Adversario de don Pablo García, de 1840 a 1843 fue síndico del ayuntamiento de Campeche.

Llegó a ser gobernador de Yucatán, recién emancipado Campeche de este. En la guerra de castas contribuyó decididamente a la derrota de los mayas. 

Don Pantaleón Barrera fue gobernador interino de Yucatán, en sustitución de don Santiago Méndez, en dos períodos: del 27 de febrero al 7 de agosto de 1856 y del 10 de febrero al 14 de abril de 1857.

Murió en la ciudad de Mérida, Yucatán el 24 de marzo de 1876.

4) La estatua que esta en paseo de Montejo según muchos observadores no es la de Justo Sierra O'Relly, según una revista populi y según una reciente novela histórica de nombre Península- Península, si se trata de un funcionario que fue expulsado cuando desalojaron a Padre del estado de Campeche, según esto historiadores y antropólogos se trata del Licenciado Turriza, que finalmente vino a vivir a Mérida.

6) La única fuente que cita que la bandera yucateca, se hizo en Yucatán, fue en el palacio municipal de Mérida, el 16 de mayo de 1841, lo consigna La enciclopedia Yucatanense (primera edición Pág. 206). Pero en realidad nunca se envió para su aprobación en el congreso. Se comenta que esa bandera histórica se encontraba en el Museo de la ciudad que se encontraba en el costado norte de la Catedral y Revolucionario Gral. Salvador Alvarado, la mando quemar para acabar con el separatismo yucateco.

7) Termino que se usa en Yucatán, para aquellos yucatecos que viven muchos años en la zona centro del país y adoptan modismos y las costumbres del habla, comida y de ver a su estado desde otra perspectiva completamente diferente de los nunca han salido del estado.

8) Jacinto Canek o Jacinto Uc de los Santos ( 1730 - 1761 ), fue un rebelde maya que acaudilló una rebelión indígena contra los españoles mejor conocida como La rebelion de Jacinto Canek. Nació en el barrio de San Román, en la ciudad de San Fransisco de Campeche, cuando el ahora Estado de Campeche formaba parte del territorio de Yucatán, en el extremo suroccidental de la península de Yucatán. El apellido por el que pasó a ser conocido lo tomó de un cacique de El Petén, jefe rebelde de los itzaes que durante los últimos años del siglo XVII se sublevó contra las autoridades del virreinato de Nueva España..

Educado en la ciudad yucateca de Mérida, durante una fiesta celebrada el 20 de noviembre de 1761 en Cisteil (a unos 50 Km . de Mérida) incitó a los indígenas a levantarse contra los españoles. En la refriega consiguiente falleció el comandante del destacamento militar colonial de Sotuta (la principal localidad situada en las inmediaciones del lugar). Extendida la sublevación a otras poblaciones próximas, se enviaron tropas que atacaron Cisteil y obligaron a huir a Capek, quien cayó preso en las cercanías y fue conducido a Mérida junto con otros rebeldes. Ahí fue ejecutado en un tormento público pocos días después de haber iniciado la revuelta.

Obtenido de " http://es.wikipedia.org/wiki/Jacinto_Canek "

9) De hecho la península de Yucatán, no participo en lo más mínimo en la Independencia de México.

10) De hecho se les hizo un parque en su honor el parque Hidalgo en honor a los indios hidalgos, titulo que le dieron a los indios y no a Miguel Hidalgo.

11) Con las armas que le dieron los criollos armaron la guerra de castas y como se ha tratado de decir que los ingleses le daban armas, aunque es muy probable que le vendieran municiones.

12) La estrategia de los mayas fue que declararon la guerra cuando los norteamericanos comenzaron la invasión a México y los mexicanos no podían ayudar a los criollos.

13) Justo Sierra O'Reilly es un ilustre desconocido en Yucatán y se conoce como el embajador que fracaso en su intento de convencer a los norteamericanos que tomen la soberanía del estado a cambio de un apoyo armado, pero los norteamericanos desconfiaban de ese ofrecimiento y le dijeron que los criollos trataban más mal a los indios que ellos a los negros. Una comisaría de Mérida lleva su nombre Sierra Papakal cuando debería ser Papakal de Sierra.

 


 

Gonzalo Guerrero.

“ el padre del mestizaje

Contrariamente a lo que mayormente cree la población, no fue Hernán Cortés el protagonista como padre del mestizaje en lo que ahora es México, de acuerdo a que el gobierno hará un gasto muy elevado para conmemora la independencia, habría que partir de lo más elemental; el verdadero iniciador del mestizaje es un personaje desconocido, enigmático NO por que no radico en centro del país sino por que no se integro con los españoles que lo fueron a buscar en esa ocasión la tercera expedición capitaneada por Hernán Cortés, conquistador del imperio y tribus anexas.

Los datos históricos indican que Gonzalo Guerrero llego a las costas de Yucatán el 2 de abril de 1511, después que su barco encallara el Arrecife de las Víboras, cerca de Jamaica otros autor ubica el naufragio en Isla Pérez más conocidas como los Alacranes por tener la isla unos islotes en ese navío el capitán era Valdivia y dicho autor dice que eran once en total, incluso 2 mujeres, el capitán fue apresado por el cacique Xamancaan ( cielo del norte) quien los regalo al Tatich (jefe) de Guamil-Chactemal esta ultima dio a origen a la palabra Chetumal Chac , rojo y Te (tu) mal, donde abundan,) actual capital del Estado de Quintana Roo, el cacique se llamaba Náchan-Kan ( la palabra Ná la usaban cuando los mayas se casaban; su nombre de soltero era el día y mes calendarico maya, en este caso Chan era el apellido de mama que maya chontal es serpiente y Kan del maya yucateco, también serpiente los mayas tenían 18 etnias; los mayas prohibían el casamiento entre personas del mismo apellido de su etnia)

La cuestión es que de tripulantes nada más 2 quedaban Jerónimo de Aguilar, diacono o sea religioso católico con votos y Gonzalo Guerrero. Se dice que fueron sacrificados a los dioses mayas.

Al año de su llegada Jerónimo se caso con co Ixpilolsama, los mayas usaban el prefijo Ix para indicar el género femenino hija del cacique con quien tubo 4 hijos, Gonzalo; Juan; Rosario y el último se desconoce.

En 1516 por meritos de su destreza militar se le nombro Nacón .nombramiento importante, pues seguía en jerarquía al jefe o Tatich (ojo, Cortés llego a costa de la actual Quintana Roo febrero o marzo de 1519).

Obviamente se sabía por España que vivían en esa parte del Caribe y se sabía que se había casado con una maya y que era jefe e instructor de los ejércitos mayas,

Por tanto de le había declarado Traidor .

Debido a los estudios de un investigador yucateco poco conocido por que después de jubilarse de medico estudio antropología, tubo poco tiempo para su investigación, pero fue fructífera y aclaro varios punto o agujeros negros, desgraciadamente falleció recientemente.

En sus estudios recurrió a las clásicas obras de Bernal Díaz del Castillo y las pocas obras conocidas de Oviedo de esa forma llego a los orígenes de Gonzalo.

Desde luego hay otras obras muy conocidas como son Robert Chanberlain con su obra Conquista y Colonización de Yucatán 1517-1550 Editorial Porrua 1982, por esta fuente se conoció la muerte y el verdadero apellido de Guerrero...

Lo cierto es que Erosa Barbacahano dice que se identifico su apellido, que por cierto era Aerosa esto lo informo el gobernador de Honduras Andrés de Cerezeda, al rey de España, después de identificar el cadáver junto a al cacique Cozumba el 13 de agosto de 1536, un día después de la batalla que se libro cerca de Puerto Caballos, hoy Puerto Cortés; en el valle del Río Ulúa, al oeste de Trujillo, Honduras, en la que Gonzalo murió de un tiro de arcabuz.

Lo cierto es no era “español”, sino de los judíos que se trasladaron al norte de Portugal cerca de un río que se llama Aerosa, aunque de hecho nació en Puerto de Palos de la Frontera ; lo de Guerrero era un apodo (así era como se formaron en gran parte los primeros apellidos).

Montejo “el viejo” lo calificaba como nacido de vil casta” así se le decía a los judíos o “marranos”.

También fue investigador del tema de Gonzalo Guerrero el destacado periodista Don Luis Ramírez Aznar +, este investigador menciona que Juan de Grijalba descubre Cozumel, se entera que Gonzalo se había unido a la hija de un cacique, aunque lo confunden con Jerónimo de Aguilar que se

 

 

 

Negó a juntarse o casarse con una nativa maya, el argüía su votos de castidad misma que la perdió en Tlaxcala, donde después de la derrota del la Noche Triste en México Tenochtitlan; allá tubo una hija, Luisa de Aguilar; es más el rey de España le otorgo un escudo de armas el escudo Número 139, otorgado en Barcelona España el 3 de marzo 1564.

Según Don Luis Ramírez Aznar Gonzalo quedo proscrito de la historia por ser judío no por la raza sino por la religión y por no haber cumplido la orden y acuerdo de no cazarse con ninguna india. Y por tanto fue eliminado de la historia como dicen los periodistas “muerte civil”

Ya es hora que con motivo de Bicentenario de la Independencia se revindique algunos injusticias.

Por cierto el apellido Aerosa se trasformo en actual Erosa.

 


Comentarios a la revista Relatos e Historias

articulo yucatan

articulo yucatan 2

En la revista Relatos e Historias # 20 de abril del 2010 que se edita en México me encontré un articulo escueto y críptico en la paginas 48-49 con el panfletario nombre de Yucatán se declara republica independiente firmado por JBW de Jaime Balí Wuest, supongo.
Empezamos con el párrafo final donde se dice que el tema amerita un espacio mayor y que sea abordado por especialistas y aclaro sin olvidar la anexión de Chiapas y Soconusco situación que debe ser analizado  y conocidos por todos.
Precisamente Héctor Aguilar Camín al estar en Mérida recientemente le pregunte por nadie toca el tema de Yucatán excepto del trillado eslogan Lopezsantanista que se quedo como rezago de dicha política del imperio azteca con el centralismo de Moctezuna  que se expandió y con Santa Anna se quedo.
Muy poco sirvieron todos los movimientos más grandes porque NO hay libertad, NO hay Independencia, la violencia se ha desbocado  y  es de 90 % los partidos se han prostituido, la justicia es venal ¿Actualmente que perspectiva tiene el País?
El motivo concretamente por que se declaro  Yucatán varias veces Republica fueron   y está ampliamente estudiado y no necesita más estudios.  Yucatán era una provincia autónoma que se unió a la naciente nación siempre su régimen económico y político sea federalista cosa que la Primera constitución así fue, hasta que siendo presidente López de Santa Anna hizo una de las transformaciones más y se volvió y declaro centralista esto quería decir desparecer Congresos Estatales y todo  directo para el 15 uñas, como el pueblo lo apodaba; desde luego Yucatán No estuvo de acuerdo y hizo de sus declaraciones de Republica Autónoma y el desconocimiento de la Historia de Yucatán se debió que Santa mando el ejército nacional a doblegar a Yucatán mismo que originalmente eran los que son los estado de Campeche, Quintana Roo, (yucateco convertido en valet parking, del mocho) y por ultimo Yucatán que es el estado más chico y el ejército nacional fue derrotado por el ejercito yucateco en la población de Tixpehual a unos cuantos KILOMETROS DE MERIDA, SU MISION Agarrar a sus líderes y fusilarlos (dirigirse a la sección Yucatán hacia el bicentenario de esta misma página) Por cierto los sobrenombre de los conservadores hasta nuestros días es de “mochos” debido a que al fin de sus días el 15 uñas se volvió muy devoto y partidario del Clero Político.
Por último les quisiera decir que Antonio López de Santa Anna fue gobernador interino del súper Estado de Yucatán y mando una copia de constitución federal al congreso estatal para que se aprobara en aquel tiempo no había abogados.
También se le atribuye que le ordenaron por el gobierno federal que atacara Cuba que pertenecía a España y llevo a un grupo de mayas del municipio de Mani y al desembarcar en Cuba se los vendió a los terratenientes como esclavos. Como se les aisló ellos después de la independencia de Cuba consumían para subsistir cacahuate pero como la lengua de los cubanos no están para decir esas palabras, les preguntaron de donde eran y dijeron que de Mani y partir de entonces al cacahuate se le conoció mundialmente como maní y tiene su famosa canción. Los conocí en un viaje a la provincias de Cuba son como mil y están aislados y hablan maya.
Vexilólogo y heraldista mesoamericano.
Rafael Yates sosa.
Mérida, Yucatán
Ver curriculun en www.rafaelyates.com.mx.

 

 


 

 

Revolución Mexicana en Yucatán, repercusiones.

 La revolución mexicana en Yucatán y los cien años de historia

Este trabajo fue presentado en el congreso de Estado de Yucatan el 20 de nobiembre del 2009 con motivo previo al centenario del inicio de la revolución mexican en cual participaron 5 personas declarandose vacio el primer lugar.

congreso yucatan congreso yucatan
reconocimientos del concurso del centenario de la revolucion en yucatan
Dr. Rafael yates, Jorge Carlos Berlín, Carlos Pérez

 

Contenido

Prólogo

Introducción.
El Caudillismo.
La primera chispa de la revolución mexicana.
Yucatán 1915, la llegada de la revolución,  Salvador Alvarado.
Felipe  Carrillo Puerto.
Periodo del Presidente Lázaro Cárdenas.
Primera parte de la conclusión.
El periodo post-revolucionario.
Segunda conclusión.
Notas anexas.
Bibliografía.

 

Prologo:
De entre las actividades humanas donde la perfección es más difícil de alcanzar, la política tiene uno de los primeros lugares.
Critica Política circunstancias sobre las formas y razones que llevaron a su final, no es la primera vez que la revolución mexicana se ha dado por concluida.
Afirmar hoy que la revolución mexicana ha muerto, no representa ni mucho menos un intento de devaluar el significado de la lucha y del enorme costo que en su momento pagaron muchos mexicanos, si no constatar un hecho evidente y ante el cual cada uno de nosotros está obligado a asumir una postura.
Las instituciones y políticas nacidas de la gran guerra civil del segundo decenio del siglo y de las reformas que le siguieron y culminaron en el cardenismo, evolucionaron posteriormente en una dirección y con un propósito que finalmente poco o nada tiene ya que ver con las metas que propusieron los líderes de los movimientos que derrocaron al régimen porfirista en 1911 para construir uno nuevo y en el que hoy vivimos.
Para cualquier observador medianamente objetivo informado de la escena mexicana actual resulta obvio: que el modelo y la lógica que dan sentido a la política actual de la élite del poder mexicano, poco o nada tienen que ver ya con el movimiento que estallo en 1910 en nuestro país, y si mucho con algo más reciente: El rotundo triunfo político y económico a nivel mundial de los sistemas capitalistas industriales sobre sus rivales socialistas.
Practicas centrales del mundo mexicano del poder desde los años cuarenta dejaron de ser validos.
El examen de las facetas de la crisis del modelo económico y político postrevolucionario, es decir, del que surgió en los años cuarenta basado en la industrialización sustitutiva de importaciones con apoyo y participación del estado, y en la limitación sistemática del juego político democrático y plural mediante la acción autoritaria de un partido de estado. Esta forma de desarrollar la economía y hacer política dio a México una notable estabilidad dentro de un marco político autoritario, pero el conjunto quedo agotado al principiar el decenio de los ochenta. Y la forma en que la élite del poder enfrento tan grave situación desemboco, entre otras cosas, en la segunda muerte de la revolución mexicana.
Por un lado, el reclamo de la democracia política frente al autoritarismo imperante: La demanda original formulada por Francisco I. Madero en 1910.  En segundo lugar la exigencia de la democracia social como la vía para hacer imperar la justicia sustantiva en una sociedad históricamente caracterizada por una notable desigualdad en la distribución de la riqueza: la insistencia en la equidad y en la reparación de la injusticia histórica fueron el corazón del zapatismo y del cardenismo. Finalmente la defensa de la independencia frente a la fuerza de las tendencias a la integración y subordinación a los Estados Unidos. Por Carranza y Cardenas, lo que dio cuerpo y sentido al Nacionalismo Mexicano del siglo XX.  Ninguno de estos tres valores se hizo parte permanente de la realidad Mexicana ni se encuentra entre las verdaderas prioridades de quienes ahora dirigen la maquinaria política Mexicana.
La primera muerte de la Revolución Mexicana tuvo lugar hace poco menos de medio siglo. En 1943, Jesús Silva Herzog, sostuvo y fundamento la proposición de que la revolución Mexicana atravesaba por una crisis “extraordinariamente seria” cuyo origen y síntoma básico era la corrupción que afectaba al conjunto del proceso político; se trataba, afirmo de una crisis de orden moral “ con pocos precedentes en la historia” y de muy difícil solución. Cuatro años más tarde, otro académico, Daniel Cosió Villegas, dio un paso más allá y terminada la segunda guerra mundial,  concluyo que la revolución se encontraba ya in articulo mortis. Ya buen tiempo que no eran realmente buscadas por quienes tenían en sus manos las riendas del poder. La revolución Mexicana sin excepción habían resultado finalmente inferiores al gran reto que represento el movimiento que habían encabezado; las elites  no habían estado a la altura de sus responsabilidades.
Herzog volvió sobre el tema para llevar su argumento y el de Cana era ya un hecho histórico, un movimiento que había muerto calladamente, tras agotar su vitalidad creativa.
A raíz de las circunstancias creadas por la segunda guerra mundial, la elite política de nuestro país derrochaba optimismo y seguridad  en sí misma bajo el liderazgo del “cachorro de la revolución”: Miguel Alemán. Fue entonces cuando los líderes mexicanos decidieron aventurarse a todo vapor por el camino de una modernización anárquica, por la vida de crear una industria altamente protegida que sirviera y, sobre todo se sirviera, de un mercado interno cautivo y sometido a la implacable disciplina del partido de Estado.
“Milagro mexicano” asombrados por un crecimiento promedio del PIB del 6% anual. De ese supuesto milagro, insistieron en la existencia de otro: Que la revolución Mexicana seguía viva, y usaron enormes cantidades de recursos materiales y de oratoria para demostrar que el proyecto político y económico era, ni más ni menos, la continuación de la Revolución Mexicana por otras vías.
En el mundo bipolar de la guerra fría la elite mexicana, en particular la política, encontró extraordinariamente conveniente no identificar su estatismo con el socialismo a la soviética, ni su capitalismo con el modelo norteamericano sino insistir en la originalidad de una supuesta “tercera vía” de raíz autóctona: La Revolución Mexicana que supuestamente combinaba lo mejor de los grandes sistemas en pugna a la vez que evitaba sus defectos: La dictadura del partido o del mercado. Como el Cid Campeador, la Revolución Mexicana aunque ya muerta sigue ganando batallas para sus herederos, de Miguel Alemán a José López Portillo.
La segunda muerte de la Revolución Mexicana, la aparentemente definitiva, y que aquí se discute, llego cuando por un lado, se izo evidente la imposibilidad de superar el subdesarrollo teniendo como base empresas públicas y privadas indeficientes y corruptas dentro de mercados protegidos pero pobres. Esa muerte también llego cuando se hizo innecesario insistir en la “tercera vía” porque la bipolaridad de la guerra fría había desaparecido al perder el socialismo real su batalla frente al capitalismo neoliberal. En estas circunstancias, la elite mexicana pudo, por fin enterrar a su Cid y dejar de pretender que sus acciones y objetivos seguían inspirados por ese formidable pero distante levantamiento masivo, popular, que tuvo lugar en México al principiar el Siglo.
Particularmente en un país como México, donde la democracia política sigue siendo una mera posibilidad, y donde la desigualdad social se mantiene como un rasgo tan dominante como lo era hace dos siglos, cuando Alexander Von  Humboldt hizo su gran retrato de la Nueva España.

 

 

Introducción
La Revolución mexicana fue la primera revolución social del siglo XX que empieza en 1910. La revolución comenzó como una rebelión en contra de la dictadura de Porfirio Dí­az, quien ya tení­a más de 30 años en el poder. El movimiento fue liderado por el intelectual y teorista político Francisco I. Madero que con su lema "sufragio efectivo, no reelección" cristalizó el descontento alrededor del país en contra del dictador Díaz. Esta fase terminó con el exilio de Díaz en París y el triunfo de Madero en las elecciones democráticas de 1911.
La segunda fase de la Revolución comienza con el desacuerdo entre la antigua clase burguesa porfirista y Madero. Con el apoyo de los Estados Unidos y su embajador en México Henry Lane Wilson, el presidente electo y el vicepresidente José María Pino Suárez son asesinados en 1913, y se impone el dictador Victoriano Huerta como líder del país. No obstante, debido a las acciones de otros revolucionarios que lucharon contra la nueva dictadura, Huerta huyó a los Estados Unidos en 1914.
Después de estas dos fases, la Revolución se convirtió en una revolución social con Emiliano Zapata (en el sur) y Pancho Villa (en el norte) luchando por causas sociales como una reforma agraria, justicia social, y educación. No obstante ambos revolucionarios tuvieron que hacer compromisos sociales con los revolucionarios liberal-constitucionalistas como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.
La tercera fase es la culminación de la revolución armada con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, reconocida por haber sido una constitución liberal social y la primera de su tipo en el mundo que aún rige al México de hoy. La Constitución garantizó reformas y derechos liberales (civiles y políticas) y sociales (reforma agraria y legislación laboral progresista).
En Congreso Constituyente de 1917 Yucatán estuvo presente con sus diputados al frente de *Héctor Victoria Aguilar también se encontraban Antonio Ancona Albertos, y Manuel Gonzalez.
El ideal de la revolución era crear una ciudadanía moderna con derechos y alfabetismo. La Constitución de 1917 fue, quizás, el logro más alto de esta Revolución.

 

Héctor Victoria Aguilar


El Caudillismo
El caudillismo es culpable de que no se lograsen muchas metas de la Revolución
Contrario a lo que algunos suponen, ese fenómeno es un punto negativo de la historia de la nación, pues el pueblo cae en una relación "muy cercana a la esclavitud", afirma un especialista.- Un poder que no respeta a la democracia
Notimex

A pesar de haber fallado en las expectativas de la gente que participó en ella, la Revolución Mexicana es la más grande herencia de valor social participativo con la que cuenta el país, de la cual debemos aprender en la actualidad para no volver a caer en el mismo error que la originó, afirmó Enrique Semo, catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Semo, doctor Honoris Causa por la Benemérita Universidad de Puebla, agregó que si a la Revolución Mexicana se le juzga en torno a los beneficios que produjo después de su culminación, "es indudable que cambió muchas cosas".

Y es que, según Semo, una característica de la Revolución -al igual que otras en el mundo- es el hecho de que la gente que participa tiene "expectativas de cambio mayores que las brindadas por esos movimientos. Entonces, si se va a juzgar la revolución de acuerdo con las esperanzas de la gente que participó el veredicto, sería de fracaso".

Si se le ve por otro enfoque, añadió, la Revolución proporcionó una redistribución de la riqueza a través de la repartición de la tierra, con lo cual se mejoraron las condiciones de vida del campesinado, que constituía el 85% de la población.

En entrevista, el investigador visitante de las universidades de Chicago, Boston y Berlín señaló al caudillismo como uno de los principales responsables de que muchos objetivos de la revolución no se hayan cumplido.
El caudillismo, explicó, arranca en México desde 1810 y ha surgido siempre que se ha debilitado el Estado central en el país, pero, contrario a lo que se supone, dijo, es un fenómeno "negativo" de la historia de la nación, pues la relación del pueblo con respecto al caudillo "es muy cercana a la esclavitud".

"Al caudillo se le otorga una dosis de poder muy grande, no limitada por los marcos democráticos, ni regulada por algún otro enfoque", agregó.

Por esa razón, aseveró el especialista, estamos a tiempo de que en la actualidad el pueblo mexicano no vuelva a caer en el mismo error, de transformar organismos políticos en semilleros de caudillos, como ocurrió antes de la Revolución Mexicana.

Según Enrique Semo, la revolución de 1910 transformó el Partido Liberal -en donde militaban los hermanos Flores Magón-, de una institución política moderna, a un semillero de caudillos.

Al ser cuestionado sobre la vigencia de la Revolución Mexicana a 88 años de su inicio, Semo comentó que ésta ha desaparecido del discurso político, pero aún vive en el pueblo, "pues cada vez que este último quiere cambiar su realidad, recurre a aquellos personajes que protagonizaron la lucha armada de 1910, como ocurre hoy con el movimiento zapatista".

Por otra parte, ante la pregunta de ¿cuál fue el principal error de uno de los más ambiciosos proyectos de país como fue el porfiriato?, el autor de "Historia del capitalismo" y "Crónica de un derrumbe" sostuvo que, al igual que en el "salinato" o el período promovido por los borbones, fue que se afectaron los intereses de los sectores más pobres.


La primera chispa de la Revolución Mexicana.
En Yucatán se suscito un conflicto bélico en Valladolid que considerado por algunos  historiadores nacionales  como la “primera chispa de la revolución” fue el 8 de junio de 1910 contra el Gobernador Enrique Muñoz Aristegui impuesto por Díaz y que había tomado posesión el 2 de febrero de 1910; este movimiento con los partidarios del candidato perdedor  de oposición  Delio Moreno Cantón  originario de Valladolid el cual era apoyado por   Maximiliano  Ramírez Bonilla José Crisanto Chí Tte. , Juan Mata Pool, mayor José Candelario May, Capitán  Juan Bautista Pec, Tenientes Mónico Tus y Lázaro Báez y  Felipe Carrillo Puerto como autor intelectual que era seguidor del partido “cantonista”; sin embargo después del triunfo de la revolución Madero que no se quiso apropiar del poder a menos que sea electo democráticamente eso paso cinco meses después 6 de noviembre de 1911. Muñoz tuvo que pedir licencia y es nombrado al Gener Luis del C. Curiel cuando triunfo de la revolución renuncio y se  impuso como gobernador interino a Pino Suarez y nuevamente Moreno Cantón fue desplazado por el candidato maderista que era originario de Tabasco y posteriormente nombrado candidato a la Vicepresidencia-
Entre las peticiones del llamado Plan de Valladolid de los Morenistas se encontraban
1.-renuncia del gobernador Muñoz
2.- se nombrara una junta gobernativa.
3.- La restitución del territorio de Quintana Roo, creado por Porfirio Díaz
La escaramuza no fue leve sino encarnizada después de cinco horas de combate se contaron 84 muertos y ciento treinta y dos heridos.
Por el gobierno combatió el Coronel Ignacio Lara al frente de la guardia nacional, al término de la batalla fueron condenados a ser fusilados Maximiliano Ramírez Bonilla, Atilano Albertos y José Kantún y a muchos a prisión, quedando abierto el proceso contra Ruz Ponce, Claudio Alcocer, Donato Bates y otros que quedaron ponerse a salvo.
Durante la era pinista se suscitaron conflictos por que  los “morenistas” seguían con su afán de llegar al poder y chocan con los “pinistas” en Motul se suscito un encuentro personal entre el líder de los “pinistas Daniel Arjonilla y el Líder “morenista” Felipe Carrillo Puerto con el resultado de muerte del primero; en Tixcocob fue un tren de manifestantes “morenistas “baleado.
Al efectuarse nuevas elecciones gano Pino Suarez a los morenista” su efectos sobre su administración no se puede evaluar por el poco tiempo que estuvo en poder pero en las destacadas se encuentra la abertura de escuelas en el medio rural donde destaco Gonzalo Camara Zavala presidente de de Acción Social.
La revolución llego5 años  atrasada a Yucatán pues hasta 1915 llego el que fuera el encargado de darle estructura al Estado y que únicamente había hecho fallido y aniquilado que  muchos historiadores conocen como la “primera chispa de la revolución” pero desafortunadamente fue aniquilada. Fue  el General Salvador Alvarado el que se encargo de llevar por indicaciones de Carranza a cabo y darle arranque y sostén a   la ideología de la revolución.


Yucatán 1915, la llegada de la revolución,  Salvador Alvarado.
En suma, Yucatán contaba con una industria bien organizada y una adecuada infraestructura, a más de una circunstancia favorable que permitía el buen funcionamiento de ambas, haciéndolas instrumento eficaz de generación de una riqueza indispensable para los propósitos revolucionarios.
En este contexto, en febrero de 1915 y siendo gobernador preconstitucional de Yucatán don Toribio de los Santos, estalló en el Estado un movimiento rebelde que tenía por objeto político el evitar que la revolución fuera conducida hasta ese confín de la patria aislándose a Yucatán de la acción transformadora. Encabezó el movimiento reaccionario un sinvergüenza llamado Abel Ortiz Argumedo, promovido y apoyado por la llamada "casta divina", poderosa oligarquía que aterrorizada ante la idea de que la Revolución le quitará definitivamente sus privilegios, decidió hacer la defensa de sus intereses intentando segregar al Estado de Yucatán del movimiento de renovación nacional.
Al levantamiento de Abel Ortiz Argumedo en Yucatán, Carranza lo designó comandante militar en ese estado a Salvador Alvarado. En marzo de 1915 entró vencedor a Mérida, tras haber derrotado a los rebeldes en Blanca Flor. La carrera política de Salvador Alvarado llegó a su cúspide cuando fue gobernador y comandante militar de Yucatán, de 1915 a 1918.
Fue entonces cuando se manifestó como un gran reformador social, tarea en la que encontró el apoyo de Felipe Carrillo Puerto. Entre otras cuestiones trascendentes que condujo durante su gestión transformadora, estuvieron:[]

Fundamental para el triunfo carrancista fue su contribución económica para el sostenimiento del constitucionalismo, al obtener importantes recursos de la agroindustria henequenera de Yucatán, mediante su gestión revolucionaria en tal estado. Fue entonces donde pudo constatar las injusticias cometidas en contra de los indígenas Yaquis, a los que se vendía como esclavos en Yucatán[
]El gran triunfo de Salvador Alvarado constituyó haber plantado la semilla del nuevo Estado Nacional en la península de Yucatán. Pues, marcó el origen del Estado Social de Derecho al fundar una política de concertación entre gobierno, empresarios y trabajadores. Igualmente, pretendió poner fin a la política caciquil de compadrazgos y favoritismos, y que en su lugar se impusiera una serie de prácticas basadas en el ahorro del esfuerzo, en la línea de menor resistencia, en una palabra: en la eficiencia administrativa

Gral. Salvador Alvarado

 

Después de su gobierno

En 1917 fue designado comandante militar para buena parte de la Región del sureste y del Istmo, con lo que aumentó enormemente su poder político-militar, al grado de que muchos lo consideraban presidenciable para 1920. Como primer paso para una posible campaña de ascenso en el ámbito político nacional, en 1919 fundó el periódico el Heraldo de México, como un evidente intento de dar apoyo a su aspiración. Solicitó después su licencia del Ejército, pero ante la negativa del permiso y por su mala relación final con Venustiano Carranza y con Álvaro Obregón, se vio en la necesidad de exiliarse en Estados Unidos.
En enero de 1916, Salvador Alvarado, organiza el primer Congreso Feminista celebrado en la República Mexicana del cual se derivaban algunas conclusiones que hoy todavía parecen inalcanzables en términos del propósito igualitario hacia la mujer

 

Felipe  Carrillo Puerto
(n. Motul, 8 de noviembre de 1872 - Mérida, 3 de enero de 1924) fue un político, caudillo y revolucionario mexicano, gobernador de Yucatán postulado por el Partido Socialista del Sureste. Es conocido en Yucatán y en todo México por las obras de tipo social y educativo que llevó a cabo durante su gobierno revolucionario, además de su compromiso con el bienestar de los indios mayas y su enfrentamiento con los hacendados del estado. En 1923 es derrocado por los rebeldes de la Huertistas que intentaban hacerse con el control del país, y que llegaron a dominar Yucatán, para impedir que el presidente Álvaro Obregón impusiera a Plutarco Elías Calles como su sucesor en la presidencia de la república, como finalmente ocurrió. Es fusilado el 3 de enero de 1924 en el cementerio general de Mérida (Yucatán), junto con 11 personas, entre ellas 3 de sus hermanos. En 1927 el "Apóstol de la Raza de Bronce" fue declarado benemérito de Yucatán por el H. Congreso del Estado de Yucatán.
Poco antes de morir, en 1923, su vida personal cobró un matiz romántico al vincularse sentimentalmente con la periodista estadounidense Alma Reed, que a la sazón era corresponsal del New York Times en Yucatán. Este vínculo se hizo más conspicuo por efecto de la canción Peregrina que el líder yucateco encargara al poeta Luis Rosado Vega y al compositor Ricardo Palmerín, quienes se inspiraron en la periodista estadounidense para producir la famosa melodía.[]
Fue el segundo de 14 hijos del matrimonio formado por Justino Carrillo y Adela Puerto. Aún no cumplía la mayoría de edad cuando fue encarcelado por exhortar al pueblo maya a derribar una cerca, construida para impedir el paso de los indígenas por los hacendados en Dzununcan, si bien fue liberado prontamente.[] Desde pequeño aprendió el idioma maya yucateco y la relación que tuvo con los indígenas de ésta raza durante su vida le hizo que se le considerara un verdadero apóstol de ellos.
En la elección de 1909 para gobernador de Yucatán Carrillo Puerto apoyó la candidatura de Delio Moreno Cantón para la gubernatura de Yucatán, en contra del miembro del Partido Antireeleccionista (Maderista), José María Pino Suárez y del porfirista Enrique Muñoz Aristegui, quien resultó triunfador.[] Trabajaba entonces Carrillo Puerto como periodista en la Revista de Mérida de Carlos R. Menéndez de quien fue amigo y colaborador, aunque después se distanciaron.
Al triunfar la insurrección encabezada por Francisco I. Madero, por la que se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez, en que Porfirio Díaz renunció a la presidencia, Carrillo Puerto volvió a apoyar a Moreno Cantón contra Pino Suárez. Durante la campaña, hubo un enfrentamiento armado en el cual Carrillo mató a uno de los agresores, por lo que fue encarcelado. Durante su estancia en la cárcel Carrillo Puerto traduce la Constitución al maya, con el propósito de dar a conocer a los indígenas sus derechos.[] Al ser liberado por causa en 1913 por causa del levantamiento de Venustiano Carranza, va al sur a unirse a las tropas zapatistas[]
Carrillo Puerto trabajó entonces en la Revista de Yucatán, proyecto periodístico de Carlos R. Menéndez que siguió a la Revista de Mérida. Este segundo periódico fue clausurada por el gobernador Eleuterio Ávila (aunque la elección había sido ganada por Pino Suárez, éste había asumido la Vicepresidencia de la República invitado por Francisco I. Madero). Tanto el director del periódico como Carrillo Puerto se exiliaron en Nueva Orleáns, donde éste trabajó como estibador.[]
En 1914 regresa a México y al año siguiente el 23 de enero de 1915 se une a los zapatistas. Con el propósito de hacer cumplir con lo postulado en los artículos 6 y 7 del Plan de Ayala, se integra a la tercera Comisión Agraria del distrito de Cuautla, la cual tenía el propósito de deslindar y repartir tierras entre los campesinos.
Al llegar la revolución a la península con el gobierno del general Salvador Alvarado en 1915, regresa a su Yucatán y colabora en la Comisión Agraria creada por Alvarado para lograr el reparto de tierras. Por entonces su pensamiento ya se había radicalizado hacia el socialismo. Así, promueve el inicio de la sindicalización obrera en el estado de Yucatán y la difusión, en lengua maya, de los derechos de los ciudadanos.
Al entrar en vigor la Constitución mexicana de 1917 Alvarado se ve en la imposibilidad de sucederse a sí mismo en la gubernatura. Con este propósito en octubre de 1916 anuncia su intención de participar como civil en las elecciones de noviembre de 1917. Poco después, es declarado residente oficial de Yucatán y solicita una licencia como comandante militar de la región. No obstante, siendo sonorense y no habiéndose domiciliado en el estado durante un mínimo de cinco años seguidos, de acuerdo con la Constitución local, y con la renuencia de Carranza a apoyarlo en este intento, queda inhabilitado para el cargo de gobernador.
En 1917 Salvador Alvarado es nombrado por Carranza jefe de las operaciones militares en el suroriente de México para que supervisara las operaciones de las tropas carrancistas en Chiapas, Tabasco y el istmo de Tehuantepec, distanciándolo efectivamente de la política del Yucatán. Sin embargo antes de dejar el estado Alvarado establece el apoyo a la presidencia de Carrillo Puerto para la presidencia del Partido Socialista Obrero de Yucatán, y para la candidatura a gobernador de Carlos Castro Morales para las elecciones de 1918.[]Estas elecciones fueron ganadas por Castro Morales quien fue así el primer gobernador socialista de Yucatán.
Al triunfar el Plan de Agua Prieta llevado a cabo por los rebeldes obregonistas, por el cual se derrocó a Carranza en 1920, Carrillo hace un llamado desde el balcón central del Palacio Nacional en la Ciudad de México llamando al Partido Socialista Obrero de Yucatán a reorganizarse y de cambiar de nombre a Partido Socialista del Sureste. Con ésta redefinición los socialistas yucatecos inician una carrera ascendente que culminaría con la elección de Felipe Carrillo Puerto como gobernador de Yucatán, en noviembre de 1921.[


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El primero de febrero de 1922 rinde protesta de ley y su primer discurso como gobernador lo realiza en lengua maya. En él promete cumplir y hacer cumplir la Constitución Federal, la local y las resoluciones adoptadas en los Congresos Obreros de Motul e Izamal.[] Este hecho tuvo impacto a nivel nacional e internacional, como lo demuestra la presencia en ese acto del emisario soviético David Dubrowski, enviado de Lenin, quién participó en el Congreso de los socialistas.[] []
Durante su gobierno se repartieron 664 mil 835 hectáreas, con las que se beneficiaron más de 30 mil familias. Impulsó la construcción de caminos para unir a la población y facilitar el acceso a los centros arqueológicos, cuya restauración inició durante su administración. Fundó la Comisión Local Agraria. Socializó la producción de los ejidos.
Fijó el salario mínimo en la ciudad de Mérida. Promulgó leyes de Previsión Social, del Trabajo, del Inquilinato, del Divorcio, de Expropiación por causa de utilidad pública y de Revocación del mando público de los funcionarios de elección popular. Estableció los bautizos socialistas y las bodas comunitarias, así como la promoción del control natal. Creó cooperativas de producción y consumo; inició programas de socialización de la riqueza pública. Declaró de interés público la industria henequenera, reduciendo la producción de fibra e impulsó la Liga de Medianos y Pequeños Productores de Henequén, lo que representó un enfrentamiento directo con los hacendados henequeneros.
En materia educativa, destacó por la llamada educación racionalista, funda la Universidad Nacional del Sureste[] hoy conocida como la Universidad Autónoma de Yucatán, la Escuela Vocacional de Artes y Oficios, así como la Academia de la Lengua Maya. En el primer año de su gobierno se abrieron 417 escuelas públicas. Traduce al maya la constitución de 1917, (antes había traducido la de 1857).
Apoyó los derechos políticos de las mujeres para votar y ser electas, creando ligas feministas, y en su mandato las profesoras Rosa Torres y Genoveva Pérez fueron las primeras mexicanas en ocupar cargos de elección popular.[]
Todas estas acciones revolucionarias, si bien lo habían acercado de las masas campesinas y de los desposeídos de Yucatán, habían distanciado a Carrillo Puerto de los grupos oligárquicos que detentaban no sólo la economía de Yucatán, sino que se disponían a defender sus intereses de clase apoyados por grupos del ejército federal.
En 1923 apoyó la candidatura presidencial de Plutarco Elías Calles postulado por Álvaro Obregón para su sucesión. En ese proceso se gesta la rebelión de Adolfo de la Huerta que buscaba impedir la imposición de Calles y promover su propia postulación a la presidencia de la república. En Yucatán, a pesar del apoyo del gobernador Carrillo Puerto, se alinean fuerzas en favor de De la Huerta, que en combinación con los grupos militares de Campeche deciden perseguir al gobierno constituido en Yucatán de Felipe Carrillo Puerto quien no aquilató bien la correlación de fuerzas militares.

 

Sin armas con que luchar, Carrillo Puerto huyó a El Cuyo, donde esperaba recibir armas enviadas por su representante en Nueva York, Manuel Cirerol. Sin embargo al arribar allí, no habiendo llegado las armas, Carrillo Puerto tomó apresuradamente un barco alquilado por el señor Eligio Rosado. Cuando están en alta mar el barco hace agua y deciden regresar a la costa, siendo capturados el 17 de diciembre de 1923 en Holbox.
Son llevados a Tizimín y luego a la penitenciaría Juárez, para ser juzgados sumariamente por un tribunal militar y ejecutados en el cementerio general de Mérida el 3 de enero de 1924.[]
Sus últimas palabras antes de morir fueron "No abandonéis a mis indios"; sin embargo, estas palabras no se las dirigió a los soldados que lo fusilaron, sino al pueblo todo de Yucatán.
Al fusilar a Carrillo Puerto y sus tres hermanos y otros colaboradores que sumaban el numero sagrado de los mayas trece así como en la Biblia en el nuevo testamento y el número de comensales de la ultima cena. Sus nombres son;
1.- Felipe Carrillo Puerto
2.-Benjamin Carrillo Puerto
3..-Edesio Carrillo Puerto
4.- Wilfrido Carrillo Puerto.
5.-Manuel Berzunza
6.-Rafael Urquia
7.-Mariano Barrientos.
8.-Francisco Tejada
9.-Julián Ramírez
10.-Antonio Cortez
11.-Cecilio Lázaro
12.-Daniel Valerio
13.- Pedro Ruiz.
El asesino a sueldo de la Casta de divina: Ricardez Broca-
Ese día fusilaron la revolución en Yucatán.

Felipe Carrillo Puerto, hermanos y colaboradores después de fusilados

 

EL PRESIDENTE LÁZARO CÁRDENAS  EN YUCATÁN.

Primera parte de conclusión.
El presidente Madero fue un iluso más que ingenuo pues en 1910 prevalecía la ignorancia y pobreza en 90 % de la población y debido a que trato de  copiar el sistema democrático de los norteamericanos y no le funciono además de  rodearse de  enemigos del viejo régimen amen  de perdonarles la vida, creyendo  ganarse su voluntad.
También cometió el mismo error de Iturbide que pateo a los que se fajaron para la Independencia de México.
Como sea también la historia se ha portado mal con otros mártires en caso de Madero, Pino Suarez también es un mártir así como *Gustavo Madero y así como Carrillo Puerto y acompañantes de viaje el 3 de enero de 1924,
O sea el presidente Madero quería maquillar un porfirismo a lo americano pero un indio (Huerta) le dio muerte junto con su Vicepresidente *José María Pino Suarez. En Yucatán Felipe le fue mal por  su ideología no podía caer bien un socialista ,que ya desde entonces se combatía ferozmente en los E.E.U.U. y  también posiblemente por tal motivo no se intereso por los cambios de la burguesía de Yucatán que aquellos tiempos tenían un peso recocido a nivel de Estado Unidos de América.
Felipe Carrillo Puerto fue otro iluso que pensó en desplazar a la bautizada burguesía yucateca por Alvarado como la *“casta divina.”
Fue hasta 1905 cuando Carranza lo nombro comandante de la zona sureste al sinaloense Salvador Alvarado para tomar Yucatán, y derrotar al ejército que compro la casta divina Abel Ortiz Argumedo  que fue derrotado en
Blanca Flor.  Fue gobernador y comandante de Yucatán de 1915 a 1918 Al entrar en vigencia la Constitución ya no podía seguir siendo gobernador aunque renuncio a su cargo militar para poder elegirse.
Por fin en tiempos de Álvaro Obregón subió Carrillo Puerto  pero para gobernador  Obregón se las veía negras para que E:E:U:U: lo recozcan ,previamente ya habían invadido Veracruz para presionar la caída del Chacal Huerta o el General Rompope como también se le conocía, así que también su atención estaba centrada en próximas elecciones y su candidato era Plutarco Elías Calles además de De la Huerta  que se encontraba en Veracruz
Tenía centrada su política hacia el  dominio hacia el sureste que de camino era estratégico por esa región recibía armas.
Sea como sea para no variar un militar tomo el poder del Estado de Yucatán el coronel Ricardez Broca y los de las casta divina aprovecharon ese espacio y la debilidad y el estado de indefensión  y juntaron una buena cantidad de dinero y le compraron su vida y la algunos seguidores más cercanos ,pagaron bien para eliminar a Felipe y su familia así como sus amigos, qué fueron compañeros del viaje al inframundo 
El Instituto que todavía pervive de luchas revolucionarias y fundadas durante el periodo de Felipe Carrillo Puerto es la actual Universidad Autónoma de Yucatán.
Han desaparecidos empresas locales estratégicas y parte del proyecto original como son Ferrocarriles de Yucatán, Cordemex, Banco Rural, la SEP retrocedió entre los hechos más importantes.

El periodo postrevolucionario
El periodo postrevolucionario o la aparición Primero del Partido Oficial y desde 1977 el comienzo del multipartidismo.
El Partido Nacional Revolucionario ( PNR ) surge en 1929 como un partido de corrien­tes, de fuerzas políticas distintas pero afines, provenientes del movimiento de 1910.durante el régimen durante de Plutarco Elías Calles Fundación del PNR (1929-1938)   Cardenas lo transforma en el Partido Revolución Mexicana ( PRM)  (1938-1946)
 Un tercer cambio de siglas el PRN este se transformación final del PRI cuando comenzaba su periodo Miguel Alemán Valdés.
El sistema de partidos y la afirmación de la pluralidad política tienen su impulso definitivo con la reforma electoral de 1977. A partir de entonces se encauza la resistencia política por la legalidad y los partidos son reconocidos en la Constitución como entidades de interés público.
Asamblea Constituyente del PAN en 1939
Partido Acción Nacional fue fundado para contrarrestar el comunismo de Lázaro Cardenas.

PRD, Fundación

El PRD se fundó en la Ciudad de México, el 5 de mayo de 1989 y fue fundado por los expriistas Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo, e Ifigenia Martínez entre otros y miembros históricos de la Izquierda como Heberto Castillo, Gilberto Rincón Gallardo, entre muchos otros políticos de la izquierda mexicana.
En el PRD confluyen dos corrientes de la izquierda histórica mexicana. Por un lado, una corriente que proviene de la tradicional "familia revolucionaria", representada por la izquierda del PRI, que gobernó en México de forma ininterrumpida de 1929 al año 2000. La otra corriente que confluyó en el PRD es la izquierda socialista mexicana, cuyos orígenes están en el Partido Comunista Mexicano
Hay otros Partidos pero son reductos o rellenos de los tres partidos fuertes:
Segunda conclusión.
Al cumplirse el próximo año el inicio de un movimiento social importante de México, no se ha  podido, mantenerse el crecimiento deseado y eso se debe no un factor sino a una serie de factores que se han estado agravándose con el paso del tiempo uno de los principales fue el alineamiento y demasiado dependencia hacia  nuestros vecinos del norte y que muchos historiadores le achacan el comienzo al “cachorro de la revolución” ¿saben por qué le pusieron así como lema de campaña a Miguel Alemán Valdés?   Se lo dejo de tarea. Por otra parte fue la corrupción de los políticos que nada más veían durante 6 años decían como ese rey de Francia “después de mi le diluvio” por otra parte como en la novela de italiano Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa y Duque de Palma di Montechiaro El Gato Pardo los revolucionarios fueron infiltrados por los eternos ultraderechistas al apetecible partido oficial en Yucatán es famoso el grupo de “la corporación de estudiantes mexicanos” que se reunían en la calle 62 y entre las cosas más escandalosas que cometieron fue una invasión tipo Orson Welles tipo la Guerra de los mundos, a la Universidad de Yucatán.
Por último pongo la lista de gobernadores desde el inicio y consumación de la revolución y claramente se nota varios aspectos como es la imposición del centro de acuerdo a las ideologías o tendencias. La inestabilidad es una característica incluso en los últimos tiempos, mucho gobernador interino  y por último la tribu azul se despedazo al estilo, PRD Al grado que tienen ya miedo de “perder la JOYA de la Corona
Lista de gobernantes de Yucatán desde la consumación de la revolución hasta el momento actual.

Siglo XXI

 

Notas anexas
*Enrique Semo
Otro tema que Enrique Semo ha desarrollado es la historia de la izquierda mexicana desde 1950 a nuestros días. La tesis central de sus investigaciones postula que la izquierda parte inseparable del sistema político, es una posición y una práctica en la política que se propone luchar contra los privilegios y la desigualdad sociales. Evoluciona y se transforma respondiendo a los cambios de éste, y su desarrollo sólo puede comprenderse en el marco de esos cambios. Sobre esta materia publicó cinco libros: Viaje alrededor de la izquierda, Editorial Nueva Imagen, México, 1988; Entre crisis te veas, Editorial Nueva Imagen 1988; Crónica de un derrumbe. Las revoluciones inconclusas del Este, Editorial Grijalbo, México 1991; La búsqueda I. La izquierda mexicana en los albores del siglo XXI; Editorial Océano, México 2003; La búsqueda II. La izquierda y el fin del régimen del partido de Estado, 1994-2000, Editorial Océano, México, 2005. El primero de estos libros analiza la historia de las organizaciones de izquierda en los años setenta y principios de los ochenta. El segundo es una aproximación a sus diferentes corrientes de pensamiento. Crónica de un derrumbe es el fruto de un año de investigaciones de campo sobre la caída del socialismo en Europa del Este. Los dos últimos tratan sobre la izquierda contemporánea en el país. :
Diccionario Enciclopédico Porrúa.
Historia Biografía y Geografía de México, Porrúa
Cuaderno conmemorativo del 175 aniversario de la Independencia Nal. Y 75 aniversario de la Revolución Mexicana, 1985

*Henry Lane Wilson (Columbus, Nuevo México; 1859 – 1932) fue un abogado, publicista y embajador de Estados Unidos de América en México durante las presidencias de Theodore Roosevelt y William Taft; reunió en la sede diplomática de ese país a Victoriano Huerta y a Félix Díaz para firmar el Pacto de la Embajada que culminó con el derrocamiento de Madero y la llegada de Huerta al poder. Luego, en 1913, destituido por el presidente Woodrow Wilson, se retiró a Nuevo México.
El diplomático estadounidense se involucró en los asuntos internos de México para defender los intereses de los inversionistas y empresarios de su país, a quienes el gobierno de Porfirio Díaz había otorgado concesiones y privilegios para explotar los recursos de México. La conspiración patrocinada por Henry Lane Wilson concluyó el 22 de febrero de 1913 con los asesinatos del presidente Madero y del Vicepresidente Pino Suárez. La crisis de 1929 lo dejo en la ruina y 3 años después murió envenenado, en 1932, a la edad de 73 años.
Enciclopedia Wikipedia.
*La Casta Divina
La época a que me refiero, corresponde a la posterior a la llamada guerra de castas de Yucatán (Nelson Reed, "La guerra de castas de Yucatán") que había mermado considerablemente a la población indígena de esa región, por lo que fue necesario importar indios de otras regiones del País, así como también coreanos, mulatos y algunos chinos. Al estallar la revolución mexicana en 1910, Yucatán se mantuvo al margen de dicha guerra y continuó disfrutando de un gran auge y prosperidad económica, hasta que en el año de 1915, fue enviado a Yucatán un general revolucionario llamado Salvador Alvarado. Este "héroe" de la revolución, llegó a Mérida (capital de Yucatán) manifestando un profundo desprecio por quienes integraban el grupo de industriales que fomentaban el henequén, habiéndolos tachado de esclavistas y bautizándolos como la casta divina.
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¿Existe la casta divina en Yucatán, hoy en día?
Algunas miembros se han vuelto de algunas compañías gringas u otras transnacionales pero a cambio han permitido la entrada  de capitales foráneos  y eso lo ha desplazado por que son más ricos por un lado o se han aliado a otra minoría étnica que fue rechazada hace casi 100 años (cien años de soledad) que se han apropiado del mercado yucateco cuando era cautivo y que ahora los han aceptado en su exclusivo club campestre, todo por el maldito $$$ Por otra parte han tenido que permitir la entrada de numerosas sectas cristianas que poco a poco se están comiendo al clero católico y por último se han dividido el pastel y muchos de ellos se han vuelto del partido aborrecido y diabólico de la revolución y les ha ido muy bien $$$ y los mayas esperan la aniquilación total de dzul (extranjero) por medio de su auto exterminio y como marcan sus códices las desaparición de la vida del planeta por contaminación, por drogadicción ( el origen del tabaco y cocaína son de origen americano, pero del Continente americano) la comida chatarra, el sexo tipo Gomorra, televisión, telenovelas  y la política. Etc. Y eso ya está en progreso o proceso avanzado y al parecer irreversible.
Yahoo, Tribuna libre

José María Pino Suárez, 1869-1913

Biografías

Abogado, originario de Tenosique, Tabasco. Al terminar su carrera marchó a Yucatán, para ejercer su profesión. Dirigió el periódico El Peninsular.
Abogado, originario de Tenosique, Tabasco. Al terminar su carrera marchó a Yucatán, para ejercer su profesión. Dirigió el periódico El Peninsular.
Afiliado al Partido Antireeleccionista, participó en la campaña política de Francisco I. Madero. Organizó los grupos de oposición de Tabasco y de Yucatán y participó en las negociaciones de los Tratados de Ciudad Juárez. Al estallar la revolución, se le nombró, desde Nueva Orleáns, Estados Unidos, gobernador provisional de Yucatán, cargo que ocupó del 5 de junio al 8 de agosto de 1911.

      Candidato después a gobernador constitucional, ejerció el poder del 7 de octubre al 13 de noviembre del mismo año, cuando dejó ese puesto a su cuñado para ir a la ciudad de México a ocupar la vicepresidencia de la República, cargo que ocupaba de manera simultánea al de ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, cuando fue obligado a renunciar en febrero de 1913.
      Murió asesinado junto con el presidente Madero en la ciudad de México.

Fuente: Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México
Cortesía de Editorial Porrúa Hermanos, S.A. de C.V.

Gustavo A. Madero, 1875-1913

Biografías

A pesar de las continuas advertencias que Gustavo le hizo a su hermano  el presidente Madero sobre la traición de Huerta, don Francisco nunca le prestó atención y la tarde del 18 de febrero los dos hermanos Madero, José María Pino Suárez y el general Felipe Ángeles fueron aprehendidos en distintos lugares de la ciudad de México. Esa noche, Gustavo fue trasladado a la Ciudadela y ahí fue brutalmente asesinado.

Fuente: Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México
Cortesía de Editorial Porrúa Hermanos, S.A. de C.V.

Bibliografía

Referencia bibliográfica a los siguientes cinco títulos (Biblioteca del Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana):

 


 

Mérida sigue siendo la esfinge incluso con destacados intelectuales mexicanos


Sino analicen la respuesta de un artículo tomado de una entrevista televisiva específicamente Tercer Grado de televisa que pasa todos los miércoles en el “canal de las estrellas” el artículo periodístico se publico en el diario de Yucatán con   fecha  14/05/2010 con el siguiente  titulo Aguilar Camín: Se exagera la violencia en México
El analista cuestiona el manejo que la prensa da al tema.


En un momento de la discusión, Carlos Marín llamó “meridenios” a los habitantes de la capital yucateca y fue inmediatamente corregido por Héctor Aguilar Camín: “Emeritenses. (Ellos) son muy serios en eso...”. El director del periódico “Milenio” preguntó sorprendido: “¿Emeritenses? ¿Con 'e'?. Pues que le quiten la 'e'. Viven en Mérida, no en 'Emérida'”, se defendió. Marcos Aguilar.

Yo convoque en Yahoo groups, a un concurso sobre los gentilicios de las Meridas y todos contestaron correctamente Mérida España se le llama emeritense por aquello que durante el Imperio Romano se construyo una ciudad para los soldados retirados o eméritos y se llamo Augusta Emérita.
Para los de Mérida Venezuela, merideños y para Mérida Yucatán, meridanos.
Comentarios de
Serpienteenplumada@prodigy.net.mx

 


 

 (Comentarios al libro la segunda muerte de la revolución Mexicana de Lorenzo Meyer)


Gracias a la Internet podemos efectuar interacciones sobre múltiples escritores del mundo incluso en otros idiomas. Dr. Rafael Yates Sosa.
En negrita comentarios de Rafael Yates Sosa.
De entre las actividades humanas donde la perfección es más difícil de alcanzar, la política tiene uno de los primeros lugares.
Critica Política circunstancias sobre las formas y razones que llevaron a su final, no es la primera vez que la revolución mexicana se ha dado por concluida.
Afirmar hoy que la revolución mexicana ha muerto, no representa ni mucho menos un intento de devaluar el significado de la lucha y del enorme costo que en su momento pagaron muchos mexicanos, si no constatar un hecho evidente y ante el cual cada uno de nosotros está obligado a asumir una postura.
Las instituciones y políticas nacidas de la gran guerra civil del segundo decenio del siglo y de las reformas que le siguieron y culminaron en el cardenismo, evolucionaron posteriormente en una dirección y con un propósito que finalmente poco o nada tiene ya que ver con las metas que propusieron los líderes de los movimientos que derrocaron al régimen porfirista en 1911 para construir uno nuevo y en el que hoy vivimos.
Para cualquier observador medianamente objetivo informado de la escena mexicana actual resulta obvio: que el modelo y la lógica que dan sentido a la política actual de la élite del poder mexicano, poco o nada tienen que ver ya con el movimiento que estallo en 1910 en nuestro país, y si mucho con algo más reciente: El rotundo triunfo político y económico a nivel mundial de los sistemas capitalistas industriales sobre sus rivales socialistas.
Practicas centrales del mundo mexicano del poder desde los años cuarenta dejaron de ser validos.
El examen de las facetas de la crisis del modelo económico y político postrevolucionario, es decir, del que surgió en los años cuarenta basado en la industrialización sustitutiva de importaciones con apoyo y participación del estado, y en la limitación sistemática del juego político democrático y plural mediante la acción autoritaria de un partido de estado. Esta forma de desarrollar la economía y hacer política dio a México una notable estabilidad dentro de un marco político autoritario, pero el conjunto quedo agotado al principiar el decenio de los ochenta. Y la forma en que la élite del poder enfrento tan grave situación desemboco, entre otras cosas, en la segunda muerte de la revolución mexicana.
Por un lado, el reclamo de la democracia política frente al autoritarismo imperante: La demanda original formulada por Francisco I. Madero en 1910.  En segundo lugar la exigencia de la democracia social como la vía para hacer imperar la justicia sustantiva en una sociedad históricamente caracterizada por una notable desigualdad en la distribución de la riqueza: la insistencia en la equidad y en la reparación de la injusticia histórica fueron el corazón del zapatismo y del cardenismo. Finalmente la defensa de la independencia frente a la fuerza de las tendencias a la integración y subordinación a los Estados Unidos. Por Carranza y Cardenas, lo que dio cuerpo y sentido al Nacionalismo Mexicano del siglo XX.  Ninguno de estos tres valores se hizo parte permanente de la realidad Mexicana ni se encuentra entre las verdaderas prioridades de quienes ahora dirigen la maquinaria política Mexicana.
La primera muerte de la Revolución Mexicana tuvo lugar hace poco menos de medio siglo. En 1943, Jesús Silva Herzog, sostuvo y fundamento la proposición de que la revolución Mexicana atravesaba por una crisis “extraordinariamente seria” cuyo origen y síntoma básico era la corrupción que afectaba al conjunto del proceso político; se trataba, afirmo de una crisis de orden moral “ con pocos precedentes en la historia” y de muy difícil solución. Cuatro años más tarde, otro académico, Daniel Cosió Villegas, dio un paso más allá y terminada la segunda guerra mundial,  concluyo que la revolución se encontraba ya” in articulo mortis.” Ya buen tiempo que no eran realmente buscadas por quienes tenían en sus manos las riendas del poder. La revolución Mexicana sin excepción habían resultado finalmente inferiores al gran reto que represento el movimiento que habían encabezado; las elites  no habían estado a la altura de sus responsabilidades.
. A  raíz de las circunstancias creadas por la segunda guerra mundial, la elite política de nuestro país derrochaba optimismo y seguridad  en sí misma bajo el liderazgo del “cachorro de la revolución”: Miguel Alemán. Fue entonces cuando los líderes mexicanos decidieron aventurarse a todo vapor por el camino de una modernización anárquica, por la vida de crear una industria altamente protegida que sirviera y, sobre todo se sirviera, de un mercado interno cautivo y sometido a la implacable disciplina del partido de Estado.
“Milagro mexicano” asombrados por un crecimiento promedio del PIB del 6% anual. De ese supuesto milagro, insistieron en la existencia de otro: Que la revolución Mexicana seguía viva, y usaron enormes cantidades de recursos materiales y de oratoria para demostrar que el
proyecto político y económico era, ni más ni menos, la continuación de la Revolución Mexicana por otras vías
En el mundo bipolar de la guerra fría la elite mexicana, en particular la política, encontró extraordinariamente conveniente no identificar su estatismo con el socialismo a la soviética, ni su capitalismo con el modelo norteamericano sino insistir en la originalidad de una supuesta “tercera vía” de raíz autóctona: La Revolución Mexicana que supuestamente combinaba lo mejor de los grandes sistemas en pugna a la vez que evitaba sus defectos: La dictadura del partido o del mercado. Como el Cid Campeador, la Revolución Mexicana aunque ya muerta sigue ganando batallas para sus herederos, de Miguel Alemán a José López Portillo.
La segunda muerte de la Revolución Mexicana, la aparentemente definitiva, y que aquí se discute, llego cuando por un lado, se izo evidente la imposibilidad de superar el subdesarrollo teniendo como base empresas públicas y privadas indeficientes y corruptas dentro de mercados protegidos pero pobres. Esa muerte también llego cuando se hizo innecesario insistir en la “tercera vía” porque la bipolaridad de la guerra fría había desaparecido al perder el socialismo real su batalla frente al capitalismo neoliberal. En estas circunstancias, la elite mexicana pudo, por fin enterrar a su Cid y dejar de pretender que sus acciones y objetivos seguían inspirados por ese formidable pero distante levantamiento masivo, popular, que tuvo lugar en México al principiar el Siglo.
Particularmente en un país como México, donde la democracia política sigue siendo una mera posibilidad, y donde la desigualdad social  y el paternalismo selectivo se mantiene como un rasgo tan dominante como lo era hace dos siglos, cuando Alexander Von  Humboldt hizo su gran retrato de la Nueva España.
Posiblemente   los trescientos años del  lacayuno  novohispasno,  templo el carácter de los políticos casi todos criollos excepto Benito Juárez y Victoriano Huerta, y que de paso terminó con el símbolo de la Vicepresidencia, tan bien que  les funciona a nuestros vecinos.
En algunos estados aun no se “destetan “del timbre clásico de la monarquía usando la corona pomposamente o síndrome del padre ausente.
Los estados mexicanos se convirtieron en pequeños virreinatos controlando a los mismos el Símbolo de Rey y Tlatoani con banda presidencial pero cambian de rumbo a partir de 1848 cuando  perdimos la mitad del territorio  y de allí para el real se vive un amasiato torrentoso por algo nuestro nombre oficial es ESTADOS UNIDOS mexicanos; ahora vivimos bajo la sombra de tres Imperios, uno feudal ya desaparecido desde se dio la Independencia de México a partir de 1821 y otro moderno parido al termino de la Segunda Guerra mundial, es el Imperio más poderoso ,similar al Imperio Romano y que implanto la Política de Mercado y el consumismo galopante y la mala distribución de la riqueza.
El tercer Imperio que viene desde que Constantino El Grande en el 313 d.C  en Roma declaro la libertad de cultos pero haciendo oficial a la católica. En México ya produjo una cruenta guerra civil  contra LA REFORMA y que también se atribuye aliarse con el enemigo en la guerra México-E. E. U. U  y que ahora se encuentra  enfrascado con la invasión de sectas protestantes así como la unión civil de los gay y lesbianas así como la epidemia de pederastia de pedofilia y pederastia  nivel mundial.
En el  Caso de México lo más escandaloso a nivel mundial es el caso Marcial Maciel que tenía un alto cargo en el Vaticano y su caso vale por todos los casos antes mencionados que se han dado a conocer.
La maldición DEL NUMERO TRECE TAL VEZ SE LA CAUSANTE, LA LETRA M ES LA NUMERO TRECE DEL DICCIONARIO ESPAÑOL.
La letra M es la NUMERO TRECE DEL ALFABETO DE LA LENGUA ESPAÑOLA. México es el nombre que le dieron a la ciudad de Moctezuma que cayó oficialmente un 13 de agosto de 1521 Otros casos de la letra M son la traidora de la Malinche, en la independencia  Miguel Hidalgo. Morelos  y Matamoros en segundo Imperio Maximiliano; Miramón; Mejía, en Yucatán el Adelantado Montejo que tenía trece estrellas en su escudo y que por un juicio de residencia perdió toda su fortuna y de camino los restos del “mozo” se perdieron en la Catedral  de Mérida que tiene su número trece místico por que si cuentan desde el 25 de diciembre día de nacimiento de Jesucristo al día supuesto de la fundación de la ciudad, contaremos 13 días;  además tenemos el caso de los hermanos Madero  que fueron asesinados 1913 y uno de sus enemigos  fue Mondragón y entre la época contemporánea, los Madrazo  así como Miguel de la Madrid y Martha.
Mismos que están ligados a la muerte y mala suerte.

 

 

 

Historia de Yucatán de 1840 a 1846

ENCICLOPEDIA YUCATANENSE
CAPITULO XV
1840-1846


“Gobierno de D. Santiago Méndez.—D. Andrés Quintana Roo, enviado por Santa Anna a tratar sobre la reincorporación de Yucatán—Santa Anna decide someter por
la fuerza a Yucatán. Sucesos de la campaña—El Gral. Peña y Barragán cambia el teatro de la guerra a la costa norte de la Península.—Por el tratado de 14 de
diciembre de 1843 se restablece la paz y júranse las Bases orgánicas de Tacubaya.—
Santa Anna viola el tratado de 14 de diciembre y nombra Gobernador a D. José Tiburcio López. Inestabilidad política interior.—Nueva escisión de Yucatán; asume el gobierno      D. Miguel Barbachano. Elección de un Congreso extraordinario.—Santa Anna restablece el
federalismo, reconoce el tratado de 14 de diciembre de 1843
y Yucatán se reincorpora a México.

GOBIERNO DE D. SANTIAGO MÉNDEZ.—Llamados a figurar en un período de los más críticos de nuestra historia, al embate de azarosas contingencias, fueron los hombres que por entonces halláronse al frente de los destinos patrios. Triunfante el movimiento de Imán y hechas en julio las elecciones conforme a las normas federalistas, el Congreso se instaló el 20 de agosto de 1840, resultando electos Gobernador D. Santiago Méndez, y D. Miguel Barbachano, Vicegobernador, ambos nativos del puerto de Campeche; Méndez, hombre de carácter y talento, se había abierto paso hasta llegar a ser Vicegobernador al lado del Sr. Cosgaya, y distinguiéndose en la última revolución; Barbachano, recién vuelto de España donde se educó, sugestivo, culto, capaz, con dones para la política y que llegó a ser el portaestandarte de las aspiraciones yucatecas. D. Santiago Méndez entró al gobierno el 6 de septiembre de 1840, cumplidas ya las promesas de Imán de la abolición de las obvenciones, establecida en su lugar la cuota de un real al mes a todo varón de la raza indígena de los catorce a los sesenta años. Mientras que el gobierno de Bustamante declaró “facciosos” a los yucatecos, “piratas” sus embarcaciones y cerrados sus puertos, medida que en nada entorpeció el comercio exterior del Estado yucateco.
Gobernador Santiago Méndez. Yucatán. 1840, 1847 y 1855.

El Congreso creó una Comisión de reformas a la Constitución, presidida por el diputado y notable jurisperito D. Manuel Crescencio Rejón, conteniendo el proyecto, aprobado en lo general, importantes innovaciones, como la garantía de la libertad religiosa, establecida por primera vez en México, la abolición de fueros, algunos eclesiásticos, y la facultad de amparar en sus derechos a quienes fuesen perturbados en su goce por leyes o actos anticonstitucionales; institución jurídica que no se nacionalizó hasta la Constitución de 1857. Y expedida la flamante Constitución local, que no fue simple reforma, el 31 de marzo de 1841, el Congreso constituyente clausuró sus trabajos el 7 de abril, convocadas las elecciones del Congreso constitucional, que se instaló el 1° de septiembre.
No habían aún transcurrido dos años de la caída del nefasto centralismo, y ¡qué cambio entre aquella situación, que el Comandante militar Rivas Zayas esbozaba al Presidente de la República en el año de 1839, y la época que nos ocupa! Las actividades, reanudadas; el bienestar general, renaciente; los soldados,  ya libres los humildes naturales de ser arrancados de su tierra, como tributo de sangre del Mayab al sombrío Moloch de la discordia. Entonces surgió, si no es que antes se revelara, el anhelo de hacer aquella condición perenne, separándose de la Nación; idea popular incubada en varios años de régimen centralista, que fueron de exacción, de miseria, de arbitrariedad, iniciada por Carvajal, seguida por Toro, suavizada solo en su aspecto de tiranía bajo la administración de algunos gobernantes civiles; régimen que apoyado por el grupo conservador que políticamente ya se perfilaba, como una prolongación en el tiempo del “rutinero”, de los acaudalados, encontró viva oposición en el de cepa liberal, en otros elementos que más fácilmente movían a las masas populares, para atraérselas anhelosas de liberarse del reclutamiento militar. Y así, generalizándose el pensamiento, la Cámara de Diputados, cediendo a las exigencias públicas conformes a su propia inclinación, apoyó el plan de independencia y la decretó en octubre de 1841, sostenido por un grupo político que se fue formando en torno de Barbachano, mientras que por parte del Gobernador se formaba otro, en aquel momento, hostil a la separación de México, de tal modo que pasando el asunto al Senado ahí se detuvo, existiendo además un importante sector social que, confiado en el triunfo del federalismo en el resto de la Nación, no creía necesario aventurarse en el camino de la independencia, cohonestando su esperanza y su apego a la unidad nacional.
Y con relación a las condiciones en que se encontraba el país por los continuos pronunciamientos que, hasta entonces, Bustamante había podido sofocar, no fue así con el que provocó en Guadalajara el 8 de agosto de 1842, el Gral. D. Mariano Paredes y Arrillaga, proclamando, conforme a la esencia del “plan”, nada menos que la dictadura. Parecería que en aquel estado de desorden se buscara aquella áncora de salvación, a no haber habido propósitos aun más bastardos, maquinaciones que a distancia movía el fantástico y fatídico genio de Santa Anna, cuyo anhelo recóndito, bien que para algún ostensible, era llegar a aquel sistema para sí, para mandar él. Comandante militar en Veracruz, y encargado de organizar una fuerza destinada a Yucatán, se lanzó a la liza
en son de mediador armado, se movilizó sobre Perote y ocupó a Puebla, llegando a hacer conjunción sus fuerzas con las de Paredes por los aledaños de la capital, a fines de septiembre, de concierto con el Gral. D. Gabriel Valencia que se levantó en la Ciudadela. Y en una junta de la oficialidad, se acordaron las llamadas Bases de Tacubaya el día 28, fórmula del “plan” expresada en la ya rica y falaz literatura revolucionaria; cumpliéndose no al pie de la letra sino del pensamiento concebido, el propósito de llegar al poder por enésima vez, el próspero Gral. Santa Anna, quien, para el efecto, nombró a dos personas de cada “departamento”, residentes en México, quienes en junta, a su vez, le nombraron Presidente provisional, conforme a la 2 de dichas Bases.

D. ANDRÉS QUINTANA ROO, ENVIADO POR SANTA ANNA A TRATAR SOBRE LA REINCORPORACIÓN DE YUCATÁN.
Dueño Santa Anna de todo el país, faltábale uncir a su carro triunfal a la Península yucateca, a donde envió a D. Andrés Quintana Roo a procurar su reincorporación, llevando por secretario a D. José Miguel Arroyo. Cordialmente recibido por sus conterráneos el ilustre prócer de la independencia nacional, presentó al Gobernador sus credenciales el 4 de diciembre, y fijando el Congreso las condiciones de algún avenimiento, fueron comisionados D. Miguel Barbachano y D. Juan de Dios Cosgaya para tratar con el Sr. Quintana, presentándole sus puntos de vista en la primera reunión efectuada el 17 de diciembre con sigue: Que Yucatán no entraría en arreglo alguno en que no se reconociera, constitucionalmente, el derecho a su autonomía interior; determinar sobre materias religiosas; la no admisión de comandantes militares, organizando el Estado su propia milicia, que no podría ser sacada de él; sin que pudiera el gobierno general hacer levas o sorteos para servir en mar o tierra; establecer los aranceles de sus aduanas, administrarlas y aprovecharse de sus productos, obligándose a contribuir proporcionalmente a las verdaderas y no ficticias urgencias del erario nacional, y se reconocían las leyes que libremente dictase un Congreso elegido en toda la Nación; puntos básicos establecidos el 12 de marzo del mismo año para cualquier arreglo. El Sr. Quintana representó acremente por una supuesta alianza con Tejas, arguyendo los otros, con vista del expediente respectivo, que no existía tal alianza sino arreglos para comprar unos buques, si Yucatán los necesitase, y que si frecuentaban barcos tejanos los puertos, era sabido que Yucatán, amagado de una invasión, tenía el derecho de proveer a su defensa, y que si se ratificaba el acuerdo a que se llegase, se suspendería toda relación con Tejas. Y en cuanto a la no admisión de comandante militar, hízose ver lo funestos que habían sido, desde el propio Santa Anna, Codallos, Carvajal y Toro, resolviéndose que el mismo Gobernador desempeñara el cargo.
Las bases expuestas quedaron comprendidas en un tratado que se firmó el 28 de diciembre de 1841, agregándose: que Yucatán podría introducir libremente sus productos en los puertos nacionales; que no habría más que enganches voluntarios para el ejército y la marina, y que el Estado formaría, como parte del ejército de línea, un batallón ligero fijo, sin poder emplearse fuera de su territorio, cuyo jefe nato sería el Gobernador, con sujeción en lo relativo al Gobierno general, que se obligaba a reclamar por los insultos inferidos a los guardacostas que Yucatán se reservaba el derecho de mantener, cuyo armamento se obligaba a proporcionar, a fin de tenerse las costas en buen pie de defensa; que el contingente pecuniario del Estado serían las erogaciones del sostenimiento de sus propias fuerzas, lo que le correspondiera en el pago de la deuda extranjera, y los gastos que en tiempo de la federación eran a cargo de ésta y que después satisfacía el Estado. Concurrir éste a la formación del Congreso con sus diputados, restableciéndose la unión y las relaciones fraternales de ambos pueblos; acordándose que la Suprema Corte de Justicia dirimiría cualquier duda sobre la inteligencia del convenio, que fue firmado y refrendado por los secretarios, Sr. Arroyo, por México, y D. Justo Sierra O’Reilly, por Yucatán.
Ratificado el arreglo por el Congreso de Yucatán, no corrió la misma suerte en México, sino que Santa Anna lo rechazó, expresándose al Gobierno del Estado, que éste se ostentaba como una nación soberana que trataba con el resto de la República; no como parte integrante de ella, sino como aliada. Llegando a Mérida el 12 de mayo de 1842, otro comisionado, D. Miguel Arechavaleta, con una nota oficial en que se manifestaba al Gobernador la no admisión del convenio de 28 de diciembre de 1841, requiriéndose, como condición previa para considerarlo, el reconocimiento de las Bases de Tacubaya como lo había hecho toda la Nación y el del Supremo Gobierno provisional establecido, sin restricción alguna; que se adoptase y cumpliese la convocatoria de 10 de diciembre anterior, para la elección de diputados al Congreso general, y que por un decreto formal se sometiera Yucatán de antemano a lo que el Congreso constituyente resolviere para constituir a la Nación, supuesto que sus representantes debían tomar parte en dicha asamblea; que se rompiesen las relaciones con Tejas, y que el portador de la nota, Sr. Arechavaleta, estaba autorizado para celebrar nuevos convenios si se quería.
Para poner en evidencia hasta qué punto alcanzaba la inconsistencia moral y mental de Santa Anna, basta tener presente que apenas llegaba a Mérida su comisionado Arechavaleta —12 de mayo—, con sus nuevas proposiciones y ya el día 7 había expedido un decreto atrabiliario, a fin de que no fuesen aceptados los diputados de Yucatán al Congreso constituyente, mientras no se sometiese a las Bases de Tacubaya, declarándolo enemigo de la Nación si no rompía sus supuestas relaciones con Tejas; prohibiendo a los yucatecos reconocer a sus propias autoridades, so pena de ser aprehendidos y juzgados, en donde se les encontrare. Aquello causó gran indignación, sobre todo, a quien había sacrificado sus propias convicciones en aras de su buena voluntad para volver a unirse a México. Habiendo sido Yucatán, acaso por su favorable posición geográfica y la distancia, la única parte que osó erguirse ante el déspota, contando con su sola fuerza, su moral y su decoro, impulsado por su fervoroso anhelo de libertad, sentimientos expresados en una airada protesta del Congreso, el 2 de junio, como sigue:
Yucatán que aprecia la libertad y conoce sus legítimos y naturales derechos, consignados en la constitución que se dio en 1841, no obedece ni cumple el decreto del general D. Antonio López de Santa Anna, expedido en 7 del último mayo, por el que conmina a sus habitantes para que reconozcan y juren las bases del acta militar de Tacubaya. Yucatán protesta, sin embargo, recabar del Congreso constituyente que se ha de instalar el presente mes en la capital de la República, la aprobación de los convenios que celebró con el comisionado de aquel general en 28 de diciembre del año próximo pasado. Yucatán protesta que sí, como no es de esperarse, fuesen desatendidas sus justas solicitudes y las promesas determinadas en los mismos convenios, no por eso dará un paso retrógrado y humillante, cual pretende el general que dirige en la actualidad los negocios de la República, sino queda descansando en el valor y patriotismo de sus esclarecidos hijos y en los auxilios eficaces de la Providencia divina, que desde ahora implora, marchará con firmeza, guiado de sus principios, para mejorar su suerte y afianzar sobre bases indestructibles su importancia política”.

 


SANTA ANNA DECIDE SOMETER POR LA FUERZA A YUCATÁN,
Y SUCESOS DE LA CAMPAÑA.
Días terribles fueron aquellos para la patria chica. El Gobernador del Estado había elevado una persuasiva y bien documentada representación para justificar la aprobación de los convenios celebrados con D. Andrés Quintana Roo, así el principal como dos accesorios; una sinopsis clara y reveladora de las condiciones políticas fluctuantes, a causa de la inestabilidad de los sistemas de gobierno establecidos, cual si se hubiese querido ensayarlos todos para quedarse con ninguno; condiciones a que la Península había sido arrastrada y de las que se quería evadir, mediante el establecimiento de firmes y perennes bases; pero fueron vanas las juiciosas peticiones, que las tiranías no tienen oídos para escuchar, ojos para ver, ni entraña para sentir. Como dice un sereno historiador de épocas luctuosas de Yucatán, a quien admiramos por su probidad, y cuyas escuetas exposiciones, sin llevarse de la imaginación, enuncian que: “si alguna vez el historiador de Yucatán puede asegurar que el Estado aceptó la guerra por necesidad, no habiendo sido su voluntad el preferirla con todas sus consecuencias a la paz, es sin duda al ocuparse de los sucesos de 1842.” El Gobierno general de México era el responsable de esa lucha, “en la cual Yucatán no hizo más que obedecer la ley suprema de su propia conservación, no hizo más que sostener con las armas en la mano los derechos que había sabido reclamar con toda legalidad.”
Se iniciaron las hostilidades con el apresamiento, en aguas del puerto de Campeche, entre las sombras de la noche del 5 de julio de 1842, del bergantín de guerra Yucateco, por un barco de la escuadrilla mexicana al mando del Cap. de Navío D. Tomás Marín. Súpose luego que en Veracruz se preparaba una expedición destinada a Yucatán, y entonces D. Santiago Méndez llamó al Vicegobernador a hacerse cargo del gobierno el 19 de julio, para ir él a atender las condiciones de defensa de la plaza de Campeche. Investido de facultades extraordinarias el Sr. Barbachano, llamó a las armas a todos los ciudadanos que se hallasen en condiciones de portarlas, respondiendo al llamado todos, con la ardiente convicción de que defendían la noble causa de su propia libertad. Nombrado jefe de las fuerzas armadas el Gral. D. Pedro Lemus, que había sido antes secretario de la comandancia militar, y sin más antecedentes que hallarse en Yucatán como desterrado por sus ideas federalistas; suponíasele simpatizador de la causa por que luchaba Yucatán.
El 22 de agosto la escuadra del mismo Marín, se presentó frente a la isla del Carmen con mil trescientos hombres de desembarque a las órdenes del Gral. D. Juan Morales, ante quien hubo de capitular con la corta guarnición a su mando el Comandante D. Clemente Trujillo, el día 29. La ocupación de la ciudad de Carmen levantó más el espíritu de los yucatecos, y excitada la opinión por los artículos de los periódicos y las proclamas del Gobernador, se organizaron guardias nacionales en todos los pueblos, hasta el número de seis mil hombres, armándose a todos los que se podía, mientras que las secciones del Oriente y de la Sierra, mandada por jefes que ya se habían distinguido, como Pacheco Gamboa y Revilla, se incorporaban con sus tropas; elementos que se destacaron entre Hunucmá, Sisal y otros lugares, en espera de ver por dónde venía el ataque. Mandando la caballería permanente el Tte. Corl. D. Claudio Venegas, veterano de la Independencia, quien por haber peleado en Zacatecas contra la dictadura de Santa Anna, había sido desterrado a Tabasco, de donde había pasado a Yucatán.
Por mediados de octubre, 1841, las fuerzas de Morales se trasladaron Champotón y a Seibaplaya, a donde llegaron luego unos tres mil hombres venidos de Veracruz al mando de los Grales. D. Vicente Miñón, D. Francisco Andrade y D. Matías de la Peña y Barragán; como General en jefe de la expedición, el Sr. Miñón. Mientras que por su parte, las fuerzas del Estado concentradas en Campeche, con las orientales de indios mayas, llegaron a contar cuatro mil quinientos hombres. El 10 de noviembre, ya reforzada a más de cinco mil hombres, la fuerza expedicionaria emprendió el avance sobre Lerma, punto que ocupó; y abandonados por órdenes del Gral. Lemus los fuertes de la Atalaya, la Eminencia y San Miguel, que protegían la plaza y el camino de Lerma, y que en manos del enemigo eran un peligro para ella, se apresuró a ocuparlas Miñón; y, todavía, para recuperar la Eminencia que había hecho desocupar, Lemus destacó una columna de mil seiscientos hombres de sus mejores fuerzas en las peores circunstancias, la cual cuando se hallaba a punto de lograr su objetivo, después de fuertes pérdidas, la hizo retirar, para sufrirlas mayores. Patente la traición, Lemus fue privado de la jefatura militar, que pasó al Corl. D. Sebastián López de Llergo y, tras una junta de guerra, no se le comprobó el cargo, siendo sólo expulsado de la Península.
La primera providencia de López de Llergo fue ocupar firmemente los barrios de Santa Ana y San Francisco, a fin de que no se colaran hasta ahí los invasores que, posesionados de la Eminencia, ya ocupaban el barrio de San Román; y entre los fuegos de artillería que se cambiaban la Eminencia y los baluartes, transcurrieron los meses de diciembre y enero de 1843, sin que uno u otro ejército progresara, pues los federalistas carecían de elementos bastantes para arrojar de sus posiciones al enemigo, y éste no podía tomar el recinto amurallado, pero ni aun extender su cabeza de playa de San Román. No ocurriendo más incidente en campo libre, que el avance hasta el pueblo de Chiná de una fuerza destacada por el Gral. Miñón para procurarse abastecimientos, y que acosada por el Corl. D. Manuel  Oliver y el Cap. Baledón, enviados por el Corl. López de Llergo en su contra, libraron dos cruentas acciones, con pérdida de unos doscientos hombres cada parte contendiente, entre muertos y heridos, pereciendo también el Gral. Andrade que mandaba la columna mexicana que se replegó a su cuartel de San Román. Mientras que, presa de indignación la gente de Campeche al ver caídos a muchos de los suyos en Chiná, al anochecer del día 13 de marzo, un grupo de hombres armados se hicieron abrir las puertas de la cárcel, donde se hallaban detenidas algunas personas, por sospechas los más de centralismo o de simpatizar con el adversario, siendo todos cosidos a puñaladas. Y notándose que en la causa porque se combatía, campechanos eran acérrimos enemigos de los de entre ellos mismos oponentes, de tal manera que los periódicos, con su apasionamiento, llegaban hasta a disculpar a los autores de los crímenes, en los que caerían también algunos ajenos al asunto, por sospechosos simplemente.
Y en tanto que en Campeche se presentaban espontáneamente secciones armadas de los pueblos, llevando provisiones para las fuerzas, en el campo opuesto cundía la deserción, el desaliento. ¡Cómo no había de prestar ayuda el maya, la humilde carne de cañón, repasando su triste vida, para librarse de ser conducido en cuerda a matar o ser matado sin saber por qué, a engrosar las filas del despotismo! ¡Quién sabe si no volverá el hombre, huyendo de mayores males, como fruto de su sapiencia, al punto de partida bajando por la escala de su mentida y frágil civilización, ayuno del sentido de espiritualidad que pueda hacer efectiva la fraternidad universal, náufrago en el abismo del mal y del dolor!

EL GRAL. PEÑA Y BARRAGÁN CAMBIA EL TEATRO DE LA GUERRA A LA COSTA NORTE DE LA PENÍNSULA
Seguramente insatisfecho Santa Anna de la inacción del ejército, fuerte en seis mil hombres y unas veinte piezas de artillería, detenido ante las murallas de Campeche, con una escuadra harto superior a la yucateca de que valerse, llamo al Gral. Miñón a México a fines de enero, quedando al frente de las operaciones el Gral. Peña y Barragán quien ante el fracaso de pretender quebrantar la puerta de Campeche para irrumpir al interior del país, decidió llevar la guerra a otro teatro, y embarcando el 15 de marzo —1843— a una buena parte de sus fuerzas en tres barcos, el bergantín Yucateco y otras embarcaciones de transporte, hizo levar anclas y tomar rumbo hacia la costa norte de Yucatán. Apenas observado el movimiento, que el Comandante en jefe de las fuerzas, D. Sebastián López de Llergo lógicamente esperaba, dejando el mando de la plaza al Comandante militar D. José Cadenas, tomó el camino de Mérida al frente de mil quinientos hombres, ya prevenidos al efecto, y haciendo su entrada a la ciudad entre las manifestaciones jubilosas del pueblo, pasó luego a colocarse estratégicamente en el pueblo de Conkal, en espera de ver por qué parte de la costa iba a efectuarse el desembarco, el cual ocurrió en el puerto de Telchac.
Violentamente, López de Llergo se dirigió entonces a Motul con su columna, y al recibir aviso de que el ejército invasor había avanzado hasta el pueblo de Telchac, suponiendo que desde este lugar pudiera colarse por el camino de Dzemul para ir a marchas forzadas sobre Mérida, regresó a Conkal, y con toda oportunidad, pues ya se había desprendido una fuerza rumbo a Dzemul, cuyo jefe al tener noticia del movimiento de la fuerza yucateca, contramarchó al pueblo de Telchac, en tanto que Peña y Barragán  avanzó a Motul, y el 9 de abril destacó quinientos hombres que al mando del Tte. Corl. D. Francisco Pérez, ocuparon a Tixkokob, mientras que el mismo Llergo llegaba con su columna al pueblo Nolo, donde expuso en junta de guerra de jefes y oficiales, que acababa de enterarse de una orden del Gobernador, dirigida a Conkal, a fin de que abandonando el punto pasara a Mérida; mas que, hallándose a una escasa legua del enemigo, la retirada parecería una huída, y que para determinar lo que hubiere de hacerse, si volver a Mérida o atacar, consultaba a sus compañeros, optando todos con él por el inmediato ataque. Este se desató al día siguiente, 10 de abril, sobre la plaza de Tixkokob, de las diez de la mañana hasta la 5 de la tarde, en que fracasado el intento se ordenó el repliegue a Nolo, considerando sin duda, como era obvio, el experto jefe, que estaría para llegar el Gral. Peña y Barragán con el grueso de su fuerza, ya que, hallándose su cuartel general a cuatro leguas de distancia, era de esperarse que se apresurara a prestar auxilio a su gente. Con una pérdida de ciento doce hombre entre muertos y heridos, los invasores, siendo algo mayor la de los atacantes, que se arrojaron al combate a pecho descubierto y sin más escudo que el de su derecho...
En la noche del mismo día llegó a Tixkokob el Gral. Peña y Barragán con el resto de sus fuerzas, y el 12 siguió su marcha a Tixpéual, y pasando por la hacienda Monchac siguió hasta la de Pacabtún, donde se acuarteló, y tan cercana a Mérida que se veían las torres de la Catedral y de otras iglesias, mientras que el Sr. López de Llergo, pensando en la amenazada ciudad, sin darse punto de reposo tomó el camino de Conkal, y siguiendo adelante llegó a ella en la tarde del día 12. Activáronse los preparativos de defensa, sobre todo, en los accesos de los barrios de Santa Ana a San Cristóbal, espectante intranquila la población, centro nervioso de la Península, ante el amago e inminente desencadenamiento del ataque, que no podía tener otra significación el precipitado avance de los invasores, hasta las goteras de la blanca ciudad. Así andaban las cosas cuando, el día 16, se presentó inopinadamente en una de las líneas de defensa, el Comandante de Zapadores Corl. D. Mariano Reyes, que llevado a la presencia del Sr. Llergo, acreditó su carácter de comisionado para entrar en arreglos de paz; a cuya pretensión arguyó el avisado jefe hallarse dispuesto a tratar después de que la fuerza invasora se retirara de su acantonamiento para situarse, por lo menos, en Tixpéual. Seguramente se hallaría en asaz malas condiciones el Sr. Peña y Barragán, pues sujetándose a la que se le imponía, el 18 de abril levantó el campo y contramarchó a Tixpéual; en tanto que Llergo, con toda celeridad, se trasladó con su columna al pueblo de Nolo; Tixkokob había sido ocupado desde antes por el Corl. D. Miguel Cámara, y las guerrillas de Corl. Gamboa quedando así dentro de un triángulo, toda la división enemiga.
Y en la situación en que se hallaba, sin duda falta de elementos de subsistencia, el jefe de las fuerzas yucatecas intimó a rendición, y hubo de capitular el Gral. Peña y Barragán con todas sus fuerzas el 24 del mismo mes de abril de 1843 en Tixpéual, aunque concediéndosele una capitulación honrosa: debía salir la división armada, entregando su parque de infantería, a excepción de dos paradas por pieza; dejar su artillería y parque correspondiente, salvo dos piezas, en Tixpéual a disposición del Gobierno de México, cuando se terminara la lucha, dándosele facilidades para adquirir los víveres que necesitase, por los pueblos del camino que en su retira haría en cuatro etapas, que eran Conkal, Baca, Telchac y Telchac puerto, a fin de embarcarse ahí dentro del término de diez días, pudiendo las fuerzas del Estado romper las hostilidades si transcurrido ese plazo aun no se hubiesen embarcado; lo que no se pudo hacer sino hasta el 26 de mayo, por retardo de los buques que mandó el Gral. D. Pedro Ampudia desde el día 11 de abril había llegado a Campeche, como jefe de la división sobre Yucatán.
Tras el éxito feliz de la campaña, el Corl. López de Llergo fue ascendido a general de brigada, en atención a los excepcionales servicios que prestó con sumo tacto, decisión y energía. Nuevamente se dirigió a Campeche, donde Ampudia, aunque parecía venir con ánimo de conciliación, había estrechado el asedio tanteando con el fuego de su artillería la fortaleza de la plaza que le correspondía con las baterías de sus baluartes e intentando entablar relaciones con D. Santiago Méndez, recabó éste la autorización de Barbachano que tenía a su cargo el gobierno. Y había razones para que Santa Anna anhelara la paz, que el resultado de la expedición que en mala hora emprendió, había sido desastroso. Después de haber destinado hasta ocho mil hombres a Yucatán; organizado una escuadra, e invertido varios millones de pesos, el fracaso había sido absoluto, ruda la humillación de la derrota. Y cuando ya se hubo tratado confidencialmente con Ampudia, a fin de dar forma a los términos convenidos, el general se dirigió al Gobernador para manifestarle que se hallaba en disposición de retirarse con sus tropas si el Gobierno del Estado enviaba a México a unos comisionados para tratar acerca de la reincorporación de la Península. Aceptada la proposición el 7 de junio se nombró a los Sres. Crescencio José Pinelo, Joaquín García Rejón y Jerónimo del Castillo para desempeñar la comisión, emprendiendo el viaje el 2 de julio, tan pronto como el Gral. Ampudia evacuó Campeche. El término de la guerra y de los sacrificios que imponía fueron celebrados en toda la Península con indescriptible regocijo.

POR EL TRATADO DE 14 DE DICIEMBRE DE 1843 SE RESTABLECE LA PAZ Y JÚRANSE LAS BASES ORGÁNICAS DE TACUBAYA.

No pocas dificultades tuvieron que vencer en México los comisionados, en el cumplimiento de su misión; hasta que el 14 de diciembre de 1843, como resultado de las conferencias habidas con D. José Ma. Tornel y Mendívil, Secretario de Guerra y Marina, facultado por el Presidente D. Valentín Canalizo en consejo de ministros, fue firmado el tratado, en el que se consignaban las principales garantías de lo pactado con D. Andrés Quintana Roo, de gobernarse Yucatán con absoluta autonomía en su régimen interior, del aprovechamiento de los productos de sus aduanas y de arreglar su hacienda pública conforme a sus intereses locales; de la conservación de su fuerza militar; de que no se sacarían tropas de Yucatán para otro departamento ni se enviarían otras a él, teniendo su gobernador la investidura de comandante general, dependiente con tal carácter del Presidente de la República; sin quedar tampoco obligado el propio departamento a contribuir con ningún contingente para el ejército, y en cuanto al ramo de Marina, sí contribuir en proporción con los demás departamentos; todo esto último en pie, salvo el caso de guerra extranjera; que los concordatos de México y la Santa Sede regirían en Yucatán. Estableciéndose también que los productos naturales e industriales de Yucatán y los del resto de la República, serían recibidos en una y otra parte, pagándose los derechos establecidos en el puerto en que se introdujeran; así como que el Departamento reconocía al gobierno provisional en la plenitud de su constitución conforme a las llamadas Bases Orgánicas que sancionó la Junta nacional legislativa el 12 de junio de 1843, aceptándose, en consecuencia, el sistema, fórmulas y modalidades de la nueva creación político-fantástica de aquel hombre fuerte que se lleva la primacía de todos los que hasta el presente ha tenido el país.
Vinculada la provincia al carro del centralismo, hubo de contemporizar, que al menos había logrado la afirmación de sus derechos conquistados con las armas, y vio la jura de las Bases Orgánicas, sin duda hecha con reservas mentales, por sus más dignos repúblicos, Méndez y Barbachano, Cosgaya y Sierra O’Reilly. Y en el nuevo orden, el Estado era ya departamento, al Congreso sustituía la Asamblea Departamental, algo como la Diputación  provincial o la Junta Departamental, de la Constitución de Cádiz en 1812, y de las Siete Leyes de 1836. Ya entonces había vuelto D. Santiago Méndez, desde mediados de noviembre a encargarse del gobierno, al ver perderse en la línea del horizonte las últimas naves con el resto de las fuerzas de Ampudia, y después de haberse hallado en Campeche sosteniendo y vigilando la moral de los combatientes. Asumiendo también el cargo de Comandante militar, con el grado de coronel de caballería. Y hechas las elecciones a que convocó para integrar la Asamblea departamental, se instaló ésta el 24 de marzo, electos los Sres. Miguel Barbachano, Crescencio José Pinelo, José Encarnación Cámara, Juan de Dios Cosgaya, Justo Sierra, Eulogio Rosado y Francisco Martínez de Arredondo.

SANTA ANNA VIOLA EL TRATADO DE 14 DE DICIEMBRE y NOMBRA GOBERNADOR A D. JOSÉ TIBURCIO LÓPEZ.
INESTABILIDAD POLÍTICA INTERIOR.
Pero Santa Anna, con aquella veleidad suya, apenas entraba en vigor el tratado aludido, expidió el 21 de febrero de 1844, una orden en que enumeraba los productos naturales e industriales de Yucatán admisibles en los puertos nacionales, cerrándolos a los demás, con el especioso pretexto de que podían no ser de la Península; de tal manera que entre éstos se contaban artículos como el aguardiente, el henequén, el azúcar, el tabaco, el maíz y los tejidos de algodón; así era, más que absurda, mal intencionada la relación, si se tiene en cuenta que el tratado expresaba comprendidas en la franquicia, las producciones naturales e industriales de Yucatán, de cualquier clase que fuesen,” siendo la atentatoria y flagrante trasgresión un golpe de muerte para la agricultura e industria peninsular, cuyos productos excedentes, cubierto el consumo local, se destinaban a la exportación. El gobierno protestó por la violación, mas vanamente, que nunca presidió la buena fe las relaciones del centro con la periferia, causando en las autoridades y en los elementos productores, enorme indignación esa actitud.
A poco de eso, Santa Anna designó como Gobernador de entre los propuestos en la terna, conforme a la norma centralista, a D. José Tiburcio López, que tomó posesión del cargo el 2 de junio de 1844. Entretanto que los diputados yucatecos gestionaban la abrogación de la consabida orden, sin lograr satisfacción a su demanda, ni a las del Gobernador. Y acaeciendo que en noviembre se había pronunciado en Guadalajara el Gral. D. Mariano Paredes y Arrillaga pidiendo la deposición de Santa Anna, que se extendió rápidamente hasta la misma capital, donde el Presidente Canalizo, interino, y hechura del dictador, ante el levantamiento dejó el gobierno en manos del Gral. D. José Joaquín de Herrera, a quien, como presidente del Consejo de Gobierno, correspondía el cargo. Ante él continuaron sus trabajos los comisionados yucatecos, resolviendo el Congreso nulo el pacto de 14 de diciembre, mas antes de que el Senado lo considerase, se rebeló en San Luís Potosí el Gral. Paredes y Arrillaga el 14 de diciembre de 1845, y triunfante el movimiento, el 3 de enero de 1846, se hizo cargo de la Presidencia el vencedor, contestándose a las gestiones que se hacían que el Congreso que se iba a convocar resolvería, y en eso andaban cuando les llegó la noticia de lo ocurrido en Mérida.

NUEVA ESCISIÓN DE YUCATÁN. ASUME EL GOBIERNO D. MIGUEL BARBACHANO. - ELECCIÓN DE UN CONGRESO EXTRAORDINARIO.
Y fue que ante el creciente descontento que el statu quo producía, cansada la paciencia, y acaso porque por el desorden político no había con quien entenderse, que apenas se instalaba un régimen gubernativo era derrocado por la revolución, unos conspicuos partidarios de Barbachano hicieron que la guardia nacional se pronunciase en la Ciudadela de San Benito por la escisión, con beneplácito de todo el mundo, el 31 de diciembre de 1845; formulando al otro día la Asamblea departamental en un decreto, las siguientes declaraciones: que cesaba la obligación, por parte de Yucatán, de reconocer al Supremo gobierno nacional; que reasumía la plenitud de todos sus derechos, para ejercerlos como considerase más conveniente, y que la propia Asamblea continuaría en sus funciones, usando de las facultades necesarias que demandaren las exigencias del pueblo y dictase las providencias conducentes a organizar su nueva posición, y para atender a su seguridad y a su defensa. El Gobernador no se avino a la nueva situación y presentó su renuncia, que la Asamblea aceptó, siendo substituido por el presidente de la misma D. Miguel Barbachano.
Y a fin de que el pueblo determinase la manera de constituirse, el 3 de febrero se lanzó la convocatoria para elegir a los diputados a un congreso extraordinario que resolviese tan importante asunto; en tanto que los comisionados en México se volvieron a Mérida con una nota del Gobierno de Paredes y Arrillaga, conminando a las autoridades a reconocerle en un término perentorio, contestándosele el 7 de marzo que Yucatán lo haría cuando se le garantizara la inviolabilidad del tratado de 14 de diciembre de 1843. Después, a fines del propio marzo, llegó a Mérida el Coronel de Ingenieros D. Juan Cano, con facultades de tratar sobre la vuelta de Yucatán a la unión nacional, y a solicitar trescientos artilleros y un batallón, y que se revocase la convocatoria de las elecciones al Congreso, negándose rotundamente el Gobierno a trato alguno si no era sobre la base del reconocimiento del tratado de 14 de diciembre.
El Congreso extraordinario se reunió el 22 de marzo, y lo primero que hizo fue designar a D. Miguel Barbachano Gobernador provisional, dedicándose luego a considerar lo más conveniente para organizar la nueva situación, dentro del sistema republicano, representativo y popular. Y para dar más firmeza a las declaraciones de la Asamblea, de 1 de enero, en propio carácter de cuerpo de elección popular, el 2 de julio decretó: 1º que no satisfacía al pueblo yucateco la contestación del Supremo Gobierno, dada con relación a la seguridad y firmeza del tratado de 14 de diciembre de 1843; 2º que en consecuencia, Yucatán continuaría en la posición en que se hallaba, en virtud del decreto de la Asamblea de 10 de enero corriente, de 1846; y 3º, que Yucatán protestaba del modo más solemne, que cuando la Nación representada por un congreso reconociere sus peculiares condiciones, o un gobierno cimentado estableciera garantías a la seguridad de los tratados, conforme a lo pactado; volvería a la unión nacional. Sin que Yucatán gozara de la tranquilidad y bienestar apetecidos por la nefasta actuación de los partidos políticos, especialmente el de D. Santiago Méndez del que hicieron causa regional sus partidarios de Campeche, que volvieron a revivir, con más ardor que nunca, su apasionamiento.

SANTA ANNA RESTABLECE EL FEDERALISMO. RECONOCE EL TRATADO DE 14 DE DICIEMBRE Y YUCATÁN SE REINCORPORA A MÉXICO.
Por entonces, la inestabilidad gubernamental a que aludían las exposiciones precedentes, se revelaba en el pretorianismo. El 20 de mayo, 1846, se sublevó la guarnición de Guadalajara, proclamando nada menos que la vuelta al poder del Gral. Santa Anna, no dejándosele disfrutar de su destierro de la Habana. Movimiento que secundado en Veracruz el 3 de agosto, y el 4 en México por el Gral. D. Mariano Salas, decidió a Santa Anna a embarcarse para Veracruz, y haciendo escala en Sisal escribió al Gobernador Barbachano reconocer el tratado de 14 de diciembre, si Yucatán se adhería al movimiento; dando ello lugar a que el Congreso extraordinario lo hiciera, mas a salvedad de que se reconociese la inviolabilidad de aquel pacto. Actitud que mereció la aprobación de toda la Península, a excepción de Campeche. Y en cuanto al inveterado y veterano dictador, sorpresa causa pensar que al llegar a México, se declara el 22 de agosto por la Constitución federal de 1824, que antes desgarrara con el filo de su espada.
Expidió el Congreso, el 28 de septiembre, la ley orgánica que regiría en la Península, en las condiciones existentes, con gran disgusto en Campeche; al punto de producirse el 25 de octubre un movimiento, ya no militarista como los desde el tiempo de Carvajal, sino al estilo de los antiguos populacheros de la época de D. José M León; mas esta vez portando armas los revoltosos, protestando no dejarlas hasta lograr la realización de sus propósitos, concretados en una junta general convocada, también cual las de antaño, por el Ayuntamiento, en la que se pedía, poner en vigor la Constitución de 1841, la reposición de unos concejales destituidos y la formación de una junta gubernativa que, en el acto nombrada, entró en funciones, substituyen sólo en la amurallada ciudad, de donde no salió el movimiento, a la autoridad legítima; en tanto que el Gobernador envió una fuerza a Maxcanú, y que D. Santiago Méndez salió a ejercer sus buenos oficios cerca de los ardientes e irreflexivos partidarios suyos, mereciendo la frustrada asonada la reprobación general.
En tales circunstancias D. Manuel Crescencio Rejón, ministro de Relaciones y Gobernación de Santa Anna, comunicó al Sr. Barbachano que haciéndose justicia al Estado —que de nuevo lo era— se reconocía en vigor el tratado de 14 de diciembre de 1843 y se derogaba la orden de 21 de febrero siguiente, que lesiva a l intereses económicos de Yucatán, había sido la manzana de la discordia. Cumplióse así en parte la condición del reconocimiento del pacto, y decimos en parte, porque la condición íntegra era que el reconocimiento lo hiciese un congreso que representara a un gobierno cimentado y estable; y desdichadamente en el caso nada de ello ocurría. El hecho fue que el Gobierno de Yucatán, que tenía todas las características de legitimidad por la manera de su formación, apoyado por toda la población consciente, salvo el distrito de Campeche que por diversidad política, por animosidad de campanario, era opuesto al partido que se hallaba en el poder, hubo de declarar por la voz del Congreso extraordinario, en decreto de 2 de noviembre de 1846, a reincorporación del  Estado, a base del cumplimiento del tantas veces aludido pacto.
No hay en nuestros anales más gallarda actitud que esa asumida por el gobierno del Sr. Barbachano, en los momentos en que la guerra con los Estados Unidos no era una amenaza sino una realidad; y hará siempre honor a Yucatán. Y para poner a Yucatán en consonancia con el régimen esta vez adventicio del Gral. D. Antonio López de Santa Anna, que restableció el federalismo y la Constitución de 1824, restableció también el Congreso la del Estado, de 1825; se derogó la aún tibia Ley Orgánica de 28 de septiembre del mismo año, que ya que no tenía razón de ser, y se dieron los pasos legales para irse amoldando a la nueva situación, clausurando el Congreso Extraordinario sus trabajos el 17 de noviembre. Y al cerrar el año en los últimos días de noviembre, echando un velo sobre los últimos sucesos de Campeche, el gobierno expidió, como llamando a la concordia a todos los yucatecos, un amplio decreto de amnistía.
Parecían cumplirse nobles propósitos, comprensivas inspiraciones, colocarnos en generoso plano de idealismo, volver a un orden político que nos retrajo a la época que siguió al Imperio de Iturbide, con la ley fundamental republicana; entonces de esperanzas lisonjeras que para mala ventura nuestra tantas veces hemos visto desvanecerse. Y algún rescoldo de esas risueñas ideaciones parecerían avivarse en los anhelantes pechos peninsulares, cual si saliesen de una horrible pesadilla, aunque momentáneamente fuese, en las aciagas condiciones en que la patria se veía, en el mayor de los infortunios que arrostrara: en que la guerra con un vecino poderoso y absorbente —que entonces no era “bueno”— el cual, ante el imperativo biológico de su propia expansión, aprovechándose para sus fines, acaso más por culpa nuestra que suya, de los errores y veleidades de un pueblo que, dentro de su heterogeneidad, no ha podido nunca llegar a constituirse, como si algún signo trágico pesara sobre sus destinos.

CAPITULO XVI
1847
Nueva rebelión en Campeche contra la reincorporación a México y por la neutralidad de Yucatán en la guerra con los Estados Unidos.—Desarrollo y triunfo de la rebelión que impacta la neutralidad.—Se descubre la trama de una rebelión indígena.

 


NUEVA REBELIÓN EN CAMPECHE CONTRA LA REINCORPORACIÓN A MÉXICO Y POR LA NEUTRALIDAD DE YUCATÁN EN LA GUERRA CON LOS ESTADOS UNIDOS.—Cerrando el año 1846, el 8 de diciembre, hubo otro pronunciamiento en Campeche (a escasos diez días de haber sido expedida una amnistía en favor de quienes de nuevo se levantaban) por juzgar inoportuna la reincorporación a la República, en razón a que la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica, a la que el gobierno de Barbachano arrojaba también a Yucatán, ocasionaría gravísimos perjuicios, males incalculables; mas no fue conforme con aquel criterio oportunista y seco, práctico y ventajista, el del genuino pueblo que, con el Gobernador Barbachano, su representante legítimo, había tomado por la vía de su decoro y de su honor.
El plan de aquel movimiento fue el de una deserción igual a la del soldado frente al enemigo, pues que comprendía, como principales, los conceptos siguientes:
“La unión de Yucatán a la República en las presentes circunstancias, sin ser de ninguna utilidad para la referida República, ni al mismo Yucatán, somete a éste a todos los males de
guerra con una nación poderosa que hasta ahora ha dispensado las mayores consideraciones este país, y que tiene los medios de reducirlo a la más espantosa miseria, con sólo impedir
exportación de sus propias producciones, único recurso que tienen para subsistir sus habitantes. Que el reconocimiento de la validez de los convenios de 14 de diciembre de 1843 no da ninguna garantía de estabilidad a aquel tratado, porque una dolorosa experiencia nos enseña, que nada, ni las personas, ni las instituciones, ni las más solemnes estipulaciones la han tenido ni la tienen en aquella infortunada República, que hoy mismo, y cuando más necesaria e indispensable le es la unión, se ve agitada por diferentes partidos políticos que alternativamente se unen los unos con los otros para derribar al que llega a prevalecer, y en seguida se dividen y continúan despedazando a la patria con la exageración de sus respectivas pretensiones. Que en tales circunstancias, Yucatán, que en caso de una guerra exterior, no puede recibir auxilio alguno de esa República, debe conservarse completamente neutral, tanto respecto de la presente guerra exterior, como de las disensiones políticas y civiles que continuamente la dividen y destrozan, hasta que consolidándose bajo cualquier orden de cosas, que de garantías de estabilidad, se reconozca constitucionalmente la validez e inviolabilidad de los convenios de 14 de diciembre de 1843; y entretanto gobernarse por sí mismo, con absoluta, aunque temporal independencia del Gobierno de México.”
Tal fue, pues, la médula del movimiento, y puntos accesorios fueron, establecer la vigencia de la Constitución de 1841, el nombramiento de un Consejo que en unión del gobernador ejerciese la administración, desconocer al Sr. Barbachano si en el término de quince días no aceptase el plan, y en tal caso, quedar designado Gobernador provisional el jefe político de Campeche, D. Domingo Barret, y reducir la contribución personal a real y medio mensual exceptuados únicamente los que sirviesen en la milicia activa y permanente. La reacción que aquello produjo en el Gobernador Barbachano, se halla en el manifiesto que dirigió al pueblo el 10 de diciembre, o sea a los dos días de la fecha del pronunciamiento, como sigue:
“Yucatecos: Con un suceso de importantísimas consecuencias llamo vuestra atención en este día. La traición más inicua, la más horrible traición se ha consumado entre nosotros. Aquellos mismos hombres a quienes el gobierno perdonó generosamente ayer.., vuelven a enarbolar hoy en Campeche el negro estandarte de la rebelión... Quieren que rompáis el pacto sagrado que nos ha unido a México, quieren destruir aquellos convenios por los cuales habéis hecho tantos sacrificios, y que paséis a los ojos de los mejicanos, y a los ojos de todas las naciones cultas, como unos pérfidos, malvados y sin honor. Aun quieren más, compatriotas: quieren que cuando las huestes de los Estados Unidos devastan las ricas campiñas de la República, y amenazan orgullosas con la completa conquista de la nación, nosotros no solamente no tomemos parte en la justa, sagrada y patriótica defensa de los derechos nacionales, sino que permaneciendo neutrales en la guerra, aparezcamos unidos con los enemigos de la patria. . . ¿Consentiréis, compatriotas, en pasar ahora por pérfidos, por cobardes y por hombres sin honor ni patriotismo, cuando habéis dado tantas pruebas de lo contrario? Yo conozco la noble sangre que corre por vuestras venas, yo estoy seguro de que los esfuerzos de la traición no os harán sucumbir ignominiosamente.”
Es verdad que los cargos contenidos en el segundo considerando del plan de 8 de diciembre, relativos a la inestabilidad de los gobiernos, de las promesas, de las condiciones políticas y reales de la Nación, se basaban en hechos incontrovertibles, y en tal concepto tenían una razón, un fundamento para que hubiere quien así pensara; pero la tremenda requisitoria del campo contrario, de quien aceptó los más graves sacrificios en la posición que adoptó, exaltan la imaginación y el pensamiento generoso; que tratándose de una guerra extranjera, no era el momento de los distingos sino el de acorrer por nuestros hermanos, sin sombra de vacilación. Y todavía, cerrábase el desdichado plan con los conceptos siguientes:
El pueblo campechano al proclamar este plan, protesta que sólo procede impulsado por el derecho de su propia conservación y de los demás yucatecos sus hermanos, y sin dejar de hallarse animado de las mejores simpatías en favor del pueblo mexicano, por cuya prosperidad, felicidad y consolidación dirige los más fervorosos votos al cielo; y protesta igualmente, que quiere y desea que el Gobierno de Yucatán, mientras dure su temporal independencia del de México, se arregle estrictamente en sus relaciones con las potencias extranjeras y sus súbditos, a los más sanos y reconocidos principios del derecho de gentes.”
Vanas y tristes componendas del plan, cuyos beneficios hacía extensivos a los demás yucatecos; no sin que dejemos de comprender, como atenuante, que el pensamiento que lo informa en lo capital bien pudo ser una resultante de dos décadas de anárquicas condiciones que, agitando a la Nación, arrastraban en su vorágine a la Península, y hacían sentir sus efectos en Campeche más que en alguna otra parte de ella, al grado de dejar punto menos que deshecha a la antes próspera marina campechana: Y en cuanto a la expresión de los sentimientos de simpatía del pueblo campechano hacia el mexicano, por su felicidad y consolidación, en aquella forma contemplativa de implorarla al cielo, contaba, a la verdad, menos el ruego a la divinidad que la ayuda material que en el caso se requería; por último, eso de que durante la temporal independencia de México se estableciesen relaciones con las potencias extranjeras conforme al derecho de gentes, ¿podía compadecerse con la temporalidad de la supuesta independencia, puesto que tal actitud implicaba —o hubiera implicado— una situación de hecho que generaría la de derecho?
Y, sin embargo, siempre el vulgo, aun el intelectual, que acaso es el peor de los vulgos porque su labio da al error apariencia de verdad, si se Contrae al tópico de aquella neutralidad proclamada por la ciudad de Campeche, endereza el cargo al Yucatán de hoy, del que quedó separada Campeche y su distrito al hacerse la división por mitad del antiguo territorio yucateco en 1858. Injustificable, contraria a la verdad histórica la absurda inculpación, y más, cuanto que aquel movimiento de donde todo vino, de 8 de diciembre de 1846, no sólo fue campechano en su origen sino, en su ejecución, por los elementos militares que, en concurso de los irresponsables indígenas armados, determinaron el triunfo de la facción que propugnó la ominosa neutralidad; y, por último, porque sus líderes se apoderaron de la situación política, a cuyo fin, en la designación de su Consejo de gobierno, se nombró a algunos meridanos que por una u otras razones no podían ir a Campeche a desempeñar su encargo, sustituyéndoles los suplentes, todos hijos de esta ultima ciudad.
Es por demás, hacer en cambio un elogio de la airosa actitud de Barhachano, expresada en vibrantes términos de su manifiesto; portaestandarte, que hemos dicho, de las aspiraciones genuinamente yucatecas; y aunque débil su posición militar, reaccionó con energía; mas cuando la fuerza falta, la razón es baldía. Este pronunciamiento, lo mismo que el de 25 de octubre, tuvo su raíz en los partidarios de D. Santiago Méndez, quien, seguramente, de no haber sido jefe de un partido político, entusiasta y vehemente, a cuyas sugestiones no pudo resistir, nunca hubiera seguido ese camino. Y aquel partido, como su jefe, había tomado la decisión de conquistar el poder, de que su representativo gobernara a Yucatán, sin parar en obstáculos, contra viento y marea y con un empeño digno de mejor causa; condiciones y circunstancias, tratándose de él, dolorosas de rememorar, que nos llevan a los míseros humanos, así a la gloria como a la ignominia. Y de este modo constreñido al parecer,  Méndez, a definir su situación, lo hizo diciendo: “En tal estado de cosas, cuando ya es  incontenible la exaltación de este pueblo, cuando ya me veo rodeado de circunstancias que, por públicas y conocidas, no es necesario referir, pero creo que no me permiten obrar sino de determinado modo, doy mi adhesión pública al plan proclamado hoy en esta ciudad, cuyos objetos me parecen justos, patrióticos y laudables, y a cuyo buen éxito contribuiré con la lealtad que me caracteriza.” Hubo, pues, de rendirse un hombre de carácter ante las exigencias de su partido. La misma aceptación transcripta es reveladora del ala trágica que le envolvía en su lucha interior.
       DESARROLLO Y TRIUNFO DE LA REBELIÓN QUE IMPACTA  LA NEUTRALIDAD.—Todo lo habían preparado cuidadosamente los facciosos, que contaban en Campeche con las fuerzas veteranas ahí estacionadas. Salieron desde luego para Maxcanú los Batallones Ligero y Dieciséis, más de mil quinientos hombres, al mando del Corl. D. Agustín León; se embarcó una fuerza para Sisal, y el Corl. D. Laureano Baqueiro, con un batallón de novecientos hombres se desprendió de Hopelchén hacia la Sierra. En tanto que el Gobernador Barbachano lanzaba una vehemente proclama a los yucatecos, y en sus preparativos de defensa concentraba a las milicias de los pueblos inmediatos de Mérida, haciendo salir rumbo a Umán, el 12 de diciembre, a una fuerza competente que puso a las órdenes del Corl. D. Martín F. Peraza, y otra mandada por D. José Antonio Duarte al pueblo de Sacalum, mientras que los elementos improvisados de los partidos de n, Ticul y Bolonchén, capitaneados por el Tte. Corl. D. Vicente Revilla, pasaron a atacar al Corl. Baqueiro, posesionado ya de Ticul, y fueron completamente derrotados dejando unos cien prisioneros, retirándose también las fuerzas gobiernistas de Sacalum, a la aproximación de las tropas vencedoras en Ticul que las iban a combatir; al tiempo que éstas recibían órdenes de ocupar la plaza de Tekax, que fue tomada el 29 de diciembre, buscándose por aquella parte la conjunción con las tropas indígenas de los jefes Pacheco y Trujeque, quienes proclamaron el movimiento en Yaxcabá y Tihosuco; así como un vecino de Valladolid de nombre Juan Vázquez, que levantó gente de esa región. Por entonces, el personal del gobierno rebelde, el General en jefe D. José Cadenas y D. Santiago Méndez, que desde el 19 de diciembre se hallaban en Maxcanú, previa ocupación de Chocholá por el Corl. León, se trasladaron a Ticul. Y tomado Peto por Trujuque en los primeros días de enero de 1847, Barbachano se vio envuelto por todas partes, a excepción del lado de la costa y del oriente hasta Valladolid, mas para su mala ventura y la de Yucatán, las fuerzas útiles desde un principio tomaron parte por el movimiento subversivo; cortas y deficientes las que improvisaba.
Y en las condiciones en que se hallaba, a pesar de sus reveses por el oeste y el sur, veía mayor peligro del lado del oriente. Pudo ser derrotado en Yaxcabá el rebelado Tte. Corl. Vito Pacheco, pero otras fuerzas mandadas por los Corls. Manuel J. Cantón y Alonso Aznar, que fueron a batir a Trujeque, cayendo en una emboscada entre Chacsinkín y Peto se vieron obligadas a retroceder en completa dispersión. Y mientras Baqueiro por su lado se dirigía desde Tekax al partido de Sotuta, Trujeque y Vázquez dejaron Tihosuco para irse encaminando rumbo a Valladolid, cuya ocupación quedó a su cargo; en tanto que, abandonado Umán, fue ocupado por la fuerza campechana avanzada en Chocholá, y que Barret, con el Gral. Cadenas y la tropa de Ticul, tomaron el rumbo de Mérida, estableciendo su cuartel en la inmediata hacienda Tixcacal, viéndose obligado el gobierno a llamar al Corl. Eulogio Rosado, que operaba por Sotuta, para no quedar aislado con su fuerza y proteger la capital.
Ya para el 11 de enero, hallándose apercibido Trujeque con sus chusmas armadas, en Tixcacalcupul, a cuatro leguas de Valladolid, intimó al Tte. Corl Claudio Venegas la rendición de la plaza. La contestación fue destacar al día siguiente una sección a combatirle, mas era tal su gente, que la salida sólo tuvo el efecto de un reconocimiento; y sin pérdida de tiempo, Trujeque se presentó frente a la plaza el 13 con su híbrida fuerza, casi toda formada de indios broncos y selváticos que en medio de ensordecedora gritería, a la usanza de sus mayores al entrar al combate, se apoderaron del barrio de Sisal, y el 14, lanzándose al asalto, fue la heroica defensa de trescientos contra tres mil, a quienes se unieron no pocos vecinos que tenían resentimientos o agravios que vengar. Y envueltos los defensores como por un fatal desbordamiento, en la elación del triunfo, el vencedor, dado a la embriaguez, al desorden, a todos los excesos al par que se batían, sin que en la confusión Trujeque pudiera hacerse oír o sin que caso le hicieran; fue el asalto final el día 15, al que siguió el saqueo, los asesinatos de indefensos vecinos, sin respeto al sexo, ni a la edad o condición; entre las víctimas el vicario D. Manuel López Constante que, paralítico, inmóvil en su lecho, halló la muerte herido de bala, de machete en el vientre y de un culatazo en la cabeza; los cuerpos arrastrados a una hoguera que los muebles de las casas y los archivos públicos alimentaban, y agrupados en torno, innúmeros indios contemplando con fruición la escena... En cuanto a Venegas, héroe que con un puñado de valientes resistió tres días a una fuerza más de diez veces superior, prisionero, fue extraído de la casa en que Trujeque le retenía, por una turba de indios encabezados por un hombre de la hez del pueblo, un feroz mulato de nombre Bonifacio Novelo, y asesinado, arrastraron el cuerpo hecho pedazos para irle a echar a la hoguera crepitante. Así perecieron ochenta y cuatro personas no combatientes y quién sabe cuantas en los pueblos a seis leguas a la redonda. Trujeque hizo lo posible para evitar los crímenes y aun salvó a muchos trabajosamente, no siendo obedecido por sus chusmas.
Tal fue el último hecho de armas de la aciaga rebeldía, y el primero de un espantoso desastre. Dio el efecto de un triunfo total, aplastante, amasado en el terror. El Gobernador Barbachano hizo llegar al aspirante Barret noticias oficiales de lo acaecido, comisionando a D. José Mª. Meneses y a D. Pedro de Regil Estrada para exponerle el peligro que amenazaba a Yucatán. Mas Barret no dio mayor importancia a los execrables excesos de sus partidarios mayas, que él y el partido que le apoyaba, consideraron como naturales consecuencias de la guerra, como a menudo ocurre al gobernante que en el palaciego ambiente que respira, no percibe el exterior; antes atribuyó el mal a una reacción provocada por el duro cargo de traidores hecho a los suyos. Hasta que Barbachano, impotente para sostenerse, capituló ante sus enemigos, a quienes quedó la oportunidad de hacer frente a la situación con las fuerzas que tenían; y consciente de
sus obligaciones y de su papel histórico, declaró el 20 de enero de 1847, en una proclama en que daba cuenta de sus actos desde el día 1 de enero en que asumió el poder, que no queriendo aparecer el responsable de una guerra de barbarie iniciada ya por los pronunciados, que habían armado a la raza indígena, interesándola en las cuestiones políticas que se trataban; desde luego se separaba del gobierno del Estado, pidiendo a los yucatecos como única recompensa, el que jamás pudiesen atribuirle las funestas consecuencias que preveía.” Fijados los términos de la capitulación en la hacienda de Tecoh, suburbana de la capital, el 22 de enero, las fuerzas rebeldes campechanas entraron a Mérida al día siguiente, envanecidas de una triste cuanto efímera victoria, sin haber conciencia de sus graves responsabilidades. De tal modo, pues, a virtud de haber sido designado Gobernador provisional D. Domingo Barret, según el acta del plan enarbolado en Campeche el 8 de diciembre anterior, entró al desempeño del cargo.
Y como el logro de la neutralidad de Yucatán en la guerra de los Estados Unidos con México, fue la causa principal de la rebelión, apenas iniciada, los pronunciados de Campeche abrieron negociaciones con el Comodoro David Conner que cruzaba por las aguas de Veracruz y había hecho que el Comodoro Perry ocupara la ciudad e isla del Carmen, efectuado el 20 de diciembre, 1846, dándole a conocer Barret en una nota vergonzante los motivos del movimiento, y solicitando un salvoconducto para que un comisionado fuera a tratar el punto de la neutralidad ante el Gobierno de Washington. Obtenido el salvoconducto, Barret nombró al efecto a D. José Rovira, vecino del Carmen, y español de nacimiento, que educado en aquel país, hasta anhelaba que se anexase a la Península. Partiendo, pues, ufano, cumplió su cometido según nota de 12 de febrero de 1847, en la que comunicaba el formal ofrecimiento de la cancillería americana de que la neutralidad de Yucatán sería respetada, así como se le permitirían sus relaciones comerciales, tan pronto como se tuviera conocimiento de la caída del gobierno de Mérida. Condición que, cumplida, entró en vigor la ansiada neutralidad el 16 de mayo de 1847, a excepción de la ocupada Isla del Carmen.
Mientras tanto, precaria era la situación de Barret. Los numerosos partidarios de Barbachano, quien para librarse de compromisos hizo un corto viaje a La Habana, hallábanse inquietos; la región oriental, intranquila con motivo de los recientes sucesos de Valladolid, y por donde el improvisado Novelo, con una banda de indígenas que no dejaron las armas, errante por los bosques, caía en los poblados a cometer sus fechorías para volver a remontar. Y aunque enviada una fuerza para restablecer el orden, y a un letrado, D. José R. Nicolín, para practicar averiguación sobre los asesinatos del 15 de enero, nada se pudo hacer, pues intentarlo, a su decir, daría ocasión a que se produjeran desgracias como las
que acababan de pasar. Por otra parte, el Gobernador en orden a las condiciones existentes, dándose cuenta de la impopularidad en Mérida de la causa que representaba y de la suya propia, se trasladó a Campeche. Mientras la tropa campechana del sur que iba a Valladolid, inconforme de alejarse más de su tierra se insubordinó, y desbandada, se aprovechó de ella Revilla para intentar una reacción en pro de Barbachano, y entrando a Tekax impuso préstamos forzosos; saqueó algunas casas de comercio la soldadesca y se dispersó luego. Y a poco en la misma Mérida, cuarenta y dos Jefes y oficiales depuestos esperaban su oportunidad, y donde Barret había prohibido las fiestas del carnaval mientras que Campeche se divertía, no tardó en manifestarse abiertamente el descontento, rebelándose el 28 de febrero el batallón que guarnecía la Ciudadela en favor del régimen derrocado y, como consecuencia, la reincorporación a México, designándose al Gral. López de Llergo Gobernador provisional, cargo que aceptó a súplica del Ayuntamiento que se había adherido al plan; pero, ante la amenaza de fuerzas superiores que se movilizaron de Campeche y Valladolid, recapacitó, decidiendo a los más de los militares comprometidos a acogerse a un decreto de amnistía. Disuelta así la intentona, las fuerzas de Barrer ocuparon Mérida el 14 de marzo.
Vencidas esas dificultades, parecía consolidado el gobierno del partido vencedor, y para fijar los términos de salir de la irregular situación en que se hallaba el país, se acordó convocar el 28 de abril a una asamblea extraordinaria que se instaló en Ticul el 24 de mayo, y cuyos componentes fueron designados por el gobierno entre las personas más caracterizadas de las diversas partes de la Península, y especialmente de los centros de mayor cultura. Cuerpo que sin base constitucional y sin intervenir en su formación el pueblo, sus conclusiones no pudieron tener otro carácter que el de ser emitidas por un respetable grupo de solvencia moral, cuya misión fue la reorganización de la hacienda pública; la de la fuerza armada; el arreglo definitivo de las rentas eclesiásticas; y resolver acerca del tiempo en que se debía hacer la elección de poderes públicos. Puntos considerados y definidos en quince decretos sin exteriorización práctica, salvo la convocar a elecciones, que se dio para verificarse el tercer domingo de julio, conforme a las normas de la Constitución de 1841, adoptada en el plan revolucionario. Y clausurada la asamblea el 16 de junio, el 23 trasladó a Mérida el Sr. Barret el asiento de su gobierno.

SE DESCUBRE LA TRAMA DE UNA REBELIÓN INDÍGENA.— Al comandante de Valladolid, Corl. Eulogio Rosado, se presentó el 18 de julio de 1847,  con D. Miguel Jerónimo Rivero, a manifestarle que desde hacía como una semana habían estado pasando varios grupos de indios de Chichimilá y de otros cinco pueblos de la región, por su hacienda Acambalán, con provisiones de boca que llevaban a la de Culumpich, de Jacinto Pat, cacique de Tihosuco, y que a fin de averiguar lo que ocurría, envió a un sirviente suyo que le informó a la vuelta del desempeño de su comisión, que se hallaban en el lugar gran número de indios, y que se fraguaba una conspiración contra los blancos, de la cual eran jefes principales Cecilio Chi, cacique de Ichmul, Jacinto Pat y Bonifacio Novelo; que  había llegado al rancho Tzal, un cargamento de escopetas, de Belice, y que pensaban atacar Tihosuco. Y, por último, que antes de salir de la finca vio pasar a unos doscientos hombres cargados de provisiones, diciendo sin rebozo que se dirigían a Culumpich. Rosado se  apresuró a dar cuenta de aquello al Gobernador, y apenas acababa de hacerlo, cuando D. Antonio Rejón, juez de paz de Chichimilá llegó a informarle que Manuel Antonio Ay, cacique del pueblo hallándose pasado de copas en una tienda que el propio Rejón tenía, y donde a menudo iba Ay con algunos compañeros a tomar aguardiente, al asentar su sombrero en una mesa había vivo dentro de él el informante, un papel que, picado por la curiosidad tomó para leer, y cuyo contenido le llamó la atención, pues era una carta de Cecilio Chi, a Antonio Ay, bastante explícita para comprenderse que se refería a una conspiración ya tramada y pronta a ejecutarse; carta que Rejón había guardado y puso en manos del Comandante, quien inmediatamente dispuso que una fuerza fuese a aprehender al cacique y a sus cómplices, abriéndoles el juicio correspondiente; y como se le hallaron otros documentos comprometedores en un cateo practicado en su casa, como una carta de Bonifacio Novelo, quedó comprobada su culpabilidad, y convicto y confeso fue condenado a muerte y preparado a bien morir; reconociendo su culpa y arrepentido, se le aplicó la terrible sentencia el 26 de julio. Con la aureola del martirio, su cadáver fue conducido a su pueblo, en medio de la mal comprimida rabia de los suyos.
Mientras, informado el Gobernador de lo que ocurría, ordenó la aprehensión de Jacinto Pat y Cecilio Chi, que por torpeza de Trujeque que la debía de ejecutar no se llevó a cabo, pues aunque se dirigió en compañía de Vito Pacheco por caminos extraviados a Culumpich, contando con el factor sorpresa para lograr su intento, al hallar a Jacinto entregado tranquilamente a sus faenas habituales, considerando infundados los temores del Gobierno, hicieron caso omiso de sus órdenes; y en cuanto a Chi, Trujeque le envió a decir que le fuera a ver, a pretexto de liquidar a la gente de Tepich que había servido con el cacique en la revolución de 8 de diciembre, quien, si prometió ir, bien que se abstuvo de hacerlo, pues que, aun más comprometido que Antonio Ay, tomó el solo camino que le quedaba.


1847-1848
El desencadenamiento de la rebelión maya y la guerra civil.—Gobierno de D. Santiago Méndez y nueva rebelión del Corl. Cetina—La primera fase de la rebelión indígena. Su desbordamiento.—Desaliento y desorientación después de la caída de Valladolid.—Gobierno de D. Miguel Barbachano, Los rebeldes ocupan Tekax, invaden la región de Campeche y toman Ticul e lzamal.—Barbachano busca, como Méndez, la salvación en el exterior—La reacción militar contra la rebelión, en todos los frentes.

EL DESENCADENAMIENTO DE LA REBELIÓN MAYA Y LA GUERRA CIVIL.—En el plan del presente estudio, expondremos las dos fases de la lucha provocada por la sublevación indígena; la primera comprende su desbordamiento, que desatado en forma al parecer incontenible así en intensidad como en fiereza, llevó a la convicción de ser causa perdida la que la raza blanca defendía; la segunda, la reacción que contra ella se produjo, organizada bajo el mando de los jefes más capaces, lográndose que Yucatán, con el denodado esfuerzo de sus hijos blancos y mestizos, realizara el milagro de preservar en su suelo la civilización, oponiendo infranqueable valladar al alud de la barbarie, empujando y reduciéndolo a la inhóspita región oriental de la Península. Lucha cruenta y angustiosa como pocas ha habido en América, pues aun la de Tupac Amaru en el Perú, aunque en teatro mayor, no alcanzó los caracteres de implacable crueldad ni duró tanto; y en el levantamiento general de medio millón de negros esclavos de Haití, se proclamó la igualdad de las razas, no el exterminio de una de ellas.
El cacique de Tepich, Cecilio Chi, uno de los tres conjurados, hombre valiente, ambicioso y cruel, fue el alma del movimiento, y con todas las dotes de un caudillo, amo de los suyos, le siguieron hasta donde y en la forma que él quería. Muerto Manuel Antonio Ay, no efectuada la detención de Jacinto Pat, y frustrada la propia suya en las circunstancias antes referidas, pudo decir en bárbara construcción del que mal parla nuestro idioma, “pies para qué te quiero”; que de caer, y él lo sabía, con su carta en autos del proceso instruido al desventurado Ay, no valiera un ochavo su cabeza. Y así, tomando providencias adecuadas a su seguridad, se puso sobre aviso. Trujeque, viéndose burlado, arrepentido de su lenidad con respecto al cacique, marchó sobre Tepich, que halló abandonado, y de regreso a Tihosuco, al día siguiente, 29 de julio, salió para Ekpedz, de donde trajo a varios indios sospechosos, a quienes hizo fusilar. Y, por la otra parte, el por luctuoso memorable día 30 de julio de 1847, a horas avanzadas de la noche, los indios, sigilosamente y por sorpresa, cayeron sobre las casas de más de veinte familias no indígenas del pueblo de Tepich, asesinando sin piedad y a mansalva a todos los individuos que las formaban, hombres, mujeres y niños, a excepción de algunas  infelices que se reservaron para causar afrenta y humillación, menos por su concupiscencia que por su odio. Salvándose sólo un llamado Alejo Arana que pudo llevar a Tihosuco información de lo acaecido.
Tal fue la iniciación de la lucha, la primera hazaña de Cecilio Chi, que cayó como una bomba por todos los ámbitos de la Península, causando un estremecimiento de pavor.
En esos mismos trágicos días, preñados de tempestad, justamente el 26 de julio en que fue fusilado Antonio Ay, inició una revolución el barbachanista Corl. José Dolores Cetina en Tizimín, desconociendo al gobierno emanado de la asonada o revolución de 8 de diciembre; y avanzando con su fuerza a Temozón, pueblo inmediato a Valladolid, intimó la rendición a Rosado, quien a su vez le excitó a someterse, enviándole a dos comisionados que le hicieran ver la gravedad de las circunstancias, a fin de que unidos todos los yucatecos pudieran hacer frente a la situación; de lo que pareciendo convencido Cetina, se dirigió a la plaza donde se proporcionó alojamiento a sus tropas; mas algo incierto Rosado de la sinceridad de su sometimiento, le envió luego a guarnecer Tixcacalcupul.
Mientras tanto, Trujeque, jefe político de Peto, reunió alguna fuerza que destacó sobre Tepich, hallando el pueblo abandonado. Y ya para el 7 de agosto, el Cap. D. Diego Ongay, al frente de doscientos hombres marchó al mismo pueblo, que defendió entonces Cecilio Chi, quien derrotado tras breve combate se retiró en completa dispersión, haciendo incendiar Ongay todas las casas, cegar los pozos y fusilar a un rebelde que cayó prisionero. Reunidos Chi y su gente, cual había dispuesto antes para caso de una derrota, en la hacienda Culumpich, trató con Jacinto Pat y otros jefes acerca de la forma de llevar la campaña, impuso su criterio de completo exterminio de la raza blanca, contra el parecer de Jacinto Pat que se inclinaba porque fuera menos ruda, y porque se le diese cariz político. Luego Ongay y Vito Pacheco, en persecución del cabecilla le dieron alcance en el rancho Xcanul, y aunque presentó más resistencia, fue también derrotado el 25 de agosto. Mas íbase extendiendo el movimiento; habitantes de Chichimilá, y de otros pueblos cercanos a Valladolid, en número de quinientos, fueron atacados en el rancho Xca por doscientos hombres de la fuerza de Valladolid, al mando del Cap. D. Felipe de la Cámara Zavala, quien se vio obligado a retirarse, e irrumpiendo en la hacienda Acambalán los indios, asesinaron al mayordomo y a varios sirvientes que eran de su misma raza, sin duda por hallarse al servicio de un blanco; y en el rancho San Fernando, a todo los “vecinos”, como se designaba a los que tenían alguna sangre española en las venas. Por entonces los dos núcleos rebeldes hallábanse en condiciones de poder darse la mano por aquella parte en que ocurrió el movimiento, toda ella minada y pronta para levantarse, contando con armas que llegaron; de Belice, a donde había ido Bonifacio Novelo a procurarse más.
Tras aquellas primeras tentativas para dominar la insurrección, los escurridizos rebeldes fueron una vez alcanzados en el rancho Chunbob, y otra más al norte en el de Cocbatún, donde ya se batieron bravamente, saliendo herido el Tte. D. Patricio O´Horán que lo había sido también en Xca, pero manteniéndose el grueso de las fuerzas indígenas en los bosques, desde donde hostilizaban el paso de las tropas que las perseguían, librando en general sólo pequeñas escaramuzas; de concierto los Ttes. Corls. D. Claudio y D. Manuel Oliver en esa campaña. En tanto que el gobierno de Barret tomaba sus providencias, haciendo recoger de los indios las escopetas que poseían, y teniéndoles sujetos a estrecha vigilancia, que la presunción era la de hallarse todos confabulados en la sombría conspiración, y así, se les desconocieron sus derechos políticos; se dictaron leyes que se consideraron adecuadas a la situación y a las premiosas circunstancias; se erigieron picotas en los pueblos, donde, atados rudamente a ellas los supuestos culpables, se les aplicaba la infamante pena de azotes; se estableció el servicio militar obligatorio, desde los dieciséis años cumplidos, tomando las armas todos aquellos a quien se pudiese proporcionar un fusil, y para hacer más expedita la acción militar se crearon tres comandancias, en Mérida, Campeche y Valladolid.
Y había tal inquietud y tal ola de terror envolvía a la población, sentenciada a perecer, según el pigmento de la piel, entre tantos dolores e ignominia, que acaso sin haber méritos bastantes, cediéndose a la hasta el colmo excitada presión popular que a los jueces se hacía, fueron condenados a muerte los caciques Francisco Uc, del suburbio de Santiago de Mérida, y Gregorio May, de Umán, por conspiración; terrible condena cumplida en el campo de Marte el 22 de agosto; y en menos de un mes, según afirma Baqueiro, el Consejo de Guerra de la capital, dictó más de dos centenares de sentencias siendo fusilados los caciques de Chicxulub, Conkal y Motul, y Manuel y Lucio May, padre e hijo, en quienes la inhumana sentencia se ejecutó, siguiéndose el humano proceder de no ajusticiárseles en el mismo sitio; al padre, en Condal, al hijo en Chicxulub; ciento ocho a la pena de presidio que fueron a purgar en Campeche, y catorce a destierro.
afortunadamente, en la parte en que el gobierno había ejercido firme influencia y donde el contacto entre las dos razas había sido más frecuente, el maya fue pasivamente leal, sin ser esto óbice, seguramente, para que hubiese hecho causa común con el rebelde, de haber  podido contar con la impunidad. Comprendía aquella parte indemne el territorio delimitado, aproximadamente, dentro de una línea más o menos sinuosa que partiendo del puerro de Dzilam a Temax, Izamal, Ticul, y atravesando los Chenes, se fuera desvaneciendo al sur de Campeche, siendo campo enemigo el de más allá de la expresada demarcación, donde habían convivido menos las razas blanca y autóctona; de tal modo que muchos de los habitantes mayas de aquella zona se incorporaron de buen grado al ejército defensor de la civilización, con la honorífica y nominal categoría de “hidalgos”, como útiles auxiliares; quedando envueltas en el oriente las importantes poblaciones avanzadas de Valladolid, Espita y Tizimín; por el sur, Peto y Tekax, y hacia el poniente, Bolonchenticul y Hopelchén, así ellas rebasadas por la marea rebelde que momentáneamente avanzó hasta Hampolol, junto a Campeche, como del lado de Mérida hasta el pueblo de Tecoh.

GOBIERNO DE D. SANTIAGO MÉNDEZ Y NUEVA REBELIÓN DEL CORL. CETINA.—La Legislatura electa a fines de julio se instaló el 1º de septiembre, 1847, y hecho el escrutinio fue declarado Gobernador D. Santiago Méndez y Vicegobernador D. Manuel Sales Baraona, la planilla campechana y única que jugó en la elección, conforme a las normas prácticas ya establecidas de nuestra incipiente democracia, en que el partido ajeno al oficial sólo lleva la de perder. Por ausencia del Sr. Méndez entró el Sr. Sales al gobierno, nombrándose primer vocal del mismo a D. Miguel Barbachano, en un propósito de conciliación que a los fines políticos del grupo imperante, así como a los intereses del Estado, en las circunstancias críticas del momento, convenía, ya que dos meses habían transcurrido sin que se lograra someter a los alzados y antes tomaba auge el movimiento. Mas si Barbachano acaso fue sincero en asociarse al pensamiento general de la paz, no muchos de sus partidarios. El Corl. José D. Cetina, que levantado en Tizimín en julio, se puso a las órdenes del Comandante militar de Valladolid, D. Eulogio Rosado, fue enviado con su gente ante el amago maya a Xcan y Chancenote, y con el encargo de organizar la guardia nacional, se preocupó más en preparar sus fuerzas para batir al gobierno, que no a los sublevados, por lo que Rosado llamó a los Ttes. Corls. Oliver y Heredia que desguarnecieron el frente de Tihosuco, para ir a someter a Cetina o relevarle el primero si era necesario; y quien batido en Sucilá, el 27 de septiembre, y dispersada su tropa, huyó con poca gente por los caminos de herradura que llevan a la costa, llegando violentamente a Mérida, donde sublevó a la Ciudadela de San Benito, el 6 de octubre.
Mas, dado ese golpe audaz, la opinión pública, consciente del momento en que se vivía, se le manifestó adversa. Separado de tal modo del gobierno Sales Baraona y urgido Barbachano —a quien nadie suponía ajeno a lo que pasaba— por diversos sectores sociales azorados, inmediatamente fue modificado el plan del pronunciamiento, mas sin que se suspendiera el efecto de caída del gobierno, estableciendo los vencedores un poder ejecutivo compuesto de D. Santiago Méndez, D. Manuel Salas Baraona y el propio Barbachano, y como suplentes, el Dr. D. José Mª. Meneses y D. Nazario Dondé. Un juego igual al de la designación hecha en Campeche del Consejo creado por la asonada de 8 de diciembre de 1846; pues contándose con la no aceptación de los dos primeros, entrarían los suplentes, amigos de Barbachano. Apenas llegó a D. Santiago Méndez en Campeche noticia de los sucesos, prestó ante el Cabildo y un numeroso concurso, el día 11, el juramento de ley como Gobernador del Estado, del que aun no había tomado posesión; lanzó al pueblo un enérgico manifiesto, y dos secciones militares sobre Maxcanú, donde estableció su gobierno, mientras que, para participar en la lucha que se apuntaba, las tropas extendidas de Valladolid a Peto, al mando de los jefes Oliver, Heredia y Bolio, tomaron rumbo a Mérida en apoyo del gobierno; y debilitado el frente, los indios cayeron sobre Tixcacalcupul el 16 de octubre, asesinando cruelmente a todas las personas de raza blanca, sin respetar sexo, edad o condición, contándose en el número de sus víctimas el anciano cura D. Eusebio García Rejón, por enfermo postrado en cama, y otro sacerdote, D. Patricio Loría.
El Corl. Cetina, aprovechando la coyuntura que se le presentaba de salir airosamente de Mérida y de la difícil situación en que se hallaba, hízolo así el 27 de octubre con los mil quinientos hombres del batallón local, rumbo al oriente, a pretexto de ir a combatir a los bárbaros, pero en realidad por el desfavorable curso que tomaban los acontecimientos, cuando no sólo la tropa del gobierno sino la opinión pública se hallaba en su contra. Y deteniendo su marcha en Izamal, al saber que el férreo D. Santiago Méndez se había negado a entrar en algún avenimiento con unos comisionados que de Mérida le fueron a ver, limitándose a la concesión de una amnistía que le exceptuaba, modificó de nuevo su plan el 5 de noviembre, haciéndose proclamar gobernador, entretanto que D. Miguel Barbachano pudiera hacerse cargo. Ante la firmeza de Méndez, acogiéronse todos a la amnistía, y no teniéndose todas consigo, Cetina, después de que el Corl. Bello había ocupado la capital y venia en su seguimiento, jugándose el todo por el todo se dirigió rápidamente a atacar Valladolid, y el 17 de noviembre, dividiendo su fuerza en dos secciones, se reservó una para embestir de frente, mientras que la otra, al mando del Tte. Corl. D. Eustaquio Castillo, debía flanquear la ciudad. Y al llegar la primera columna ante una fortificación e intentar tomar posiciones de ataque, sufrió el intempestivo de la posición contraria, no suponiéndose Cetina, que dada la superioridad de su propia fuerza, pudiesen los defensores de la plaza tomar la ofensiva, como lo hicieron, que bien parapetados y con igual decisión y arrojo, tras un rudo combate derrotaron a Cetina, que logró escapar con unos cuatrocientos hombres, rumbo a Tizimín, disperso el grueso de su fuerza. De tal modo, que al presentarse la sección de flanqueo, fue más fácilmente derrotada.
Refiere S. Baqueiro que Cetina, a raíz de su fracaso, concibió el pensamiento de unirse a Jacinto Pat, a quien no pocos consideraban levantado por el restablecimiento del orden legal que destruyó la revolución del 8 de diciembre, juego que los rebeldes por el sur hacían. El caso es que Cetina, desconcertado, impotente en aquel campo de acción, perseguido y retirándose por aquella selvática región, tomó cual antes el camino de Mérida, a donde con inconcebible audacia llegó inesperadamente el 4 de diciembre y sorprendió de nuevo la Ciudadela de la poca guarnecida ciudad, mas poderosamente armada con el arma sutil de su desprecio ante tal inconsciencia; y entonces, cediendo a las apremiantes observaciones que se le hicieron, abrió los ojos y resolvió rendirse sin condiciones al gobierno del Sr. Méndez, establecido en Maxcanú desde que en octubre tomó posesión de él, un pie puesto en Mérida y el otro en Campeche, como para mantener más firme su gravitación sobre el Estado.
Es lamentable hasta qué punto extravía la pasión política. Cegados por ella, por su egoísmo, por su mezquino interés, se supeditan los más elevados de la patria. Hombres meritísimos que ambos eran, Méndez y Barbachano, en su creciente rivalidad vieron degenerar sus partidos en facciones a cuyo servicio uno y otro se ponían. Aquella breve y última discordia impidió, seguramente, dar el golpe decisivo a la rebelión maya, y antes la alentó; sin policía los pueblos del oriente, sus habitantes indígenas iban a engrosar las huestes de la barbarie, y los paladines de ésta tuvieron espacio para proveerse de armamento; ahí tenían al buen vecino Belice, que parecía haberles bajo su protección. Aceda por Barbachano la aparatosa reconciliación con Méndez, después de la hecatombe de Tepich, comprometió su honor, y faltó al alentar en tan aciagos momentos una lucha intestina, como Méndez faltó, al poner bajo su égida la causa innoble de la neutralidad, y al disculpar a sus partidarios mayas, por boca de su testaferro Barret, de los espantosos crímenes de Valladolid. Tal es el recto juicio, cuya sentencia inapelable da la historia; acaso sin el desencadenamiento de sus pasiones y, de las de los suyos, no se hubieran causado tantos males a la tierra en que nacieron. Obscuro fatalismo de los destinos humanos, que así arrastran al individuo como a los pueblos.
LA PRIMERA FASE DE LA REBELIÓN INDÍGENA. SU DESBORDAMIENTO.—Mientras se desataba la guerra civil, los rebelados mayas supieron aprovecharse a maravilla de la torpeza de sus enemigos. Ya hemos visto cómo al dejar el Corl. Cetina el pueblo de Tixcacalcupul, punto avanzado de Valladolid y de enlace hacia Tihosuco y Peto, para ir a proteger a Tizimín, en peligro ante el amago de Xcan y Chancenote, aquel pueblo cayó en manos de los bárbaros, por mediados de octubre, repitiendo sus hazañas de Tepich, en la ocasión en que D. Eulogio Rosado había removido, asimismo, a los Ttes. Corls. Oliver y Heredia que con sus tropas cubrían la línea de Tihosuco, enviándoles a batir a Cetina, ya rebelado; como D. Miguel Bolio dejó también aquella posición clave para acudir en ayuda del gobierno, después de que el propio Cetina se había apoderado de Mérida audazmente tras haber sido derrotado en Sucilá Entonces Jacinto Pat sitió a Tihosuco, pudiendo apenas abrirse paso para Ichmul, el Jefe político de Peto, D. Antonio Trujeque, el 10 de noviembre, con un centenar de hombres que componían todo el resguardo del lugar, y las familias que hubo necesidad de poner a salvo. Y alentados los indios con sus éxitos, tomaron a Tinún, Sabán, Chikindzonot y Sacalaca, y hubiéranse extendido aún, a no llegar el Capt. D. Cirilo Baqueiro con doscientos hombres de los Chenes, que con los pocos de Trujeque  no sólo contuvo al enemigo sino que el 24 de noviembre salió a batirle, le derrotó en Sacalaca y en Sabán, y se retrajo a Ichmul para no dejarse envolver, adonde a principios de diciembre llegó D. Miguel Bolio con una fuerza competente, asumiendo el mando; y disponíase a marchar sobre Tihosuco, pero atacado antes por fuerzas numerosas, y finalmente sitiado el 19 de diciembre, muertos en una acción cuarenta hombres y heridos setenta y cinco, estrechándose cada día más el sitio, sin poder recibir elementos, exhausto de municiones de boca y guerra, evacuó la población el día 24 con sus heridos y las familias que no volverían al calor de sus hogares, entregados a las llamas, cuya humareda, mientras se alejaban tristemente veían, llegando a la entrada de la noche a Peto, que pronto sabría de esas mismas amarguras; mientras que D. Eulogio Rosado llegaba también el 28 con ochocientos hombres a encargarse del mando, y a combatir a un enemigo audaz y poderoso.
Podíase lisonjear, con sus dos mil quinientos hombres, de su futuro éxito; esperanza que poco le duró. Los indios, con mayor fiereza y números se dedicaron a asolar pueblos, haciendas y ranchos de aquella región, acabando por  restablecerse en el inmediato pueblo de Dzonotchel que el Corl. Rosado se propuso arrebatarles, y el 20 de enero de 1848, hizo avanzar dos fuerzas para atacar el pueblo por puntos opuestos, mandadas por el ayudante D. Angelino Anguiano una, y la otra por el Cap. Ongay. La primera cumplió su cometido cruzando emboscadas y rompiendo trincheras hasta el cabo del pueblo, no así Ongay que no llegó al campo, viéndose aquél obligado a retirarse con pérdida de cien hombres entre muertos y heridos. Hasta que tras un cúmulo de circunstancias aciagas, no tanto por lo numeroso del ejército enemigo o su agresividad y pujanza, cuanto por el desconcierto de la tropa, aferrados muchos a la idea de que la rebelión llevaba por finalidad la restauración del gobierno, del Sr. Barbachano, siendo el principal propagador de esa especie el obcecado partidario suyo D. Felipe Rosado, en cuya hacienda Sacsucil habían ido a reunírsele sus correligionarios a esperar alegremente el triunfo indígena que, a su entender, sería el propio suyo. Craso error que los indios explotaban, de tal modo que al presentarse a sitiar Peto el 26 de enero, su grito “Viva D. Miguel Barbachano, Gobernador!”
Caída la moral, en la incertidumbre, la deserción creciente, inutilizada la noria, comenzó el abandono de la población el 6 de febrero a las once de la noche, dentro de la mayor confusión imaginable, la impedimenta que constituían las numerosísimas familias que entre las tinieblas y en la mayor desolación abandonaban sus casas para llegar a Tekax al otro día en triste y doliente caravana, con el temor en todo el tránsito de írseles pisando los talones en su fatigosa marcha, a esas mujeres, niños, ancianos, heridos y enfermos. Consecuencia de aquel fenómeno psicológico disgregativo de la moral barrenada. Una a manera, de “quinta columna”; falsas especies desquiciadoras que sembraban la duda, cuando no la falacia de que al anhelado triunfo maya se apagaría el de Barbachano. A los diez días de esa sombría retirada, pudo el ingenuo barbachanista Sr. Rosado y sus no menos ilusos huéspedes de Sacsucil, si el hado les permitió conservar la vida o dejarla en sus cabales, salir, aunque tarde de su error. Los sublevados, entrando a la finca, la incendiaron, dieron muerte a treinta y seis personas de las ahí reunidas y que no pudieron escapar, entre ellas a un hijo de Rosado, dejando insepultos los cadáveres de sus víctimas, se retiraron, llegando luego el oficial D. Laureano Pérez al frente de una guerrilla exploradora, a sepultarlos.
Después del desastre de Peto, el Gobernador, contando con las simpatías que tenía por la región sureña D. Miguel Barbachano, le comisionó para ir a tratar, especialmente cerca de Jacinto Pat, el restablecimiento de la paz, ofreciendo satisfacer las demandas legítimas. El Obispo Guerra, por su parte, envió al virtuoso sacerdote D. José Canuto Vela y a otros compañeros, a fin de que la iglesia utilizara su influencia, si aun existía entre los rebeldes, con la misma finalidad, partiendo todos para Tekax el 15 de febrero de 1848. E iniciando inmediatamente sus gestiones, el Sr. Barbachano dirigió una proclama a los rebeldes conjurándoles amorosamente por el bien común a concertar la paz, prestándose a la atención de sus quejas, mientras que el P. Vela se dirigió a los caudillos, cual correspondía a su carácter religioso, acompañándoles una carta pastoral del prelado. Las gestiones del sacerdote y del jefe político D. Felipe Rosado, terminaron con la celebración de un llamado tratado en Tzucacab el 19 de abril, ya gobernando Barbachano: una avenencia confusa que el gobierno autorizó, entre la debilidad, que él representaba, y la fuerza bruta.
Ni en cuanto a la forma ni en el fondo podía tomarse en serio la extraña convención, que no podía ser considerada sino como medida de contemporización, medio ocasional de apaciguamiento; que, en situaciones críticas acéptase como una gracia, la imposición más absurda; y así, en el caso se estatuía, que el Gobernador Barbachano lo fuera vitalicio, como condición sine qua non del pacto, y que Jacinto Pat, asimismo, había de ser gobernador de los  capitanes indígenas, debiendo concertar ambos jefes, o halach winikes del híbrido gobierno, la forma de lograr la mejor armonía gubernativa. Estatuyéndose también, como única cosa de entidad, que los sirvientes quedasen dispensados de sus deudas, y se aboliesen los derechos de la destilación de aguardiente, lo que era para la satisfacción de aquellos pobres, más importante que el reconocimiento de la hoy trasnochada teoría de los “derechos del hombre”. Pero, ¡qué más daba que se incluyeran tales estipulaciones, si el gobierno, convencido de su impotencia para hacer sobrevivir a la población civilizada, ya había puesto al país, no a subasta, sino a merced de quien quisiera recogerlo, con todo y su soberanía, al precio de acudir a salvarlo de la barbarie!
Una vez que los rebeldes ocuparon Tihosuco e Ichmul, la región indicada para extenderse era el partido de Sotuta, así por ser la más inmediata como la menos guarnecida, y donde hallarían más partidarios, que, gente bravía, de aquella raza bronca y dura de los Cocomes, sin frecuente relación con la blanca, no tardaron en unirse a los rebeldes. Y cuando en auxilio de D. Miguel Eolio, sitiado en Ichmul, D. Eulogio Rosado pasó a través de la región con ochocientos hombres, hubo de abrirse paso por la fuerza en Tiholop; y ante el abandono de aquellas poblaciones y el espíritu levantisco de sus naturales, por el 24 de diciembre, hizo volver a Yaxcabá a doscientos soldados de los que llevaba al mando de D. Tiburcio Díaz, conocedor de la comarca, mientras que el 28 fueron destruidos por el fuego Kancabdzonot, Santa María y Yaxuná, muertos sus pocos habitantes blancos, corriendo después la misma suerte Cacalchen, y abandonados Tabi, Tacdzibichén y Tixcacaltuyú.
En tanto que de Mérida llegaron a reforzar a Yaxcabá trescientos hombres, con el Tte. Corl. D. Alberto Morales, que asumió el mando militar del partido, cuyas difíciles condiciones aumentaron las desavenencias políticas entre el jefe político D. Domingo A. Bacelis , barbachanista, y el Comandante de Yaxcabá, D. Tiburcio Díaz, mundista, que avivaron la vieja rivalidad de las dos poblaciones principales de la región: Sotuta, del primer bando, y Yaxcabá, del otro; viéndose entre las fuerzas de Díaz, tras un fuerte revés que en Canakon tuvieron, manifestarse y cundir el desaliento y la deserción, dejando que el enemigo se acercara por los aledaños sin salir a procurar escarmentarle o detenerle, hasta que se procedió a la evacuación de la dicha plaza de Yaxcabá el 12 de febrero de 1848, caída que selló la de Sotuta, ocurrida el 10 de marzo, después de haber sido sitiada la población y cerrados todos los caminos que de ella partían, por no menos de varios millares de rebeldes que peleaban bravamente, atacando a la bayoneta las trincheras, hasta que, careciendo de municiones de boca y guerra, sin poderse proseguir la heroica resistencia, hubo de acordarse el abandono de la población, rompiendo el sitio y escoltando a las familias a Hocabá. Pérdida que hundió en la mayor desolación a la angustiada capital, que acababa de recibir la noticia del desastre de Dzitnup, de que nos ocuparemos después.
Si igualmente infortunadas fueron para las tropas del Estado las irrupciones de los rebeldes, de Tihosuco a Peto y hasta Tekax, y del mismo rumbo a los pueblos del partido de Sotuta, que determinaron que se extendiese la rebelión a todos los pueblos de esos partidos, aun más lo fueron las actividades por el oriente y que significaron la pérdida de Valladolid, y Tizimín, es decir, de una vasta extensión territorial que comprendía todo el nordeste de la Península, casi desde el puerto de Dzilam, sobre el Golfo, hacia toda la costa del Caribe. El principio del derrumbamiento, fue cuando D. Eulogio Rosado se vio precisado a trasladar al Corl. Cetina de Tixcacalcupul a Tizimín; mas hubo razones militares para justificar esa medida; al sur de aquel pueblo, en Tihouco, se hallaban fuerzas, de Oliver y Heredia, y otras en Peto, y al norte el mismo Rosado se hallaba en Valladolid, y podían enlazarse y prestarse ayuda recíproca, sin solución de continuidad, siendo urgente proteger Tizimín, que amagados Xcan y Chancenote, su pérdida hubiese abierto amplia brecha a la invasión, que estimularía el levantamiento de los naturales de toda aquella parte. Mas el pronunciamiento de Cetina en Tizimín, rompió bruscamente la estabilidad de la defensa,  obligando a Rosado a restablecerla con las fuerzas de Oliver y Heredia, que más se alejaron de la línea que guardaban, cuando después de la derrota de Cetina, reapareció éste triunfante en Mérida, y luego otra vez y casi la totalidad de las tropas del Estado acudieron en defensa del gobierno, dejando campo libre al enemigo que se fortaleció y tomó posiciones ventajosas que dieron gran arrastre a su movimiento.
Ya en diciembre de 1847, el Corl. Eulogio Rosado, a quien el gobierno comisionó para dirigir las operaciones en la región de Peto, había sido sustituido en la Comandancia de Valladolid por el Corl. Agustín León, bien armados y pertrechados sus mil quinientos hombres y simultáneamente con el ataque de los rebeldes sobre Ichmul, 4 de diciembre, los sublevados atacaron el pueblo de Chemax, que fue defendido por el Cap. D. Francisco Domínguez y una fuerza de ciento cincuenta hombres, que a su ayuda envió el Corl. León  al mando del primer ayudante D. Fermín Irabién. Luego ocuparon los indios la hacienda cercana de Chulután, donde el Tte. Corl. José D. Baledón, que había ido a su encuentro, fue derrotado; y abandonado Chemax el 30 de diciembre, los rebeldes ocuparon Tikuch, huyendo al aproximarse una sección de trescientos hombres, mandados por el Tte. Corl. D. Vito Pacheco, que ocupó el pueblo, donde, hostilizado furiosamente al otro día, no obstante los esfuerzos de los Caps. Molas, Troncoso y Arjona por arrollar sus trincheras, decidió Pacheco la retirada, rompiendo el paso el obstruido camino, y en su apurada situación fue destacado en su socorro el ayudante D. Tomás Fajardo con ciento cincuenta soldados; mas detenido frente a la hacienda Kuichechén, con un refuerzo arrebatada al enemigo a duras penas, fueron llegando a la caída de la tarde las tropas de Pacheco que venían de Tikuch, y el mismo Corl. León, de Valladolid, que había ido a prestar auxilio a las que contendían, volviendo todas a la plaza, a la entrada de la noche.
Después, Pixoy, a una legua de Valladolid, sobre el camino de Mérida, fue embestida el 5 de enero de 1848, replegándose la guarnición de ochenta hombres, tras haber hecho frente al enemigo; mientras que los rebeldes abandonaron el pueblo para llevar sus depredaciones al pueblo de Ebtún, en el propósito de asolar aquella zona, habiendo ido a batirles el 8 de enero el Corl. Rivero con doscientos hombres, acompañado de los ayudantes D. Ángel Rosado y D. José Ma. Vergara; lucha tenaz e incierta que se definió con la dispersión de los indios, gracias a la participación del Tte. D. Liborio Cervantes, que por flanqueo penetró a la plaza sembrando la confusión entre aquéllos, a quienes se persiguió, y que incendiaron a su paso el pueblo de Uayma, llevándose al anciano cura D. Alejandro Villamil, mientras qué, desviándose la tropa avanzó a Tinún a fin de proteger la entrada de uno de los últimos convoyes de víveres que recibió la ciudad.
El 18 de enero, una vez destruidos u ocupados algunos pueblos circunvecinos, los indios osaron avanzar sobre la ciudad por el camino de Chichimilá, y a su encuentro salieron doscientos hombres a batirles, a las órdenes del Corl. Rivero, acompañado del primer ayudante D. Ángel Rosado; y no sólo detuvo el avance del enemigo, sino que le persiguió hasta el pueblo, tomándole once trincheras; mas, de vuelta a la ciudad, Rivero se vio cortado, batiéndose en todo el trayecto para abrirse paso y escuchándose la gritería salvaje por toda la línea de defensa, frente a la que se extendieron los sublevados, sumándose al intento de forzar la ya sitiada ciudad oriental, cerrados los caminos, a excepción de los que conducían a Espita y Pixoy, que era el de Mérida, expresando el Corl. León en un parte oficial que parecía que se le invitaba a retirarse por respeto a su posición.
Y, mientras entraban en una pausa las operaciones del sitio, pero sin descuidar los indios la tarea de asolamiento de la comarca. Habiendo el enemigo atacado y destruido el pueblo de Chancenote, tras una resistencia heroica de unos sesenta de sus hijos contra no menos de mil quinientos agresores, logrando aún poner a salvo a las familias. Y de nuevo en Valladolid, con motivo de haber levantado los sitiadores una trinchera a la entrada del camino de Chichimilá, el Corl. Rivero salió a tomarla con ciento cincuenta hombres, y enardecido llevó la lucha hasta el pueblo mismo, donde cortada su retirada, acudió en su ayuda D. Miguel Bolio con una fuerza mayor, para regresar todos triunfantes; y quien, por fines de enero de 1848, entró a la plaza con un refuerzo por el camino de Pixoy.
Alentados los defensores, hizo otra salida Rivero para Dzitnup, el 25 de febrero, con trescientos hombres, siendo hostilizado sin cesar hasta entrar al pueblo donde no encontró sino al infortunado cura Villamil, ya en estado de enajenación mental, sin duda a consecuencia de las penas que pasaría. Condolido Rivero, hacía preparar una camilla para su traslación a Valladolid, rescatándole de su cautiverio, cuando irrumpiendo en número considerable los rebeldes, envolviendo a la tropa y tras un rudo combate, hubo que romper el sitio para la vuelta a Valladolid, en una retirada desastrosa que degeneró en un sálvese el que pueda. Mas el Corl. Bolio, pensando en vengar el desastre, solicitó y obtuvo del Comandante León trescientos hombres con los que salió al otro día para Dzitnup, con la idea de efectuar un ataque combinado sobre ese pueblo o el de Chichimilá, de concierto con D. Ángel Rosado; que en uno u otro debía hallarse el cuartel general de los rebeldes, para lo que Bolio haría cierta señal al llegar a Dzitnup, de la resistencia que hallase, quemando algunas casas; lo que no tuvo tiempo de hacer. Ya avanzando un tanto en el camino, macabros despojos veían los soldados a la vera; aquí, un soldado, la cabeza machacada con una piedra enorme; los zopilotes, atraídos por la carroña, peleándose la presa; cadáveres, más auras, más cadáveres tendidos; allá, el del desventurado cura Villamil, colgado, los ojos salidos de las órbitas; y así hasta entrar al pueblo. Abatida la moral de su gente, Bolio les preguntaba con enojo si nunca habían visto cadáveres. ¡Rara táctica la de esos hombres valientes, que para forzar el contacto que los indios regían fieles a su emboscada, entraban a poblado para dejarse sitiar!
E incierto, todavía, apenas comenzaba a levantar defensas en la plaza, cuando Bolio al pronto se vio rodeado, estorbado en sus movimientos, por el nutrido fuego indígena; y como ardieron las casas del lugar donde se combatía —la señal de no haber resistencia, de no necesitarse auxilio— el calor de la flama y la humareda ahogaba a la fuerza principal posesionada del atrio de la iglesia, no cabiendo en tales condiciones más que ver de salir de aquel infierno; e inquiriendo Bolio de una guerrilla que había dejado para cubrir la retirada, el Tte. Mézquita volvió a informarle de no haber visto sino muertos en el lugar; y desbandada otra que fue a reponer a la anterior, cargando a la bayoneta, la tropa se abría paso en medio de gran confusión y desorden, mientras que, envuelto en la plaza donde se encontraba, peleando como un león, D. Miguel Bolio fue arrollado y no se supo más de él; lucha terrible que no paró desde las calles del pueblo hasta la entrada de Valladolid, siendo el saldo trágico de la jornada más de ciento cincuenta hombres de tropa, cinco ameritados oficiales y el noble y esforzado coronel que entró por las puertas de la muerte a la inmortalidad.
Inmensa conmoción produjo en la Península el desastre, despertando simpatía y pesadumbre las generosas vidas sacrificadas. Una fuerza destacada al otro día para recoger a los muertos y rescatar a los heridos que en el camino hubiere, no halló sino de los primeros, y volvió trayendo a unos cuarenta, como al toque de oración, entre ellos los que habían sido valerosos oficiales Fernández Montilla, Marín y Rosado Sierra. El Cap. Manuel Cepeda Peraza substituyó a su inolvidable jefe en el mando del punto que guardaba, puesto de honor para el más tarde ilustre general republicano. Mientras tanto, un teniente de Cecilio Chi, Miguel Huchim, ahijado, por cierto, del Corl. Victoriano Rivero, invitó a éste por carta de 10 de marzo, y al vicario D. Manuel Antonio Sierra, a entrevistarse con él en el rancho Halal, paraje de los aledaños de la ciudad, para tratar de dar fin a la guerra, y como por entonces se hallaban en iguales andanzas unos comisionados por el sur, aceptaron la invitación con el cebo de esa oferta, enviando Huchim a modo de rehenes a varios de los suyos. Puntualmente Rivero y el vicario acudieron a la cita con otras personas, entre ellas el oficial D. Francisco Oviedo, el cura D. Marcelino Paz, y los Pbros. D. Manuel Jesús Pérez y D. Ramón Vales, que acompañaban al vicario. Y cuál no sería la sorpresa, cuando el propio Huchim le manifestó hallarse presos; conducidos a Dzitnup, Cecilio Chi hizo encerrar aparte y asesinar a machetazos, dos días después, a los militares.
Ese día 14, apenas amaneciendo, salió una fuerza de quinientos hombres de vanguardia para romper el sitio y abrir el paso rumbo a Espita; después, otra igual, para escoltar a las innumeras familias y a los heridos; cubriendo la retaguardia D. Agustín León, Cepeda Peraza y Rosado, que salieron combatiendo y pasando por entre las chusmas armadas que, desde la ciudad, envolvían a la columna. En Temax, D. Agustín León pretendió reorganizar su fuerza para llevarla a Izamal. Pero el Batallón Libertad compuesto de paisanos suyos, se insubordinó al grito de “¡a Campeche!”, al que siguió el de “¡a Mérida!” de casi todos los demás. Y no hubo más remedio que continuar la marcha a Mérida, donde entró el abigarrado conjunto el 23 marzo,  en medio de la consternación general, como un elocuente testimonio de tamaño desastre. Así se perdió todo el oriente, y el valeroso Cap. Molas, que  desde antes operaba con una corta fuerza por Tizimín, logró llevar a Río Lagartos a las familias del partido y defenderlas, hasta que hubo manera de embarcarlas para Campeche.

DESALIENTO Y DESORIENTACIÓN DESPUÉS DE LA CAÍDA DE VALLADOLID.—Fue Cuba, por medio de sus autoridades coloniales, el único país que se condolió de nuestra suerte; desde principios de febrero, el Comandante del buque de guerra español Churruca, D. José Crespo r Villavicencio, llegó a Sisal a inquirir cerca del gobierno  lo que Yucatán necesitaba para salvarse. D. Santiago Méndez solicitó armas, municiones y dinero, con promesa de todo con la quinta parte de los ingresos aduanales, y en marzo tres embarcaciones se presentaron en Sisal trayendo dos mil fusiles con su bayoneta, doscientos sables de caballería, dos obuses de a doce, unas pequeñas carronadas, doscientos quintales de pólvora y veintidós mil pesos en efectivo, estos últimos seguramente como producto de una suscripción que abrió el culto educador y generoso sacerdote español D. Domingo López de Somoza, que había residido en Mérida, y quien por la prensa y ante las autoridades coloniales de la Isla, en unión de su discípulo el Lic. D. José María de Olañeta, procuraron que se ayudase a Yucatán. Ayuda que llegó en el momento oportuno, cuando el fracaso ante la rebelión era más completo, y que se prestó en la forma más desinteresada, pidiendo venia para ello y sin que fuese en menoscabo de la autonomía de Yucatán. Mientras que otras embarcaciones de la por antonomasia hidalga nación, recogieron en las playas del nordeste a las desoladas familias que con ansia esperaban salir a lugar seguro para librarse de los bárbaros. D. Santiago Méndez, rendido a los imperativos extraordinarios de su patria yucateca, el 25 de marzo de 1848, en sendas notas que dirigió a la Gran Bretaña, España y Estados Unidos, después de manifestar los caracteres de la guerra salvaje, de destrucción y de exterminio que llevaban los indios, ofreció el dominio y la soberanía de Yucatán, a cambio del auxilio que salvara al Estado en aquellas pavorosas circunstancias”


 

Mérida hacia el bicentenario

Mérida- bicentenario, toponimia y heráldica.
La ciudad de T’hò se fundó en el siglo XII, por los Itzaes por el caudillo Ah Chan Can en el cacicazgo de Chacán, T’hò su capital   tenía cinco pirámides (hó)  la central era la más grande en donde se encontraba el templo de Bak Luum Chaan y cuatro calzadas que se dirigían a los cuatro puntos cardinales.
La ciudad de Mérida Yucatán fue fundada el 6 de enero de 1542 de nuestra era por el hijo del Adelantado Francisco de Montejo, hijo natural del mismo, denominado el “mozo”  en la cronología maya un Katún once ahau  en un antiguo centro de población aun habitado por   los descendientes de sus fundadores los itzaes la traza de la ciudad se debió Juan de Sosa y Velásquez así como la creación de su escudo de armas  eso al año de haberse funda dado la ciudad.
 . El adelantado fracaso en varias ocasiones en fundar un centro español para el dominio de los nativos del área maya que se encontraba en decadencia; por cierto el Adelantado estuvo casado con una linajuda española y procreo una hija de nombre   Catalina que fue la primera mujer registrada como nacida en Merida-T´Hó, y que posteriormente se caso con el gobernador de Guatemala y que el Adelantado le cedió su titulo. La antigua ciudad  se llamaba T`hò por ser contracción de Ti=lugar y Ho= cinco por tener la ciudad cinco grandes pirámides que estaban semiderruidas  la más grande era la que estaba en donde está la Plaza principal o Plaza grande las otras estaban donde está el Centro de Salud y la mando a derribar el gobernador Pérez Valdelomar y mando hacer una lapida con la leyenda EL IMPOSIBLE Y SE VENCIO por cierto este Gobernador y Capitán General fundo un puerto de altura en Sisal y que fue motivo de discordia con nuestros conterráneos de la ciudad de Campeche y que termino en ruptura ; las otras tres pirámides restantes cerca del parque San Juan en la calle 60 x 67, otra en donde estuvo un convento y después se volvió un cuartel y por último se derribo y se creó el Centro Escolar Eduardo Urzaiz , mismo que fue derruido y se construyo el mercado San Benito y por ultimo cerca de este ultimo en un lugar que estuvo un tanque de agua potable; las piedras de la pirámide fueron aprovechadas por una trituradora que se encontraba cerca para volverlas gravas ; de esa gran litotricia urbana quedaron huellas en predios del centro de la ciudad , al parecer el objetivo era borrar el pasado Itzá, etnia que la edifico, la ciudad había sido abandonada en su mayoría pero era considerada sagrada por contener parte de las cenizas del sacerdote , arquitecto y medico Zamná o Itzamná y que están el sitio conocido como Itzamná. De parte de la cenizas de el gran sacerdote y medico Itzamná  y estaban en el sitio donde se encuentra la colonia de Itzamná; otras partes que tienen los restos son Coba y desde luego Izamal que debiera llamarse Itzamal.
Itzamná fundó su ciudad ahora es  llamada Izamal, más debiera ser Itzamal.
El grupo de los conquistadores  a los 6 meses de asentarse en la ciudad fueron hostilizados por los mayas rebeldes del oriente comandados por Nachi Cocón pero  gracias a que las mayas que rodeaban la ciudad y que hoy son 48 comisarías y subcomisarias impidieron ese  hecho y el 11 de junio 1542  eran según La Enciclopedia yucatanense (primera edición,  edición oficial del gobierno del Estado 1047, pág., 64)  “cerca de 40,000 según el cálculo más bajo, todos con sus caciques, el primero Nachi Cocom  y la batalla fue cruenta sufriendo los rebeldes  ,y  se retiraron los rebeldes.” “ Por ser día de san Bernabé se declaro a dicho santo como patrono de la ciudad, que se encuentra la efigie a la derecha , o sea el costado sur en donde se encuentra un gran cuadro   en donde se encuentra un cuadro donde Tutul Xiu, señor de Mani, este acompañado por otros caciques principales, le iban a someterse a El capitán Montejo el “mozo” y su comitiva así como aceptar la religión cristiana y oír misa eso sucedió el 23 de enero de 1542 y por día de San Ildefonso fue declarado santo de la ciudad”
Después del evento  se dio u otorgo el titulo de indios hidalgos y se les construyo un pequeño parque donde está la estatua   del General Cepeda Peraza, aunque hasta ahora se le llama parque de los  hidalgos y no tiene ninguna relación con el padre de la patria.
En esa ocasión dejaron entrar a los indios A LA CIUDAD A CELEBRAR, normalmente ellos vivían en la periferia de centros de población como era Itzimna, San Cristóbal, San Sebastián y otros, actualmente colonias de Mérida;
 A la ciudad donde vivían  puro blanco de allá el nombre de CIUDAD BLANCA. En 1910 cuando Porfirio Díaz, primer Presidente de México que visito Yucatán y que con motivo del Primer Centenario del Inicio de la Independencia inauguro varios edificios entre ellos el PARQUE BOTANICO del Centenario, el Hospital para enfermos Mentales Leandro Ayala, el Hospital O’Horan  y mando a pintar toda la ciudad de blanco y le comenzaron a  llamar Ciudad Blanca termino que ya había caído en desuso.
Actualmente Merida-T’Hó no es una ciudad de blancos que añoran la vieja patria sino una ciudad cosmopolita  y NO parte de un reino por lo que debe cambiar su política y actualizarla con un proyecto incluyente y con una simbología  acorde al pasado de la Colonia, pero congruente con la simbología de una Republica   y no hay que inventar  nada nuevo sino reactivar el proyecto  que se presento hace 4 siglos por los ciudadanos de la Mérida Colonial y que fue denegado por la corona desde luego sin el timbre del la corona real abierta símbolo del reino de España y que constaba con cinco castillos con su respectivos leones; el rey de armas la negó por que cinco era el símbolo de T’hò por sus cinco grandes pirámides. Según el libro de Adonay Cetina que publico el ayuntamiento de Guido Espadas se publica el escudo que se envió al año de fundada la ciudad ,le  corregiremos los errores heráldico,  y la proponemos  como símbolo del bicentenario del Inicio de la independencia por otro lado también nos manifiesta Adonay orgullosamente  dice “nos otorgaron el actual escudo por el Rey de España   66 años después” en aquel 66 años era una eternidad; Me parece que blasonar era el “leit motiv “de los españoles , el escudo de Juan de Sosa  me parece capta el sincretismo español y prehispánico maya por  tener los símbolos de Castilla y León ,tiene cinco castillos con mismo número de leones solo que pasantes y  cinco  está en la toponimia de T’hò  (lugar de cinco, cerros). El   bicentenario es del inicio de la Independencia la oportunidad  para reivindicar a la raza de bronce  sin negar la hispanidad, que aun defienden  algunos escasos descendientes criollos, trasnochados aspirantes a la nobleza que desapareció al Independizarse Nueva España y transformarse en Republica y prohibir los títulos y escudos nobiliarios, por cierto la península de Yucatán que  era un solo estado no participo en el movimiento de Independencia  que arranco en 1810 por el cura Miguel Hidalgo y Costilla por que los gobernantes coloniales yucatecos en turno querían seguir dependiendo al  Reino de España y por eso conservo su escudo con todo y su corona real. La participación de Yucatán (Yucatán, Campeche y Quintana Roo) se dio cuando se crearon las Cortes de Cádiz 1812-14 un movimiento liberal promovido por los franceses y que al retorno de Fernando VII al poder quiso regresar al feudalismo en ese tiempo aparecieron los nombres de Lorenzo de Zavala, José Francisco Bates y José María Quintana padres de Andrés Quintana Roo y el Padre Vicente María Velázquez que dio el nombre al movimiento de los Sanjuanistas; pero como dice el dicho “palo dado ni dios lo quita”-
Proponemos la preservación del  PARQUE Centenario, inaugurado paradójicamente por Gral. Y Presidente Porfirio Díaz Morí con motivo del primer Centenario del inicio de La Independencia de México. Un parque botánico  como fue en su inauguración con la preservación de las plantas propias del estado de Yucatán y no lo vayan  a transformar en un fraccionamiento más por los políticos que estén en el poder y trasladar el Zoológico a un nuevo parque en Caucel o parque del Bicentenario.
Que el ayuntamiento acepte el escudo conmemorativo por el Bicentenario
Que el palacio municipal se corrijan los escudos que tiene un error, garrafal.


Dr. Rafael  Yates Sosa
Vexilólogo y heraldista.
sepienteenplumada@prodigy.net.mx
26 de abril 2010

 

Zachary Taylor: segundo conquistador de México

zachary taylor

(Monte bello, EE UU, 1784 - Washington, 1850) Político y militar estadounidense cuyos éxitos en diversas campañas contra los indios y en la guerra contra México allanaron su camino hacia la Casa Blanca. Elegido 12º presidente de los Estados Unidos de América (1849-1850), su inexperiencia política agravó el conflicto entre esclavistas y abolicionistas.
Tercer hijo del coronel Richard Taylor, quien se había distinguido por sus acciones durante la Guerra de la Independencia, el joven Taylor pasó su niñez y adolescencia en los salvajes y despoblados territorios de Kentucky, circunstancia que confirió a su carácter cierta impronta de hombre del Oeste que más tarde sabría aprovechar para llegar a lo más alto del estamento militar y político de su país
En 1808 ingresó en el ejército regular como teniente de infantería. Sus primeros años como soldado los pasó en la frontera, peleando sin descanso contra las numerosas tribus indias que se resistían a someterse al gobierno estadounidense. Con el estallido en 1812 de la Guerra Anglo-estadounidense sirvió bajo el mando del comandante en jefe de las tropas del noroeste, el general William Henry Harrison, que sería presidente en 1841. Gracias a su heroica defensa del Fuerte Harrison, Taylor fue elevado al grado de mayor.
El nuevo presidente del país, Andrew Jackson (1828-1837), lo ascendió a coronel, y pasó algún tiempo sirviendo en diversos puestos fronterizos del Territorio del Noroeste y de Luisiana. En 1832, Taylor volvió a destacar en la guerra contra el jefe indio de la tribu sauk Halcón Negro (Black Hawk); gracias a ello, el gobierno de los Estados Unidos pudo controlar los territorios del actual estado de Wisconsin. En 1838, Taylor fue ascendido a general de brigada; como tal participó en la Segunda Guerra Semínola (1835-1842), en la que obtuvo una decisiva victoria sobre los insurgentes indios de La Florida en la Batalla de Lago Okeechobee (1837). Tras este triunfo le fue confiado el mando del resto de la campaña militar en La Florida y de todas las tropas del Sudoeste, emplazadas en Fuerte Smith (estado de Arkansas).
Tras la anexión de Texas a la Unión, en 1845, el presidente James Knox Polk (1845-1849), ordenó a Taylor concentrar un gran número de tropas, más de cuatro mil hombres, en la frontera sudoccidental, concretamente en la localidad de Corpus Christi, con el único propósito de provocar un conflicto que permitiera a los Estados Unidos declarar la guerra a México y poder anexionarse no sólo Texas, sino también los territorios de California y Nuevo México.
Taylor, empujado por las presiones de los colonos fronterizos, penetró por su cuenta en una franja de territorio situado entre el río Nueces y Río Grande, en territorio mexicano. Derrotó con facilidad a los dos contingentes de tropas mexicanas que le salieron al paso: el primero fue vencido en la Batalla de Palo Alto, el 8 de mayo de 1846, y el segundo en la Batalla de La Palma, al día siguiente.
El presidente Polk utilizó ambos encontronazos como pretexto para declarar la guerra al gobierno mexicano de Antonio López de Santa Anna e iniciar la Guerra Mexicano-estadounidense. Nada más declararse la guerra oficialmente, Taylor se dirigió a Monterrey, ciudad que cayó enseguida, el 23 de septiembre de 1846, a pesar de estar defendida por un número de tropas mucho mayor que el que disponía Taylor.
Desobedeciendo las órdenes del presidente de transferir sus mejores tropas a las unidades del general Winfield Scott, en febrero de 1847 Taylor decidió avanzar hasta la localidad mexicana de Buena Vista con el objetivo de enfrentarse a las tropas del general Santa Anna, quien se dirigía a marchas forzadas a su encuentro. Taylor asestó el golpe definitivo a las cansadas y maltrechas tropas mexicanas el 23 de febrero de 1847, en la Batalla de Buena Vista, en la que Santa Anna se dio a la fuga tras ver con su propios ojos cómo sus tropas eran literalmente masacradas por las de Taylor.
Como consecuencia de este triunfo y de las victorias posteriores del general Scott, México no tuvo más remedio que firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, por el que aceptaba la cesión a los Estados Unidos de California y Nuevo México (casi la mitad de su territorio nacional), además de reconocer la frontera de Río Grande para Texas. Por su parte, Estados Unidos se comprometió pagar quince millones de dólares por los territorios cedidos y a asumir las reclamaciones de los ciudadanos estadounidenses contra México por un valor de unos tres millones de dólares.
Con la guerra resuelta, el general Taylor se retiró del ejército para hacerse cargo de su plantación de tabaco, sostenida con el trabajo de un gran número de esclavos. Pero debido a las manifiestas diferencias que mantenía con el presidente demócrata Polk y a sus simpatías por el Partido Whig, los líderes de este último barajaron la posibilidad de postular a Taylor como candidato presidencial, a pesar de que éste se declaraba independiente, poseía esclavos en su plantación y carecía de la más mínima experiencia política para llevar el timón del país, y menos en una época con problemas tan acuciantes como la cuestión esclavista, asunto que dominaba casi por completo los mentideros políticos de Washington y de los estados.
Elegido candidato por el Partido Whig en la Convención Anual de Filadelfia en detrimento de los dos pesos pesados del partido, Henry Clay y John Calhoun, Taylor supo aprovecharse de su condición de héroe de guerra para derrotar al candidato demócrata Lewis Cass por 163 votos a 127 en las elecciones celebradas a finales de 1848. El tercer partido en discordia, el Partido del Suelo Libre, liderado por el ex-presidente Martin van Buren (1837-1841) apenas alcanzó el 9% de los votos, los justos para disponer en el Congreso de diez diputados e influir en los equilibrios del poder.
Nada más jurar su cargo, Taylor tuvo que enfrentarse al espinoso asunto de dirimir el estatuto jurídico y político de los territorios adquiridos tras la guerra con México. La controversia sobre la esclavitud se había ampliado hasta extremos delirantes, amenazando incluso con la secesión entre los estados del Sur y los del Norte. Además, el problema de proporcionar un gobierno civil para los nuevos territorios se convirtió en una cuestión prioritaria debido a la fiebre del oro que se desató tras descubrirse en el valle californiano de Sacramento ricos filones del preciado metal, lo que ocasionó que, a finales de 1849, California alcanzase una población de más de 100.000 almas.
Taylor, llevado por su poca experiencia política y por su tendencia a simplificar los problemas complejos que le surgían, intentó evitar un enfrentamiento en el Congreso alentando a California y Nuevo México a dotarse de una constitución y a solicitar la admisión inmediata como estados en la Unión, evitando así dicho trabajo a un Congreso convulso y dividido por las polémicas abolicionistas. Los californianos esbozaron y presentaron al Congreso, en octubre de 1849, un borrador de constitución en el que se prohibía la esclavitud. Una vez ratificada en marzo de 1850, solicitaron su admisión como estado de la Unión. Pocos meses después, Nuevo México siguió los mismo trámites que la vecina California.
Las solicitudes obtuvieron poco apoyo y sólo sirvieron para excitar todavía más a los estados esclavistas del Sur, quienes veían en la admisión de California y Nuevo México un claro peligro para el equilibrio regional del Senado. Con la Unión claramente en peligro, el venerable Henry Clay, de vuelta al Senado tras una ausencia de siete años, asumió sobre su persona la tarea de reconstruir un compromiso, considerando, a diferencia del presidente Taylor, que sólo una fórmula amplia que abarcara todos los temas y diferencias en disputa entre el Norte y el Sur podía tener alguna garantía de éxito.
El 29 de enero de 1850, Clay presentó en el Senado un conjunto de resoluciones conocido como el Compromiso de 1850, que proponía, entre otras cosas, la admisión de California como estado libre; que Texas abandonase sus pretensiones territoriales sobre Nuevo México; que se aboliera el tráfico de esclavos en el Distrito de Columbia; que se aprobase una nueva ley más efectiva y rigurosa sobre los esclavos fugitivos; que los territorios adquiridos a costa de México se organizasen sin imponer una postura sobre la esclavitud, es decir, permitiendo adoptar una u otra disposición libremente; y, por último, que el Congreso se declarase a sí mismo sin poder para interferir en el tráfico de esclavos interestatal en los estados donde ya existiera la esclavitud.
Estas resoluciones dieron pie a un largo y agrio debate de más de siete meses en el Congreso que convulsionó a todos los sectores sociales del país y neutralizó la acción del Gobierno de Taylor. Durante las sesiones del Senado, las propuestas de Clay fueron atacadas por ambos bandos, el esclavista y el abolicionista, que defendían sus propios intereses políticos y económicos. Ello propició que Taylor se aferrara tercamente a su propio plan, permaneciendo en contra de todo principio de compromiso. Henry Clay abandonó Washington a finales de junio, desanimado y con la salud muy deteriorada, desaparecidas aparentemente todas las posibilidades de sacar adelante su propuesta.
En medio de tal polémica y con la irritación de sus propios partidarios whigs del Sur, el 9 de julio falleció repentinamente Zachary Taylor. Su muerte eliminó el obstáculo principal para la aprobación de las medidas del Compromiso de 1850. A Zachary Taylor le sucedió en el cargo su vicepresidente, Millard Fillmore (1850-1853), totalmente a favor de los planes de conciliación de Clay. Fillmore usó todo el peso del gobierno para aprobar el documento y vencer las reticencias del Norte. California fue admitida como estado no esclavista y el resto de las adquisiciones fueron organizadas en dos territorios, Nuevo México y Utah, que acabarían siendo admitidos como estados con esclavitud o sin ella, según lo determinaran en su momento sus respectivas constituciones.
Comentario.
Debido a que este personaje lo han excluido en muchos diccionarios no deja de ser el “patito feo” de México y USA En Primer lugar podemos contar que el nombre como le conoce públicamente es de TRECE letras y se le atribuye haber comandado la victoria de USA contra México y por tanto se le considero héroe Nacional lo que motivo  que sea el presidente después de Polk o sea al año de haber tomado la mitad del territorio mexicano y llego a ser el presidente # 12 ¡ fallo la fatalidad del numero 13! NO, el país del norte tiene el número trece como numero místico e de benevolencia o divino , acordarse de Destino Manifiesto; las trece colonias que son las barras de la bandera, la pirámide de trece niveles del billete de dólar ;en cambio el número trece ha sido de buena suerte pues bien el presidente Zachary Taylor por cierto el último presidente esclavista, pues quería declarar esclavos a los del estado de California para comenzar y así seguirían Nuevo México y Arizona; murió al estar un año en el poder; hace unos años se exhumaron sus restos y se le encontraron vestigios de arsénico y salió la hipótesis que un cocinero mexicano fue el causante de su muerte, eso  y subió Fillmore, el presidente #13  excluyó el acuerdo de Taylor.
Para los mexicanos el día 13 de septiembre cayo el último reducto de México en Chapultepec se puede considera la segunda caída de México, la primera fue un 13 de agosto 1521.
¿Ustedes saben que hubo trece apóstoles?  A la muerte de Judas Iscariote el cual se suicido se nombra  a su sustituto que se llamo Matías.